Arequipa

El largo camino para llegar a la gloria

15 de septiembre de 2019

Es la tarde del 29 de agosto y Juana Noemí Vásquez Molina acaba de ganar la medalla de bronce en el deporte de parapowerlifting de los Juegos Parapanamericanos Lima 2019. Está sentada en una silla de ruedas. Uno de los organizadores del evento se acerca, le coloca la presea lograda y una estatuilla del Cuchimilco, la mascota de la cita deportiva.
Ella los recibe, sonríe, da un respiro y se le salen unas lágrimas de la emoción que la embarga. Es la felicidad total. El premio que cualquier deportista espera lograr en su vida y ella lo hizo. Está contenta. Ha alcanzado la gloria. Pero no fue fácil. El camino fue largo y duro, y esta es su historia.

Por: Gustavo Callapiña D.

La selva peruana. Puerto Maldonado. Década de 1970, Noemí Vásquez tiene apenas dos años y su mamá Guillermina Molina advierte que su pequeña hija no tiene fuerza en los pies para poder caminar. Preocupada fueron a un centro médico. “Su hija tiene poliomielitis” fue el diagnóstico. Mamá, papá e hija, viajaron a Lima en busca de una solución. Tiempo después, por diversos motivos, decidieron regresar. La situación económica familiar y del lugar no era de las mejores. A falta de una silla de ruedas en la que pueda transportarse debido a su enfermedad, sus padres la llevaban en hombros hasta la escuela. El tiempo pasaba, Noemí ya era casi una quinceañera y la situación se complicaba. En el lugar no había muchas opciones para una calidad de vida. Un día cualquiera, el doctor que atendía a su hija le dijo a doña Guillermina: “Por la salud de su hija, escoja entre Cusco y Arequipa. Allí va a recibir un buen tratamiento y va a poder mejorar”. No lo pensó mucho. Por los hijos los padres hacen hasta lo imposible, y se vino a la Ciudad Blanca.

Es el miércoles 11 de setiembre y estamos en la Plaza de Armas de la ciudad que acogió a la familia Vásquez – Molina. Noemí acaba de retornar de Lima, luego de más de seis meses de preparación que le sirvió para llevarse el bronce en el parapowerlifting (deporte de levantamiento de pesas practicado por personas con discapacidad física). Sentada al frente del Portal de San Agustín junto a su madre Guillermina y su Hijo Rony, ella recuerda cómo llegó al mundo del deporte, cuando pensar ello, con una discapacidad a cuestas, parecía, por decirlo menos, algo muy complicado y difícil.

“Apenas llegamos a Arequipa, mi papá se preocupaba por conseguir una silla de ruedas y después de conseguirla, quería que me relacione con las personas. Mi mundo era solo mi colegio y mi familia. Él quería que tenga amigos, que sea más sociable con las personas”. Fue este el detalle. Esa decisión fue quizá lo que cambió su vida, pues en ese intento de relacionarse con los demás, llegaron hasta la Fraternidad Cristiana para personas con Discapacidad.

Lo que vieron, para ellos, papá, mamá e hija, fue impresionante, nunca antes lo habían visto. Personas con discapacidad se mostraban alegres y felices ante la vida.

“Fue muy motivador, mis papás nunca antes vieron lo que hacían estas personas, que podían bailar, que podían jugar, y trabajar. Fue un cambio de vida porque había personas con discapacidades severas que vivían y sentían el hecho de festejar por ejemplo un cumpleaños y lo hacían con el alma”, relata la hoy medallista peruana.

DÉJENLA VOLAR

Sonia Gómez y la hermana Simona, dos de las integrantes de dicha fraternidad, le pidieron algo a sus papás. “Ella tiene que salir, ustedes como papás no tienen que estar muy al pendiente, porque ¿Qué va ser de ella cuando ustedes no estén? ¿Cómo se va a desarrollar?”.

Así pues, decidieron dejarla volar. Ser más libre y dejarla hacer lo que ella más quisiera. En ese trajín, uno de sus compañeros de la fraternidad, Jorge del Sante, el más atrevido del grupo, la invitó a participar en una carrera de atletismo.

“Como mi papá quería que yo me supere, y me integre más a la sociedad fuimos. La carrera fue en el distrito de Yura. Fue mi primera carrera y llegué en el primer puesto. Creo que fue por todas esas ganas que tenía escondidas y guardadas en mi ser porque en mi colegio cuando hacían educación física nunca me dejaban participar”, cuenta Noemí. Ese fue su inicio como deportista. Allí cambió todo. Inició a meterse más en esta actividad y a la par a practicar el básquet. Añadió este deporte a su pasión inicial por el atletismo por el desarrollo propio del juego que le permitía practicar el compañerismo y el juego en equipo a diferencia del otro que es uno más personal.

