Arequipa

El futuro de la biblioteca familiar

3 de noviembre de 2019

Es un nivel de biblioteca que no ha merecido la atención de los especialistas. En mi opinión, es vital para la formación de lectores desde el hogar.

Por Mario Rommel Arce Espinoza

Llamo la atención sobre la ausencia de biblioteca familiar en los hogares. Existe una falta de interés por contar con una biblioteca en casa. Tampoco quiero generalizar. Hay familias que sí se interesan por comprar libros para ellos y sus hijos, pero cuánto representan en el universo de personas que habitan una comunidad. En las ferias de libros se aprecia la buena costumbre de comprar libros en familia; pero podríamos afirmar que en todos los hogares de Arequipa o del país existen bibliotecas bien dotadas. Creo que sería exagerado afirmarlo categóricamente. Y por qué sería importante contar con una biblioteca en casa. Cuáles son los beneficios de tener libros al alcance de todos los miembros del hogar.

La biblioteca familiar no es lo mismo que la biblioteca personal; por la naturaleza de su composición, la primera está integrada por libros de cultura general (como si fuera una biblioteca de referencia, para el caso de la biblioteca pública). En cambio, la biblioteca personal es mucho más especializada, está compuesta por libros de único interés para su propietario, y que responden a sus necesidades académicas, a sus predilecciones como lector. Lo que no quiere decir que no esté al servicio de la familia. Aunque, como repito, por su nivel de especialización podría no ser afín a todos los miembros del hogar.

Una biblioteca familiar está dotada de libros diversos, para cubrir las necesidades de niños, jóvenes y adultos. Sin duda, son libros de iniciación en los campos de la literatura, de la historia, de las ciencias, de las artes, etcétera. Por lo común, las enciclopedias formaron parte de la colección de una biblioteca familiar. Hace muchos años, se hizo común la compra de enciclopedias, para cubrir la demanda de información, que antes de la aparición de Internet, no había otro medio de acceso a la información y al conocimiento. Muchos recordarán que agentes vendedores visitaban las casas para ofrecer todo tipo de enciclopedias. Sobre todo, estaban pensadas para los escolares, pero también hubo otras colecciones para estudiantes universitarios. Y, por supuesto, para profesionales, en vista que no había otra forma de acceso masivo al conocimiento.

Las enciclopedias disponían de índices alfabéticos, temáticos, bibliográficos, topográficos, y no faltaron las remisiones, ya consagradas en la célebre enciclopedia de D’alembert y Diderot, que en su momento representó la pretensión totalizadora del conocimiento producido hasta entonces. Se hicieron más populares en el siglo XIX. Como, por ejemplo, mencionaremos a la “Enciclopedia moderna. Diccionario universal de literatura, ciencias, artes, agricultura, industria y comercio” (Madrid 1851), publicada por Francisco de Paula Mellado. La primera enciclopedia aparecida en España.
El espacio reservado para la biblioteca familiar, muchas veces cumple otros propósitos. Aquí cabe hablar del libro como elemento decorativo del hogar. Se trata de una realidad que no es ajena a nuestro entorno.

“Del libro y su mundo. Diccionario de citas”, los autores Manuel Bartolomé y María Vidal Campos opinan que el libro es un dechado de bondades. Nadie se atrevería afirmar lo contrario. Por ejemplo, el escritor francés Jean de La Bruyère (1645 – 1696), en cuanto a la lectura del libro, dijo: “Cuando una lectura os eleva el espíritu y os inspira sentimientos nobles y valientes, no busquéis otra regla para juzgar la obra: es buena y hecha por mano perita”.

Esta cita de La Bruyère corrobora la teoría del libro y la respuesta del lector, al tratar de los sentimientos que inspira la obra en el lector. Según La Bruyère, tal motivación sería suficiente para juzgar la obra como buena; por supuesto, si inspira sentimientos nobles y valientes. En su obra “Los caracteres” (primera edición, 1688), La Bruyère recomienda la lectura de los clásicos griegos. En sus obras está el conocimiento del pasado, que a la vez sería la base del conocimiento, entonces vigente. Pero también se muestra indulgente con las obras del pasado. “Tengamos (decía) para los libros antiguos la misma indulgencia que esperamos para nosotros de la posteridad (…)”.

Si el libro es todo esto y más, entonces, no puede faltar en los hogares la biblioteca familiar. Sin embargo, como ya se dijo, hay sectores de la población que consideran al libro como elemento decorativo. En las revistas especializadas en decoración de interiores, se aprecia que el estante ubicado en la sala luce algunos libros y otros adornos, como portarretratos, tal vez un florero o algo similar. Igual imagen se repite en el espacio dedicado a la biblioteca, donde sobresalen las enciclopedias o las obras de colección.

