Coronavirus

EL COVID-19 Y LAS MUJERES

5 de mayo de 2020

La pandemia está exponiendo y explotando desigualdades de todo tipo, incluida la desigualdad de género.

Los primeros indicios apuntan a que el virus causante del COVID-19 supone un mayor riesgo directo para la salud de los hombres, en particular de los hombres mayores.

Por ANTÓNIO GUTERRES
SECRETARIO GENERAL DE NACIONES UNIDAS,

Pero la pandemia está exponiendo y explotando desigualdades de todo tipo, incluida la desigualdad de género. A largo plazo, sus consecuencias sobre la salud, los derechos y las libertades de las mujeres podrían perjudicarnos a todos.

Los cierres y las cuarentenas son esenciales, pero hacen que las mujeres atrapadas con parejas abusivas queden más expuestas a la violencia. En las últimas semanas se ha producido un repunte alarmante de la violencia doméstica en todo el mundo. Al mismo tiempo, se están produciendo recortes y cierres en los servicios de apoyo a las mujeres en situación de riesgo.

Pero la amenaza que plantea el COVID-19 para los derechos y libertades de las mujeres va mucho más allá de la violencia física. Es probable que la profunda recesión económica que acompañe a la pandemia tenga un rostro claramente femenino.

Las mujeres están representadas de forma desproporcionada en trabajos mal pagados o sin beneficios como el trabajo doméstico, el trabajo ocasional, la venta ambulante y los servicios de pequeña escala, como la peluquería. La Organización Internacional del Trabajo estima que solo en los próximos tres meses se perderán casi 200 millones de puestos de trabajo, muchos de ellos precisamente en esos sectores.

Justo cuando muchas mujeres están perdiendo su empleo remunerado, se están encontrando con un enorme aumento en el trabajo de cuidados debido al cierre de las escuelas, la saturación de los sistemas de salud y las mayores necesidades de las personas de edad. Y no olvidemos a las jóvenes que se han quedado sin poder acabar los estudios.

Muchos hombres también están perdiendo el empleo y tienen que conciliar exigencias a veces encontradas. Pero, incluso en el mejor de los casos, las mujeres hacen tres veces más trabajo doméstico que los hombres. Eso significa que es más probable que tengan que quedarse cuidando de los niños si las empresas vuelven a abrir mientras las escuelas permanecen cerradas, lo que retrasaría su regreso a la fuerza de trabajo remunerada.

El fuerte arraigo de las desigualdades también significa que, aunque el 70 % de los trabajadores sanitarios son mujeres, hay muchos más hombres que mujeres con responsabilidades de gestión sanitaria. Además, solo uno de cada diez dirigentes políticos de todo el mundo es mujer. Esto nos perjudica a todos. Necesitamos que haya mujeres sentadas a la mesa cuando se toman decisiones sobre esta pandemia para evitar que se cumplan las predicciones más pesimistas, como un segundo pico de contagios, escasez de mano de obra e incluso disturbios sociales.

Las mujeres que tienen poca seguridad laboral necesitan urgentemente protecciones sociales básicas, desde seguro médico hasta licencia de enfermedad con sueldo, cuidado infantil, protección de los ingresos y prestaciones de desempleo. De cara al futuro, las medidas para estimular la economía, como las transferencias en efectivo, los créditos, los préstamos y los rescates financieros, deben estar dirigidas a las mujeres, independientemente de que sean empresarias o propietarias de negocios, trabajen a tiempo completo en la economía formal o lo hagan a tiempo parcial o de manera ocasional en el sector informal.

La pandemia del COVID-19 ha dejado más claro que nunca que el trabajo doméstico no remunerado de las mujeres está subvencionando tanto los servicios públicos como los beneficios privados. Este trabajo debe tenerse en cuenta en los datos económicos y en la toma de decisiones. Todos saldremos ganando si existen mecanismos laborales que reconozcan las responsabilidades relacionadas con el cuidado de las personas y modelos económicos inclusivos que valoren el trabajo en el hogar.

DATO

Esta pandemia supone un desafío no solo para los sistemas sanitarios de todo el mundo, sino también para nuestro compromiso con la igualdad y la dignidad humana.
Si ponemos los intereses y los derechos de las mujeres en primer plano, podremos superar esta pandemia más rápidamente y construir comunidades y sociedades más equitativas y resilientes que nos beneficien a todos.

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