Arequipa

El factor libro en la independencia

28 de julio de 2019

A través del libro llegaron las ideas de la ilustración francesa que avivaron las ideas de libertad entre los criollos americanos.

Por Mario Rommel Arce Espinoza
Todos conocemos la potencialidad que encierra un libro y las enormes posibilidades de producir un cambio en nuestras vidas.

En la historiografía acerca de la independencia nacional, no hay mucho material producido sobre el factor libro. En la mayoría de publicaciones se aborda el tema de la independencia, desde el enfoque militar, destacando las batallas decisivas contra el ejército realista. También sobresale la cuestión política, con los protagonistas civiles y militares que participaron activamente en el proceso emancipador. Sin embargo, hay una ausencia en el tema del libro como vehículo de ideas.

¿Cuáles fueron los factores que decidieron a algunos criollos americanos a abrazar tempranamente la causa patriota? ¿Por qué se decidieron por el camino de la libertad? No solo fue el contexto internacional, con las noticias de la independencia norteamericana y la revolución francesa, lo que influyó en la participación de los patriotas americanos en el proceso emancipador. El factor libro jugó igualmente un rol muy importante.

Como dice el historiador norteamericano Robert Darnton, el libro fue un vehículo de ideas. Las ideas llegaron a través de los libros provenientes de Europa. Llegaron para insuflar las ideas de libertad. En ese sentido, el libro fue un factor decisivo, desde el punto de vista de las ideas, para terminar de convencer a los patriotas. Por ejemplo, se da por supuesto que las obras de Voltaire, Rousseau y Montesquieu, del periodo de la ilustración francesa, influyeron en el pensamiento revolucionario de la época. Solo se disponen de algunos datos de libros prohibidos que fueron censurados por el Tribunal de la Inquisición durante el Perú virreinal. Se ocuparon del tema el tradicionista Ricardo Palma en los “Anales de la Inquisición de Lima” (Madrid, 1897), y más recientemente el historiador peruano Pedro Guibovich Pérez.

Un libro prohibido por el “Index Librorum Prohibitorum”, establecido en el siglo XVI por el Papa Pío IV, estaba condenado a la censura eclesiástica si su contenido atentaba contra la moral cristiana o el dogma católico. Si se trataba de un libro filosófico que iba en contra del régimen imperante, era condenado por la censura laica, proveniente del Estado. En cambos casos, hubo nominalmente una limitación en la circulación de los libros, ya que varias autoridades, incluso particulares, solicitaban licencias especiales para acceder a ese tipo de obras, argumentando que para poder refutarlas necesitaban primero conocerlas.

La persona está condicionada por el universo mental que lo rodea. Y que, a la vez, gravita en la formación de sus ideas y pensamientos. Sobre el particular, Jean Paul Sartre en su libro “El idiota de la familia”, dedicado al escritor Gustavo Flaubert, acuñó la siguiente categoría: el universo particular, refiriéndose a la conexión entre el universo mental y la persona, y también a la persona y su universo mental; en ambos extremos, como propone el filósofo francés.

Este universo mental no es otro que la cosmovisión del mundo en un periodo de tiempo determinado. En el universo mental está presente el acervo cultural de una época, con todo su utillaje: libros, publicaciones periódicos, bibliotecas, sociedades literarias, que contribuyeron a la construcción del pensamiento.

Por otro lado, el imaginario social de una comunidad, de acuerdo a lo dicho por el historiador francés Michel Vovelle, en su “Introducción a la Revolución francesa” (Crítica, 2000), se caracteriza por los sueños de que se nutre una época (libertad, regeneración) y los valores que ha querido exorcizar (fanatismo, superstición).

Es el caso de los valores que representó el Antiguo Régimen, para los ilustrados franceses del siglo XVIII. Se buscó reemplazar la fe por la razón. Uno de los sueños que inspiró a los revolucionarios franceses fue consagrar el principio de libertad. Asimismo, buscó implementar la biblioteca universal, que reúna todo el conocimiento humano producido hasta ese momento. La “Enciclopedia, o Diccionario razonado de las artes y oficios”, de D’alembert y Diderot, orientó sus esfuerzos en ese sentido.

El factor libro se convierte, entonces, en otra variable para entender el proceso de la independencia, y así poder entender la recepción de las ideas de libertad en nuestro medio.

Cuenta Ricardo Palma que el clérigo arequipeño Francisco Javier de Luna Pizarro fue denunciado en Lima, en 1807, por prestar libros prohibidos. En el inventario de su biblioteca, figuraban varias obras profanas, de autores como Rousseau, Mably, Becaria Pufendorf, Grocio y Heinecio.