Haciendo una lectura de lo mismo, Manuel Bartolomé y María Vidal Campos, dicen: “Opinan que una casa queda mucho más aparente si los volúmenes colocados con esmero sumo en la estantería hacen juego con el mobiliario, los bibelots, las reproducciones de cuadros de Dalí y el empapelado o la pintura de las paredes”. Suena frívolo, pero es real. El libro merece su lugar, y es más importante que cualquier adorno. El libro no es un elemento decorativo del hogar, es una herramienta de trabajo, una fuente de conocimiento, que está a la espera de nosotros. Un libro abierto es una oportunidad de cambio, un libro cerrado en la estantería del hogar o la biblioteca pública es una oportunidad perdida.

Siempre he dicho que el libro es el mejor amigo del hombre, un aliado estratégico para hacer frente a los retos del presente, para superarnos en la vida, para poder desarrollarnos en la vida cotidiana y profesional.
La biblioteca familiar es el primer nivel de biblioteca que conocemos. Es cierto, no hay un mandato que obligue a contar con una de ellas en el hogar. Más bien, es una decisión voluntaria contribuir a formar la biblioteca en casa, para beneficio de todos sus integrantes.

La biblioteca familiar por ser de referencia debe satisfacer las inquietudes de todos los miembros del hogar. En ese sentido, debería contar con libros de literatura infantil, enciclopedias, diccionarios, obras literarias, sobre arte y ciencias. Alguien me reprochará que la Internet ha superado el tradicional rincón del estante con libros, y que ahora ha sido reemplazado por el lugar privilegio del computador en la casa. En la era digital, hay que reconocer que se trata de una herramienta potente, hoy en día imprescindible en la vida cotidiana. Sin embargo, tampoco se puede dejar de reconocer que la biblioteca física es igualmente importante en la formación de lectores desde el hogar.

Es paradójico, para nuestra realidad, la existencia de un analfabetismo funcional, de personas que aprendieron a leer, pero que no leen. Y, sin embargo, la tecnología ha rebasado las formas tradicionales de acceso a la información. Si antes se recurría a la biblioteca física para leer, investigar o hacer consultas puntuales, ahora la biblioteca virtual llamada Wikipedia ha cubierto esa función. Si antes había que desplazarse a la biblioteca física para leer un libro impreso, ahora, haciendo uso del celular, se cuenta con información en línea, desde cualquier lugar. En ambos casos, todavía no ha desaparecido la capacidad del lector para seleccionar la calidad de la información. Se requiere aprender a reconocer los contenidos validados o no.

En el Perú hay una serie de estrategias encaminadas a promover el hábito de la lectura, ya sea institucionales o como iniciativas particulares. En promedio el peruano lee dos o tres libros al año. Es un muy bajo con relación a otros países de la región. El plan lector en las escuelas es un muy significativo, a fin de fortalecer el hábito de la lectura. Pero, así como no hay bibliotecas familiares, tampoco hay bibliotecas escolares. Hablo en sentido general. En muchas escuelas que he tenido la ocasión de visitar, lamentablemente no había biblioteca escolar. Siguiendo con este razonamiento, me pregunto dónde el estudiante podrá encontrar la información que requiere para complementar sus estudios o hacer sus tareas, si no hay biblioteca familiar, tampoco biblioteca escolar, menos biblioteca pública. Si no hay Internet en casa tendrá que ir a la cabina de Internet. La conectividad de Internet en el país ha sido más rápida que abrir una biblioteca pública. Es una gran paradoja. Una deuda social, camino al bicentenario.

La biblioteca de hoy, lo he dicho muchas veces, es de naturaleza híbrida, porque combina la tradición (representada por el libro de soporte impreso) con la modernidad (representada por el libro de soporte magnético). Su existencia en una comunidad contribuye a alejar a los niños y jóvenes del pandillaje. Es, por el contrario, una oportunidad para elevar los niveles socioculturales de los vecinos. En ese sentido, es una política inclusiva, para integrar a la comunidad por medio de la cultura, poniendo en valor las expresiones artísticas del lugar. Y, asimismo, tengan la oportunidad los escritores y profesionales de la zona para que den a conocer sus producciones intelectuales.

Hace un año asistí a la reapertura de la biblioteca del distrito de Ayo, en la provincia de Castilla. También participé en la inauguración de la biblioteca de Orcopampa, y estuve en la reapertura de la biblioteca de Puyca. También apoyé a la inauguración de la biblioteca pública de Pinchollo, en la provincia de Caylloma. Con el cambio de autoridades en esas jurisdicciones, me pregunto si esas bibliotecas siguen funcionando, o acaso han sufrido la falta de continuidad política en materia bibliotecaria. Invoco a los alcaldes municipales para que sean los líderes de la biblioteca pública en sus distritos, a que hagan de la biblioteca pública un eje de trabajo al servicio de la comunidad. En cuanto a la biblioteca familiar, invoco a los padres de familia para que inviertan en comprar libros para ellos y sus hijos.

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