Fueron más de 12 años, los que practicó el básquet y pudieron ser campeones a nivel nacional, y en diferentes campeonatos. Hasta que un día su atrevimiento no pudo más y decidió incursionar en un deporte nuevo: el levantamiento de pesas, como era conocido por esos años de 1990.

EL INICIO EN EL PARAPOWERLIFTING

Fue por marcar la diferencia. Así define Noemí su inicio en este deporte. Era el año 1997, y en Arequipa se celebraba los Juegos Bolivarianos. Allí vio la práctica del levantamiento de pesas y le gustó.

Decidió practicarlo. Bajaba desde su casa en la zona de Miguel Grau, en el distrito de Paucarpata hasta la avenida Estados Unidos en José Luis Bustamante y Rivero.

“El gimnasio quedaba en un tercer piso, y mi entrenador me cargaba para poder llegar”. Allí se dio cuenta de la perseverancia y fortaleza que debía tener para ser la mejor. Si llegaba dos minutos tarde a su lugar de entrenamiento, se tenía que regresar a su casa. “Hija, si quieres ser la mejor, tienes que ser puntual también”, le decía su instructor.

Una complicación en su salud, la obligó a parar en sus entrenamientos. En el 2013, regresó a la cancha para seguir practicando el básquet, y un año después, ya restablecida completamente al parapowerlifting.

En este deporte ha salido campeona nacional en cuatro oportunidades y en los Parapanamericanos de este año, de los cuatro peruanos que participaron en esta disciplina, Noemí ha sido la única mujer del equipo.

SU FORTALEZA EN CRISTO

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” se lee en su estado personal de Whatssap de Noemí Vásquez. Ella, creyente desde muy joven, ha convertido su religión en un apoyo de vida y de soporte emocional. De los dos hermanos que tiene, uno de ellos, el menor, sufre de esquizofrenia. Si bien, recibe un tratamiento médico, con pastillas para dicho mal, en varias ocasiones ha tenido que resistir las reacciones violentas de su hermano.

«Había momentos en los que tuve que perfeccionar mi fortaleza en Cristo, porque de tanto que lo atiendes, lo acudes, y que te responda con palabras soeces, ocasionaba un poco cólera en mí, y apoyarme en Dios», relata.
Sentado al frente de ella está Rony Rojas, su único hijo, y quien es una de sus fortalezas de su vida para seguir adelante.

“Lo que más rescato de ella es que siempre es luchadora, y perseverante en lo que hace”, nos dice un poco nervioso por ser parte de esta historia.

EL TRABAJO Y LA DESPEDIDA

Junto a su madre, Noemí es el único sustento de su familia, por ello, en el 2013 decidió postular a una convocatoria laboral convocada para personas con discapacidad de la Municipalidad Provincial de Arequipa. Era la época en la que Alfredo Zegarra era el burgomaestre de la Ciudad Blanca, y Marcos Hinojosa, el subgerente de Seguridad Ciudadana. Trabajó 2 años y 8 meses en este puesto, cuidando la calle Mercaderes y la Plaza de Armas.

Después de ello, fue, nos dice, despedida injustamente por Hinojosa, pero decidió mirar al futuro, a sus metas y proyectos como deportista. Y llegó. A inicios de este año recibió un llamado de la Asociación Nacional Paralímpica del Perú para irse a entrenar a Lima con miras a Lima 2019. El IDP acepto el pedido y se fue.

Después vino la rigurosidad del entrenamiento, las dietas, la preparación física y psicológica que dieron sus resultados. Participó en la prueba de 50 kilos de parapowerlitting. Este es un deporte muy poco conocido por la mayoría de personas que consiste en combinar la técnica con el levantamiento de pesas.

Vásquez levantó 40 kilos que le permitieron hacerse con el bronce, después de la brasileña María Luzineide que se llevó el oro al alzar 88 kilos, y la mexicana Mayra Hernández, quien levantó 83 kilos, y se llevó la medalla de plata.

Han pasado poco más de dos semanas desde aquel día en el que logró su sueño, su meta. Todos buscan el oro, pero lo más importante en una competencia deportiva es lograr una medalla, eso ya es un reconocimiento y Noemí Vásquez, lo ha logrado.

En Arequipa, el sol se aleja, y la noche hace su entrada, Noemí junto a su hijo Rony y su mamá Guillermina tienen que ir a pasear y pasar más tiempo juntos. Toca la sesión de fotos, y uno de sus compañeros con los que antes trabajaba en Seguridad Ciudadana del municipio provincial se le acerca. La han visto por las cámaras de seguridad del Cercado y quieren tomarse una foto con ella. Ingresa al palacio municipal de la Plaza de Armas y la reciben con abrazos y mucho cariño. Clic. Clic. Las fotos y la emoción del momento son indescriptibles. Noemí Vásquez Molina ha tenido un largo camino para llegar a la gloria.

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