Arequipa

El hábito morado es una cuestión de fe

3 de octubre de 2020
Hoy los fieles deben ingresar con mascarilla para orar por El señor de los milagros.

Después de 70 años, el Señor de los Milagros no recorrerá las calles de Arequipa, poniendo en pausa la multitudinaria procesión de devotos que viven en esperanza del milagro pedido.

Conozcamos esta fiesta de fe que se lleva en el corazón y en la memoria de una longeva mujer que ora al pie del morenito milagroso.

Por: Mariela Zuni M.

Cuando era niña Lorenza Mamani Ticona concibió una vida dedicada al Señor. Su padre y sobre todo su madre habían inculcado una formación religiosa estricta a ella y sus hermanos. Contempló entonces que vestiría los hábitos de alguna congregación religiosa.

“Mi abuelito era sacristán en Juliaca y éramos 8 hermanos, quería llevarnos a una de nosotras al convento para que seamos madrecitas, pero mis padres no nos enviaron. Después mi abuelito murió y así nos quedamos”, comentó.

Con la madurez vino el amor y sus votos quedaron en suspenso. Cuando el fruto de su vientre tuvo tres años aproximadamente, era octubre y la imagen del Señor de Los Milagros recorrió la calle San Camilo donde trabajaba vendiendo. Entonces se encontraba mal de salud y decidió pedir con toda devoción un favor divino.

Tiempo después se recuperó y en agradecimiento a ese milagro retomó sus votos de fe consagrando su vida a Cristo. Su compromiso fue inmenso e ingresó a la Hermandad Del Señor De Los Milagros en Arequipa. Hasta el día de hoy, a la edad de 89 años, no hay octubre sin vestir el hábito morado.

“El señor me ha sanado. Cuando me operaron caí mal, me agachaba y quería caer. Cuando presencié la primera procesión del Señor, yo estaba trabajando en la calle y recuerdo que mi hijo mayor estaba chiquito. Después de pedir con mucha fe me sanó”, recordó.

Este año, el encuentro con el milagroso tardó un poco. El temor del contagio del virus no permitió que saliera el 1 de octubre. Fue al día siguiente, con la seguridad de que había muy poca gente en el Templo de San Agustín, que su nieta, a capricho de doña Lorenzana, rompió la estricta cuarentena de 200 días.

“Ayer no ha podido venir por su salud. Todos los años salía sola para la procesión y la misa por el compromiso que tiene con la hermandad y el hábito morado. Ahora ya no puede caminar bien, pero aun así ahora se salió sola de la casa indicando que vendría al templo para confesarse y ver unos minutos al Señor”, manifestó la nieta de Lorencita, como le dicen de cariño los miembros de la hermandad.

A paso lento, fuera del compás de los tiempos actuales, Lorenza caminó hasta la vieja casa del Señor de Los Milagros. Las rejas estaban cerradas, y solo contempló a lo lejos la imagen que aguardaba por ella.

Como mujer de fe, tenía que aprovechar su primera salida para confesarse. Limpia de pecados ingresó al templo entregándose en una plegaria. Las lágrimas brotaron de sus ojos llevándose el temor y la preocupación.

El peso de los años fue aliviado por la oración; esa conversación sincera que cada mañana le da la fuerza para ponerse de pie y continuar disfrutando de la vida junto a sus hijos y nietos a quienes hereda esta devoción morada.

“No quisiera dejarlo. A él me encomiendo y por él me levanto de la cama y comienzo a caminar con fuerza, él me ayuda. Al dormir hago mi oración y en la mañana también, así pido por toda mi familia, mis tres hijos, nietos y biznietos”, dijo.

HISTORIA DE FE

La fe que profesa Lorenza por el Cristo moreno, se remonta en Arequipa a 1936 en un vitral de la iglesia La Recoleta. Después vendrían Santa Marta y San Agustín, luego Mariano Melgar y Tahuaycani, hasta estar presente en todos los templos de la ciudad.

En 1949 en la iglesia de Santa Marta, las damas nobles de la ciudad veneraban un lienzo del Señor de los Milagros. Un año después, el párroco Feliciano Muñoz, expresó su deseo por que se formara la hermandad y que se venerara el lienzo del Cristo de Pachacamilla en Arequipa. El arzobispo de la época, Monseñor Leonardo Rodríguez Ballón que había viajado a Roma encomendó a la hermana María de Portacheli Amézquita que pintara un lienzo de la réplica exacta de la imagen guardada en la iglesia de Las Nazarenas. Al retornar al país encontró el lienzo culminado el cual llegó a la Iglesia de San Agustín, al igual que la imagen de Nuestra Señora de La Nube, festejada el 8 de octubre.

La Hermandad del Señor de los Milagros del Templo de San Agustín se fundó el 16 de noviembre de 1950 por distinguidas damas arequipeñas. Teresa de Balarezo fue la primera y última presidenta de la organización. Luego los esposos se integraron y asumieron la cabeza de la hermandad.

La primera misa con la imagen del Señor de los Milagros en el templo de San Agustín tuvo apenas cuatro asistentes, poco a poco la fe fue creciendo hasta ser una de las fiestas religiosas más masivas de la ciudad.

La fe y devoción al Señor de Los Milagros se renueva cada año en el mes de octubre a través de las personas. El 28 de octubre es el día central de la celebración donde los fieles piden perdón y suplican la bendición.

Con el repique de campanas del templo San Agustín, el 1 de octubre del presente, se anunció el inicio de las festividades por el mes morado. Una celebración que por la pandemia será multitudinaria desde el corazón, con la esperanza de mejores vientos para el país y el mundo.

DATO

Las procesiones fueron suspendidas y solo se permite el ingreso controlado de los fieles al templo en el horario de 9:00 a 13:00 horas. Las misas, rezos del rosario y actividades son transmitidas virtualmente por el Facebook oficial de la hermandad.

Octubre, el mes morado.

 

Rosarios, color morados.

 

Hay que esperar para ingresar a la iglesia.

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