Arequipa

El lujo de contar con un vestido bordado del Colca

27 de septiembre de 2018

En algunas calles céntricas de la ciudad se ve a vendedoras de tunas vistiendo trajes muy coloridos y llamativos, característicos del Colca. Lo que muchos ignoran es que estos trajes son altamente costosos y que no muchos tendrían la posibilidad de lucir uno de ellos, pero aun en forma diaria y menos para vender de forma ambulatoria.

Una parada, la más sencilla, puede costar 800 soles y la más cara que utilizan en ceremonias especiales como los matrimonios, supera fácilmente los dos mil soles. “Cuesta caro porque es arte, porque todo lo hacemos a mano, no seguimos un patrón computarizado, todo el diseño lo tenemos en la mente”, dice uno de los bordadores que mostraba su arte en la Plaza Mayor.

Generalmente los diseños están referidos a la flora, fauna, vida silvestre, las costumbres y son muy coloridos, de acuerdo al pedido del cliente. Se puede hacer en finas gasas, con pedrerías o hilos brillantes de colores, de acuerdo a la ocasión.

Según los tejedores más antiguos, las máquinas de coser Singer y de otras marcas llegaron al valle del Colca en la década de 1940, siendo las primeras de manivela y luego de pedal. La máquina de coser a manivela permitía maniobrar con una sola mano, la de pedales permitía el uso de las dos manos y la máquina a motor les da mayor rapidez.

Hoy, con la máquina de coser semi – industrial han conseguido mayor rapidez, con implementos que permiten al bordador usar hilos de lana o de algodón, como industriales. La máquina de coser, sumada a la habilidad y memoria del artesano en el manejo de la tela bajo la aguja de la máquina, permite el desarrollo de los maravillosos bordados en los trajes femeninos.

Los artesanos desarrollan su trabajo a pulso y tienen los diseños aprendidos de memoria, pues la figura bordada va directamente a la tela sin previa señalización de un lápiz, explica el historiador Ignacio Noa.

Para iniciar el bordado prepara la máquina de coser, a la cual le extraen el prensatela (“patita”), para tener la facilidad de maniobrar la tela en la dirección que desee bordarla. Los collagua preparan su máquina con un solo hilo, el color puede variar según la lana que va al medio. El bordador guía la lana en la tela y lo cosido, así continúa bordando el diseño que desea como rellenando los dibujos con hilos de otros colores.

Los cabanas utilizan hilos de variados colores tanto en sus trajes como en sus sombreros; primero realizan el bordado matriz de color blanco, utilizando dos hilos en la parte que resalta el bordado y, en la parte inferior, un solo hilo que presiona los dos hilos superiores. Una vez que terminan de bordar con hilo blanco, prosiguen con rellenar el diseño con otros colores, dando forma a las figuras. Esta técnica se aprecia con mayor claridad en sus sombreros.

Las mujeres collagua visten con dos polleras bordadas con lana, una superpuesta a la otra, la pollera interior está cargada de bordados, mientras que la superior tiene menos diseños. En sus prendas predominan los colores rojo, azul y verde. Algunos bordadores hacen primero las uñachas o las orlas en los ribetes o cantos. La blusa es de tela delgada, bordada en los puños y el pecho. Los sacos y corpiños son de tela gruesa, con bordados multicolores en el pecho, en la espalda y en los puños. Se usa también una faja de tela bordada. La complementan con un sombrero de paja adornado con grecas.

Las cabanas tienen una pollera bordada con hilos de colores. La blusa presenta también en los puños y el pecho bordados. El corpiño tiene bordados en el pecho y espalda. El traje femenino cabana se distingue del traje collagua principalmente por el sombrero, el de la mujer cabana es de paño de fieltro prensado, profusamente bordado hasta en las alas o falditas, mientras que el sombrero de la mujer collagua es de paja pintada de blanco y está adornado con una cinta grecas y rosones de encaje.

DATO
En el mes de agosto estos bordados fueron declarados Patrimonio Cultural de la Nación y con motivo de celebrar el Día Internacional del Turismo, Autocolca ha programado una exposición que nadie debería perderse en el Centro Cultural Chávez de la Rosa.

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