Arequipa

El hábitat de los libros

12 de agosto de 2019

La biblioteca es el hábitat de los libros, donde el lector encuentra la respuesta a sus dudas y, después de leer, sale fortalecido.

Por Mario Rommel Arce Espinoza

Ir a la biblioteca es tener un encuentro con la cultura escrita, y al mismo tiempo tener la posibilidad de sumergirse en un universo de conocimiento representado por el libro. La biblioteca como tal es un espacio propicio para la reflexión, motivado por la presencia de los libros, que estimulan el entendimiento de las personas, abriendo un universo hasta entonces desconocido. Así de estimulante puede ser la experiencia de los libros en la biblioteca pública. El solo hecho de apreciar los libros es un encuentro con lo desconocido. Cada estantería guarda una sorpresa para el lector, cuando de pronto descubre títulos inimaginables a su conocimiento. Se vive una sensación de extrañeza ante la enorme cantidad de libros que atesora una biblioteca. Es el universo del conocimiento que rodea al lector lo que abruma su existencia. Cuánto por leer o revisar siquiera.

Como bien dijo el escritor italiano Umberto Eco (1932 – 2016), “en la biblioteca la búsqueda no se sacia, se profundiza”. Es la aventura del conocimiento lo que lleva al lector a las entrañas de la biblioteca en búsqueda de información. El inicio de un emprendimiento académico tendrá como base los libros de la biblioteca pública. Será una de las fuentes de consulta para cualquier investigador.

En determinada época el fichero era el sistema de búsqueda de los libros. La ficha era la partida de nacimiento del libro, con la descripción de sus datos: el autor, el título de la obra, el código asignado, de acuerdo a la clasificación decimal Dewey, el año de publicación, editorial, número de páginas. El catálogo electrónico es ahora la más moderna herramienta de búsqueda. Desde cualquier destino, el lector podría consultar el catálogo en línea, para conocer los fondos de la biblioteca.

La biblioteca ha cumplido a lo largo de su historia con diversas funciones, como lo precisó Umberto Eco en una conferencia pronunciada el 10 de marzo de 1981. En sus orígenes, la biblioteca de Asurbanipal limitó sus funciones a recoger los rollos desperdigados. Después cumplió una función de atesoramiento de los rollos que eran muy caros. Durante la época de la biblioteca conventual, el libro manuscrito fue transcrito por los monjes, sirviendo el espacio de la biblioteca de zona de paso de los libros. Ya en la época de los emperadores Augusto y Constantino, la biblioteca también tuvo la función de hacer leer. Como hasta ahora, con el agregado que la biblioteca de hoy, no solo es un lugar para leer, es también un centro cultural, un espacio vivo, donde el usuario tiene la posibilidad de participar en las actividades culturales de la biblioteca, haciendo uso de otros servicios complementarios a la lectura en sala, como es el acceso a la sala de cómputo, donde el usuario podrá encontrar bibliotecas virtuales de acceso libre y una enorme cantidad de información, propio de la era digital.

Para la época en que Umberto Eco pronunció su conferencia, planteó como una problemática de la biblioteca la aparición de la xerocultura. Es decir, la creciente costumbre de fotocopiar los libros para uso particular, y con fines educativos. Como sabemos, está prohibido fotocopiar el íntegro de un libro, en salvaguarda de los derechos de autor. Sin embargo, entre los estudiantes universitarios, se popularizó la costumbre de fotocopiar libros enteros, que muchas veces no se leían, como precisó Umberto Eco. A esto el escritor portugués denominó la “neurosis de la fotocopia”.

Sobre el particular, estableció una diferencia entre la xerocultura y la época anterior a la fotocopia, cuando el estudiante elaboraba fichas a mano en las enormes salas de lectura de la biblioteca. Pero también habría que precisar que la tecnología ha facilitado mucho el trabajo de investigación. Ahora, con el uso del celular o de modernos escáneres portátiles, es posible almacenar gran cantidad de información en la memoria de cualquier aparato electrónico. Sin embargo, Eco puntualizaba que elaborar las fichas a mano requería el ejercicio de un doble trabajo: por un lado, leer, y por otro lado, resumir la información leída. Situación que no se presentaba con la xerocultura. “Con la neurosis de la fotocopia (decía Umberto Eco) existe el riesgo de que se pierdan días enteros en la biblioteca fotocopiando libros que nunca serán leídos”.

Cabe destacar que el hábitat del libro ha ido cambiando con el tiempo. De ser un lugar con estantería cerrada, de acceso solo al personal bibliotecario, se pasó a la estantería abierta, donde el lector directamente coge el libro de su interés. Como bien decía Eco, ir a la biblioteca supone navegar por lo desconocido, sin perder la capacidad de asombro, a diferencia de ir a la biblioteca con el título del libro, como si fuera un acto preconcebido.

