Columna

El «Capricho» de Espinar

28 de julio de 2020
Foto: LR

Por: Carlos J. Ylla Quenaya

La provincia de Espinar, en Cusco, lleva acatando un paro indefinido desde el 15 de julio. La población tiene diferentes demandas dirigidas a la empresa minera y al propio estado. Sin embargo, el conflicto ha sido reducido por la prensa a un capricho de un grupo de pobladores que desean que se le entregue un bono de 1000 soles a cada uno. Los adjetivos “antimineros” “violentos” “vandálicos” y frases como “enemigos del progreso” no se han hecho esperar. Pero ¿en realidad estos pobladores han paralizado y bloqueado vías por un bono de 1000 soles?

Empezaré diciendo que las demandas de la población no se reducen a lo mencionado por los medios. Alguna de sus exigencias son la reformulación del Convenio Marco, la revisión del mecanismo de consulta previa en la ampliación de Antapaccay, la atención a los afectados y afectadas por metales pesados, entre otros. Precisamente, el convenio Marco es a través del cual la población desea que se les brinde este bono solidario, ya que la empresa se comprometió a entregar el 3% de sus utilidades anuales para crear un fondo, que actualmente es administrado por el Comité de Gestión del Convenio Marco. Esto no fue voluntario como afirma Antapaccay, fue el resultado de un conjunto de protestas que tenían como objetivo que la empresa asuma su responsabilidad social.

Es importante saber que antes del paro indefinido hubo reuniones. En una de ellas, el Comité Directivo del Convenio Marco acordó por mayoría aprobar el bono solidario de 1000 soles para paliar la crisis económica. La empresa se mostró en contra y manifestó a través de un comunicado que los fines del Convenio no se orientan a la entrega de dinero, es por ello que ofrece realizar obras para el desarrollo de la provincia, entregar víveres y otorgar microcréditos sin intereses para la población. Sin embargo, la desconfianza sumada a la necesidad económica debido a la pandemia ha hecho imposible los puntos de encuentro entre Glencore, el Estado y el pueblo de Espinar. ¿Esta desconfianza es inmotivada? Veamos.

Espinar lleva conviviendo con la mina 35 años. El 40% del territorio está concesionado y aquí se encuentra una de las minas más grandes del mundo que controla el 50% del mercado del cobre. Xstrata Tintaya (proyecto anterior a Antapaccay) tiene 9 multas que ascienden a más de 400 mil dólares por incumplir normas de protección ambiental. Por otro lado, la población está catalogada como altamente vulnerable. El 79% no cuenta con desagüe y más del 50% no tiene agua. Espinar es el tercer lugar con más riesgo de mortalidad infantil y el primero en mortalidad neonatal. A esto se suma que la desnutrición sigue siendo un problema mayor y la pobreza alcanza a más del 50% de la población. En el 2013 según el estudio CENSOPAS, donde se evaluó a 180 personas a través de muestras de orina, los resultados evidenciaron la presencia de arsénico, mercurio, cadmio, talio, manganeso, plomo, uranio, molibdeno y otras nueve sustancias en su sangre, lo que a la larga provoca diferentes enfermedades crónicas como diabetes, cáncer, enfermedades auto inmunes, etc. No solo eso, centenares de comuneros viven a 100 y 300 metros de los depósitos de los desechos mineros. Por si fuera poco, el Estado hasta ahora, no ha dado atención especializada a los afectados y afectadas por estos metales pesados.

Habría que añadir lo que han dejado los conflictos sociales. En estas 3 décadas han muerto 3 personas en las manifestaciones. Vidal Merma, periodista de Espinar, ha denunciado amenazas, atentados, agresiones físicas y difamación por tener una posición crítica con respecto a la actividad minera. En los últimos días se ha movilizado contingente policial hacia Espinar para contener a los manifestantes. Los centros de salud han recibido a heridos de bala y se ha denunciado la desaparición de un menor de edad, luego de que él y su padre asistiesen a las movilizaciones.

Como podemos ver, este conflicto no es tan sencillo como lo han querido hacer notar los medios de comunicación. Existen factores distintos que lo han desencadenado, el Estado ha respondido como de costumbre, reprimiendo a la población y olvidándose de la proporcionalidad de la fuerza. Detrás de todo esto, existe una presión bastante fuerte por parte del sector económico para la tan promocionada “Reactivación”. Lo que se está dejando de lado es que el virus no ha desaparecido, es más, los contagios se están incrementando. La decisión entre la economía y la salud parece ya haber sido tomada por parte del gobierno. El mensaje es claro: sálvese quien pueda. ¿De quién es el capricho entonces?

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El lavado de manos en los medios de comunicación

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