Arequipa

El arequipeño que desafió a un genio

13 de septiembre de 2020

Pablo Calle Daza fue sin duda, uno de los más destacados escultores que tuvo Arequipa en el siglo pasado. Su obra más relevante, es la réplica del Diablo que forma parte del púlpito de la Catedral y que el artista bautizó con el nombre de “El Ángel Caído”. Al igual que al francés Charles Buisini, a Calle Daza le tomó unos cinco años terminarla.

Arequipa no sólo es la patria de ilustres poetas, caudillos, juristas, escritores, músicos, y pintores, sino también de artistas que alcanzaron, igualaron y superaron a grandes genios de la humanidad.

Este es el caso de Pablo Calle Daza, un fino ebanista y escultor de madera arequipeño, que desafió la maestría del francés Charles Buisini-Rigot, uno de los más grandes escultores del mundo del siglo XIX, y quien diera a luz para Arequipa, la célebre obra “El diablo de la Catedral”, que llegó en 1879.

Arturo García, un alfeñique apasionado por Arequipa e hijo del poeta loncco, Félix García Salas, nos cuenta que Pablo Calle Daza, nació en el año 1908 en el distrito de Yanahuara y estudió en el Colegio Independencia Americana, cuando éste estaba situado en los claustros de San Agustín.

“Se cuenta sobre él que era un jovencito muy talentoso y observador; ya que, después de la salida del colegio, le encantaba, a diferencia de sus compañeros, ir todos los días a la Catedral a observar la escultura del diablo de Buisini, a la que dibujaba en las hojas de sus cuadernos; y es, precisamente, cuando se propuso hacer una escultura idéntica siendo aún un estudiante”, indicó García.

Agrega, asimismo, que años más tarde, Pablo Calle Daza trabajó eficientemente -por buen tiempo- como ayudante de ebanistería de una carpintería de la Ciudad Blanca, lo que le permitió aprender y perfeccionar el oficio de tallador para luego convertirse en un fino escultor de madera.

Es así, que cuando aprendió y desarrolló su talento al máximo, decidió independizarse y poner su propia ebanistería en la calle Mercaderes, donde trabajó haciendo muebles y tallas primorosas para iglesias de la ciudad, como sillas, bancas, mesas, confesionarios, cuadros, hasta relicarios y tabernáculos.

García dice que, con sus hermosos tallados, Pablo Calle había conseguido ganar una buena fama a nivel de toda la ciudad, y por este motivo es que, en el año 1935, los hermanos del convento de la Recoleta, que en ese momento hacían restauraciones, lo fueron a buscar, pues querían que haga una obra que sólo él estaba capacitado para hacer: El púlpito para la iglesia de la Recoleta.

“Y efectivamente así fue, y al igual como sucediera a finales del siglo XIX con el púlpito de la Catedral, solicitado a los talleres de Buisini-Rigot en Francia, los hermanos recoletos le solicitaron a este ya reconocido arequipeño que realice un trabajo con el mismo acabado que el de la Iglesia de la Catedral, que era el mejor referente que había de una verdadera obra de arte”, resaltó García.

Y así sucedió. Este gran y genial escultor arequipeño, inmediatamente, se puso “manos a la obra” y mandó a traer de Iquitos el mejor cedro que hubiera para ponerse a tallar esta monumental obra, que antes sólo se podía hacer en Europa, y él la iba a realizar en Arequipa con sus propias manos.

“Según cuentan sus hijos, Pablo Calle Daza no llamó a esta obra el ‘púlpito del diablo’ sino ‘el púlpito del ángel caído’, y le tomó, al igual que a Charles Buisini, alrededor de cinco años en terminarla al 100%”, acotó.

TRABAJO VELOZ

García indica que, con esta obra, Pablo Calle se impuso una empresa sumamente difícil, que cualquiera no lo hubiera hecho en el Perú y menos en corto tiempo. “Coincidentemente, se acercaban las fiestas por el IV Centenario de la fundación española de Arequipa, lo que lo motivó tremendamente a acabar la obra maestra lo antes posible para ser inaugurada en tan magnífica fecha”, señaló.

Y cumplió su meta. El resultado fue un hermoso púlpito muy similar al que hizo Buisini el siglo pasado en Francia para la Catedral de Arequipa, con un diablo no solamente idéntico, sino con rasgos y detalles más precisos.

“La obra fue tan bien hecha que Víctor N. Benavente, invitó a talladores y carpinteros de la época para que admiraran el trabajo, y éstos opinaron que la talla había sido hecha con un molde del original de la Catedral. Esta talla fina en cedro, la hizo un verdadero genio arequipeño que nunca reveló su secreto y que se lo llevó a la tumba cuando murió en el 2001 a los 93 años”, remarcó.

DATO

Pero aquí hay una obvia pregunta que nos hacemos todos: ¿Por qué el diablo fue separado del púlpito? Si nos remontamos a 1940, cuando lo terminó, nos daremos con una ingrata noticia. García dice que, según los hermanos recoletos, el pedido fue mal interpretado.

En el contrato, ciertamente se indicaba que este púlpito tendría las mismas características que el de la Catedral, pero, que en ninguna parte, lamentablemente, se detallaba que debía incluir también la talla de lucifer; por lo que los recoletos se llevaron sólo el púlpito y le dejaron al escultor en su taller, la obra maestra de este retablo: “El diablo”, un diablo que tuvo que ser adoptado por su creador, quien terminó por llevárselo a su casa, donde es cuidado celosamente por la tercera generación de los Calle, quienes después de 80 años que se cumplen hoy, todavía lo tienen, pero como el más preciado tesoro de la familia.

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