La biblioteca es una invitación a lo desconocido, que asombra cuando el lector tiene acceso directo a los libros, y a la infinidad de títulos que no dejan de sorprender, incluso al lector más entrenado. Solo entonces una persona es capaz de valorar los alcances del conocimiento humano producido, desde los tiempos del rollo de pergamino. Y a propósito de esto, en el medioevo fueron reutilizados, como si fueran palimpsestos, para la escritura de textos místicos.

Cuenta Eco que “las propias bibliotecas han sido lugares de destrucción sistemática de libros”. La reutilización del pergamino, por ejemplo, hizo desaparecer textos de mucho valor para las ciencias y las letras. “Se perdió de este modo la única copia que quedaba del ruralibus de Septimio Sereno, un elaborado poema de la época de Adriano”, afirma Antonio Bernat Vistarini en la presentación del ensayo “De bibliotheca” de Umberto Eco.

El ensayista italiano, Eco, sostuvo que usar la biblioteca “es a veces un arte sutil”, porque no se trata solamente de ir a la biblioteca. Cuando el profesor indica a sus estudiantes que vayan a la biblioteca, para poder realizar una tarea, se requiere una previa preparación, a fin de hacer un buen uso de sus servicios. Por ejemplo, cómo usar los ficheros, o también cómo usar el catálogo electrónico. La clasificación de los libros por materias es muy importante para la ubicación del libro. En la Biblioteca Pública Municipal de Arequipa, antiguamente se ordenaban los libros por estantería y anaquel. Y esta era la forma correcta de ubicarlos. En cambio, con la clasificación decimal Dewey, el libro tiene un código. Y ahora se le agrupa por materias. Pero también existe otro criterio de ordenación, que sería agrupar los libros por colecciones o también por autor. Esta organización de los libros tiene la ventaja de encontrar en un solo lugar las obras del autor y todo lo que se ha escrito sobre él.

En “El orden de los libros” (edición conmemorativa, Barcelona 2017), el historiador francés Roger Chartier hace un repaso histórico de la relación entre el autor y su obra. Se ocupa también de las prácticas de la lectura, el sueño de la biblioteca universal, la definición del libro. Antes y después de la imprenta hubo un orden de los libros que progresivamente se ha ido adaptando a los nuevos tiempos. Hubo un orden cuando estuvo vigente la lectura en voz alta. Después de la imprenta, cambió ese orden por la lectura silenciosa. Se produce, entonces, el aislamiento del lector en la biblioteca privada, pero también ocurre lo mismo en la biblioteca pública. Como afirma el historiador francés Michel de Certeau, citado por Roger Chartier, “la lectura se ha vuelto, desde hace tres siglos, un gesto del ojo”.

En el hábitat del libro, predominó por mucho tiempo la estantería cerrada, luego se optó por la estantería abierta, con la finalidad de que el lector, con más libertad, explore los anaqueles de la biblioteca. En cuanto al sueño de la biblioteca universal, no pasó de un anhelo. En palabras de Antonio Bernat Vistarini, “siempre está incompleta, ampliable e inmadura (si no fuera así, sería un triste museo)”. De este modo, una biblioteca con pocos o muchos libros es igualmente relevante, trascendente para la comunidad.
La biblioteca como instrumento es otro reto de los tiempos de hoy. El libro cumple un rol fundamental en el desarrollo de los pueblos. Solo él garantiza un desarrollo sostenible. Estoy hablando de conocimiento, educación y cultura, cuya vía de acceso son los libros. En ese sentido, la biblioteca ofrece a la comunidad la posibilidad de avanzar en su crecimiento, fortaleciendo la ciudadanía, nutriendo a sus habitantes con ideas y pensamientos, capaces de transformar la sociedad para el bienestar común.

El ensayista argentino Jorge Luis Borges, citado por Umberto Eco, concibió un modelo de biblioteca donde el lector encuentre la felicidad, propuso una biblioteca viva, alegre, que incluya el capuccino y el flirteo, donde florezca una pasión en medio de los libros. Para lograrlo se requiere que la biblioteca sea accesible, amigable, desde todo punto de vista.

Eco se preguntaba al respecto si la utopía se convertiría en realidad. Creo que sí, las bibliotecas de hoy son algo más que un almacén de libros o un repositorio digital, son un espacio para el debate de las ideas, un lugar para exponer las diversas manifestaciones culturales de un pueblo, la expresión más auténtica de la idiosincrasia de una sociedad, un lugar de memoria que atesora libros procedentes de distintas épocas, escritos en diferentes idiomas.

Finalmente, debo decir que el hábitat del libro requiere conservar un espacio propio, para crear la atmósfera propicia a la aventura del conocimiento.

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