El libro “Derechos y deberes del ciudadano” del filósofo francés Gabriel Bonnot de Mably (1709 – 1785) fue publicado por primera vez en Francia, en 1789, en un contexto de efervescencia revolucionaria. Esa misma obra se tradujo del francés al castellano en 1812, con un prefacio de la Marquesa de Astorga, Magdalena Fernández de Córdova y Ponce de León, en otro contexto político. Esta vez del llamado primer liberalismo constitucional, entre 1810 y 1814. El propósito de la reimpresión fue respaldar la Constitución de Cádiz de 1812, que introdujo cambios sustanciales en la relación de España con sus colonias. Nuevamente, el libro fue reimpreso en Lima, en 1813, por encargo de Mariano de Rivero y Besoaín, diputado por Arequipa a las Cortes de Cádiz. Su hermano Francisco, que fue el editor, lo hizo circular por Lima y Arequipa. Se vendió a mitad de precio, porque la finalidad no era un beneficio económico, sino de incubar las ideas de libertad. En un solo año (1813) se reimprimió dos veces. La primera vez en dos tomos, con dos notas a pie de página, la segunda de las cuales hablaba de la necesidad de que circule. La segunda reimpresión limeña se hizo en un solo volumen, y con una nota al pie, donde únicamente se mencionaba el nombre del divulgador del libro.

La pregunta sería: ¿Cómo un libro recobra vigencia en el tiempo? Por dos razones: siguiendo a los especialistas Krystof Pomián y Antonio Castillo Gómez, en primer lugar, porque había una historia disponible, y en segundo lugar, porque contribuyeron a la formación de auténticos “estados de opinión”.

El libro de Mably tuvo tres historias disponibles: en 1789, en 1812 y en 1813; en tres escenarios distintos: Francia, Cádiz y Lima-Arequipa. Asimismo, contribuyó a crear estados de opinión favorable a la causa patriota, especialmente en 1813, cuando el libro cruzó el Atlántico, y sirvió para insuflar las ideas de libertad en Lima y Arequipa. De ahí que Mateo Joaquín de Cosío en su “Elogio fúnebre del señor José Gabriel Moscoso”, Intendente de Arequipa, asesinado en la revolución de Pumacahua y los hermanos Angulo en 1814, dijera que la abominable obra de Mably había perturbado la mente de sus compatriotas. El propio virrey Fernando de Abascal se refirió a las ideas de Mably como “ridículas”, de pura “charlatanería”.

Pero, ¿cómo circuló el libro de Mably en Arequipa? Hubo una red de lectores, integrada por José María Corbacho, Mariano Melgar, Mariano José de Arce, Remigio del Valle, Buenaventura Polar, entre otros. Fue en las sociedades literarias europeas del siglo XVIII, donde se hizo vida de salón, leyendo en voz alta. Allí se discutió sobre el cambio de modelo político. Su impronta en Lima fue la Sociedad Amantes del País, y en Arequipa, la tertulia literaria que se reunía cerca de aquí, en la Quinta de Tirado, ubicada en el Vallecito.

Se produjo entonces lo que el historiador francés Roger Chartier llama la recepción y apropiación del libro, una operación por la cual el lector hace suyo el texto. Después de leer, el lector ya no queda intacto, no es el mismo, hay un cambio en ciernes, que en ciertos casos, decide al lector pasar de la lexis (discurso) a la praxis (acción). Mi hipótesis es que Corbacho, Melgar y Arce leyeron el libro de Mably, y esa fue una de las razones para que abrazaran tempranamente la causa patriota. Si en ningún caso proclamaron abiertamente la lectura de libros prohibidos, es porque hubo autocensura, para evitar la persecución realista, aunque estuvieron bajo vigilancia de la autoridad colonial, por ser sospechosos de conspirar contra el régimen.

Una publicación periódica en el siglo XVIII fue el “Mercurio Peruano”, órgano de difusión de la Sociedad Amantes del País, que comenzó a circular a partir de 1790. En su primer artículo titulado “Idea General del Perú”, dijo que su objeto “(…) es hacer más conocido el país que habitamos (…)”. “La minería (sostuvo el periódico) es el principal y tal vez el único manantial de las riquezas del Perú”. Y agregó el siguiente comentario con relación a la agricultura: “Los malos y dilatados caminos, los costos del arriage (sic) y sus demoras, así como impiden la circulación interior de este reino, son obstáculos para que prospere la agricultura”.

Esta publicación periódica hizo una descripción del país, con la finalidad de dar a conocer la potencialidad de sus recursos naturales, en un contexto previo a las guerras de la independencia, fortaleciendo la idea de patria. Allí participaron entre otros colaboradores Hipólito Unanue y Jacinto Calero y Moreira.

En resumen: el libro fue un factor importante en la transmisión de las ideas, creando estados de opinión favorable a la causa patriota.

 

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