Columna

El alcalde Don Maximiliano Pancho Quispe Huamaní

19 de abril de 2020

Por: Lucas Z. Granda

Siempre guardando las distancias, de un metro y medio a dos, nos proponemos iniciar nuestra vida profesional, laboral o sentimental, con mucho cuidado y cautela, simulando la habilidad que tiene un puma cuando asecha a su presa, viviendo en las pampas y praderas de la sierra profunda. Es el sentido común, nos obliga a guardar distancias para no aventurarnos a tomar la decisión equivocada o coloquialmente a patinar en alguna declaración pública ante los medios de comunicación, pero ¿qué significa tomar distancia?, frase recurrente en las formaciones escolares antes de la jornada escolar del día, pero no es la razón que se busca, también lo usan los políticos para desmarcarse en las encuestas antes de una contienda electoral y poder ocupar un cargo público. De la distancia que queremos dejar sentada aquí nos hablará Don Maximiliano Pancho Quispe Huamani.

Don Máximo, como lo conocen sus paisanos, es un comunero de cincuenta y ocho años, vive con lo poco que tiene y no pide más tampoco, tuvo tres hijos que viven en la ciudad y casi nunca lo visitan, se dedica a trabajar la tierra y a criar a su ganado, todo para autoconsumo, solo pudo estudiar hasta el nivel primario, y es el motivo que su pueblo tiene para confiar en que hay políticos honestos e íntegros que velen por los intereses del pueblo.

Es que Don Máximo llego a ser alcalde de la Municipalidad del Centro Poblado ¿Qué quieres que haga? En la provincia “Aquí no hay futuro” y de la región “Se Muere Luchando”, ubicado a 4500 m.s.n.m. en el sur del Perú. “Uno no se hace político para ganar dinero o prestigio sino por servicio, y porque los que están de autoridades no los encuentras cuando los buscas” siempre se le escucha cuando empieza un discurso en público esa frase. Es que siendo alcalde logro construir dos colegios, ampliando el nivel secundario e inicial, pensando en la educación que deben tener las y los hijos del pueblo y que ellos no tuvieron.

Implementaron una posta de salud, para que no tengan que caminar dos horas en busca de atención médica o por medicinas, el centro poblado pudo tener un establecimiento de partos para las embarazadas. Sentía que mejoraban las cosas, pero en las reuniones diarias que tenía con sus paisanos en el campo, donde pasteaban las vacas, sentía la preocupación del pueblo por el dinero, entonces con un trabajo de reflexión y sensibilización localizaron el problema, la calidad de vida que estaban teniendo, y que aumentar los ingresos podría contribuir a ello, formando asociaciones de productores de ganado vacuno y de tubérculos, estableciendo convenios con empresas privadas e incentivos con el Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI) pudieron construir una cadena de valor insertada al mercado local y provincial. Con esta demanda de recursos que importaban y exportaban, tuvieron que construir un centro de abastos, y construyeron su primer mercadito, no había mucha mano de obra, así que entre todos los pobladores pudieron levantar la infraestructura. Durante los cuatro años de gestión, estas iniciativas marcaron la vida política y pública de todo el centro poblado, enseñándoles que el pueblo no espera favores sino exige derechos.

Se mira la gestión municipal inherente al pueblo, con un liderazgo cohesionado en la figura de Don Máximo, y pensar que no tentó una reelección o postular a la provincia, ni otro cargo público, pensar que ya sirvió a su comunidad. Sin conocer de leyes, protocolos o instrumentos de planificación, logro replicar en su gestión municipal lo que la comunidad le enseño: transparencia en las acciones y bajo las condiciones del pueblo; y luchar por el progreso de su pueblo. “Conversando con un presidente de la república, hace años, que llego al centro poblado para supervisar la asociación vacuna que teníamos pude cruzar algunas palabras, un hombre grande y gordo, como los cerdos del pueblo era él. Me acuerdo que me decía, ‘Maximiliano que utópico eres, el pueblo no sabe lo que quiere.’ Sé ahora por las noticias del internet libre de banda ancha que tenemos, que hoy 17 de abril hace un año que se suicidó, bueno eso pasa cuando no tomas distancia”. Es esta última frase que ha girado la reflexión y la experiencia de Don Maximiliano. ¿Qué significa tomar distancia?

La sabiduría de lo sencillo y humilde que puede albergar una comunidad campesina o un centro poblado, es tan profundo como la filosofía platónica. Don Maximiliano, no conceptualizó nunca que era lo que significaba “tomar distancia”, pero lo ejemplifico muy bien:

  1. No hay que tenerle miedo al trabajo. Como los caballos que patean al caminar y dañan a sus compañeros revolucionarios, no hay que ponerlo al frente, sino separarlo y que cumpla otro rol.
  2. Cuando se utiliza una institución que vela por los derechos humanos, goza de la confianza de la gente y la ilusión de muchos jóvenes en los valores democráticos, es pervertida por intereses figurativos, cortoplacistas y egocentristas de una persona funcionaria pública que encabeza aquella institución, poniendo en riesgo la competencia institucional, por una satisfacción personal, hay que tomar distancia.
  3. Cuando un hermano comunero insulta mi quechua, y se aprovecha de nuestra condición de vulnerabilidad histórica para obtener el puesto de gobernador regional y pone en riesgo la vida de todo un departamento por sus conflictos personales con el presidente de la república, hay que tomar distancia.
  4. Tomar distancia no es alejarte ni mucho menos renunciar a las convicciones que inspiran tu lucha ciudadana o comunera, es un sentido amplio de tu grado valórico, código de ética y transparencia de vida. Hay que saber marcar distancia las veces que se requieran, pero priorizando siempre el colectivo.

¿De qué hay que tener distancia? De la corrupción, improvisación, oportunismo de las autoridades electas, aprovechamiento del dolor ajeno, falta de liderazgo, falta de compromiso con el pueblo, utilizar instituciones democráticos para hacer tus palestras políticas y no sobre guardar los derechos ciudadanos que se deberían de defender, deberíamos tener más Don Máximos, sobre todo  en este Estado burocratizado y jerárquico, que borra las buenas iniciativas con un “no está en la norma, no se puede ejecutar”, bueno eso no es del todo cierto, ¿no? Don Máximo.

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