Arequipa

El exilio obligado de un educador por la pandemia de la COVID-19

11 de junio de 2020
Juan David Quiceno Osori, maestro que está realizando aislamento

Estuvo encerrado en su habitación casi dos meses y pasó una odisea para retornar a Arequipa.

Juan David Quiceno Osorio es un arequipeño de corazón, que el último lunes logró retornar al Perú, luego de protagonizar una serie de peripecias en el extranjero, porque cuando inició la cuarentena se encontraba estudiando un doctorado en España, un país donde la COVID-19 alcanzó increíble fuerza, dejando miles de víctimas mortales. 

Para el 31 de marzo pasado, el docente Juan David Quiceno Osorio había planificado su retorno a la ciudad de Arequipa. Sin embargo, el estado de emergencia para frenar el avance de la COVID-19 echó abajo sus planes, manteniéndolo exiliado hasta el último miércoles 03 de junio en España, país al que había viajado para estudiar un doctorado.

Juan David estuvo todo este tiempo en Pamplona (España) capacitándose en la Universidad de Navarra gracias a una beca que obtuvo, y en realidad todo iba bien hasta que se decretó el cierre de fronteras, pues tuvo que permanecer más tiempo del esperado fuera de casa. Durante todo este periodo pasó por circunstancias que jamás habría esperado.

“Estuve encerrado en mi habitación casi dos meses. Solo mantenía contacto con casi una centena de arequipeños que como yo estaban varados en España. Si pudiera retratar lo que viví, quizá recurriría al cuadro de Goya donde Cronos se devora a sus hijos, es decir, experimentando que el tiempo parece irse en un modo que no planeamos”, dice.

EL RETORNO

El último 03 de junio Juan David salió de su casa a las 15:00 horas, de Pamplona rumbo a Madrid. Fue a la estación del tren. Dice que allí nadie miraba a nadie. En el tren parecía que todos estaban asustados. Eso sí, nadie se sacaba la mascarilla. Un instrumento que cada vez se ha vuelto más esencial y distintivo.

“Todo es tenso, todo es opresivo, tiene uno la impresión que cualquiera podría contestar mal o empezar a gritar ante la menor situación incómoda. Llegué a Madrid luego de 3 horas, me dolían terriblemente las orejas. Después pensé que me faltaban 24 horas más y entonces entendí que ese dolor sería mínimo en unas horas más. La estación de trenes de Madrid, estaba casi vacía. Apenas algunas personas por aquí y por allá, todos con mascarilla y sin que nadie se detenga a mirar un cartel, a tomar un café o a pedir información. No hay sonrisas, no hay favores, solamente el ruido de los trenes”, comenta.

Esa noche la pasó en un hotelito del centro de Madrid para al día siguiente retornar en un vuelo de repatriación al Perú. Apenas el reloj marcó las cinco de la mañana, fue al aeropuerto donde la sensación de apocalipsis aumentó. El lugar estaba absolutamente vacío. Fueron unas 12 horas aproximadamente en el avión para llegar a Lima. Todas portaban mascarilla.

A su bajada, los escoltó el Ejército, les tomaron la temperatura e hicieron firmar una declaración jurada donde decía que no tenían coronavirus. Ahora permanece en un hotel, donde viene pasando la cuarentena de 14 días para retornar a Arequipa.

DATO

“Estoy aislado en un cuarto de hotel. Sin embargo, parece que todo vuelve a empezar. Mi primera acción del día: cortarme el pelo. Alzar la espada de la libertad y recordar que el tiempo en otro país es pasado y ahora comienza, con un nuevo horario, la nueva aventura por venir. Hay que recuperar el tiempo mentalmente perdido, el tiempo del aislamiento, el tiempo de la educación, el tiempo de las personas que quiero”, finalizó.

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