Arequipa

El partido que hizo llorar a Man Bok Park

29 de septiembre de 2019

Frente a Rusia íbamos ganando dos sets a cero, y el tercero estuvimos 12 a 6, pero nadie se explica qué pasó o qué tuvo qué suceder para que las rusas reaccionaran y ganaran ese partido. Man Bok Park lloró por esa derrota.

Por Christiaan Lecarnaqué Linares
No es fácil ver el partido en que Perú perdió ante Unión Soviética la medalla de oro en Seúl 1988. Recordar es volver a vivir, y revivir ese encuentro hoy inmortalizado en Youtube trae de vuelta esa frustración. Si el hincha del vóley se siente así, imagínese las jugadoras; el director técnico. Ese “casi” deportivo, motivo suficiente de orgullo para el hincha nacional, hizo llorar a Man Bok Park.

El jueves, la Comisión de Constitución del Congreso de la República pisó el acelerador para archivar el proyecto de adelanto de elecciones al 2020, propuesto por el presidente, Martin Vizcarra. En redes sociales se especulaba sobre la respuesta del gobierno a la atrevida jugada del Parlamento, cuando se confirmó la muerte de Man Bok Park. Cuarenta y cinco años después de pisar tierras incaicas, 31 años luego de pugnar por esa dorada inalcanzable, el coreano, el entrenador que nos llevó a muchas finales sudamericanas, panamericanas, mundiales y olímpicas, falleció.
Los hinchas del vóley lamentamos su muerte. A los políticos ni les importó.

Su pelea de niños era más importante que subrayar el legado del disciplinado entrenador extranjero. Las olímpicas dedicaron lágrimas y palabras a esta tragedia. Los amantes de la net alta se volcaron a Youtube para una vez más testimoniar aquellos partidos de Seúl. Sobre todo ese poderoso encuentro con Unión Soviética que sacó lágrimas Park.

Él mismo lo admitió en un documental producido por Movistar Deportes, llamado, “Orgullo: La historia de Seúl 1988”. Reconoció ese amargo sentimiento volviéndose a quebrar en esa entrevista. “Yo perdí (…) Tengo 80 años, pero todavía no lo puedo olvidar”, recordó.

Aquel día Man Bo Park estaba sentado en el área destinada al comando técnico, junto a su asistente, Carlos Aparicio, hoy entrenador de vóley de Alianza Lima, y algunas veces director técnico de la selección nacional.
El coreano estaba imperturbable. Observaba el partido. Pero ningún gesto o movimiento advertía molestia, frustración o tristeza. Cuando todo acabó.

Cuando Gina Torrealba golpeó el balón contra el bloque invasor de las rusas, y cayó en nuestra cancha, Man Bo Park seguía sentado. A un costado de la cancha, las rusas celebraban. El entrenador, el de las fuertes palabras, a veces amenazadoras, se abrazaba fuerte a sus asistentes. Man Bok Park seguía sentando, observando el panorama, mientras sus pupilas esperaban desconcertadas, unas ya con lágrimas, en el lado amargo de la cancha.

La hinchada gritaba: ¡Perú, Perú! en ese coliseo tomado por los gritos de los seguidores nacionales. Pero ese aliento no cambió en nada el dolor de la derrota. “Ser subcampeón, es perder”, diría luego Gaby Pérez del Solar, y si pues, no hay peor tristeza que quedar segundos en un torneo, y principalmente, con un partido tan parejo, que a veces parecía una victoria bicolor.

En el camerino, el control asiático de las emociones se vino abajo. Las chicas empezaron a colgarle sus medallas en el cuello de Mr. Park, y el entrenador no aguantó. Lloró. Ese agradecimiento lo quebró. “Nunca lloré ante las chicas. En los entrenamientos siempre me mostraba fuerte, fuerte, pero en ese momento sí lloré, hasta ahora”, confesó el entrenador.

Es que estuvimos tan cerca. El tercer set Perú ganaba 12 a 6. Natalia Málaga y Gaby Pérez del Solar se tomaron de un dedo y calcularon: “Solo tres puntos más”. Muy fácil para ser cierto. En la historia de los juegos olímpicos, Perú se enfrentó dos veces a la Unión Soviética antes de Seúl, y perdió las dos. Un año antes chocaban en una copa llamada Liberación, y ganó la selección por 3 sets a 1, ante un equipo que no parecía el mismo al de Seúl. La historia estaba a favor de las rusas. Seúl favorecía a la Unión Soviética. Las europeas solo regalaron dos sets ante Japón, luego superaron a sus rivales por 3 sets a cero, antes de llegar a la final. Perú, en cambio, sufrió en cada etapa. Cada partido le costó un marcador de 3 sets a 2. O ganaba los dos primeros o volteaban el partido, pero para sorpresa de todos llegó a la final que no habían planeado jugar.

Gaby Pérez y Natalia Málaga se ilusionaron cuando tenían a Rusia con seis puntos abajo. “Todas sonreían”, recuerda la espigada Pérez del Solar. Pero los sueños se rompen cuando chocan con la realidad. Unión Soviética reaccionó y ganó por 15 a 13 ese match. Luego vencería con facilidad el cuarto set, por 15 a 7, y vendría un quinto set.

EL QUINTO SET

Ese set estuvo parejo desde el inicio. Ninguno se dio tregua. Cecilia Tait se convirtió en la salvadora de la bicolor. Una leona. Desde cualquier punto de la cancha atacaba con fuerza, potencia, superando el bloqueo extranjero y anotando para el equipo. Rosa García, la armadora, se apoyó bastante en ella.

Cualquier equipo podía ganarlo. Un mínimo error daba la victoria al adversario. Y así sucedió. Unión Soviética aprovechó errores en defensa y saque para ponerse esa medalla en el cuello.

Incluso tuvimos tres match point. Tres ocasiones para cerrar el partido. Tres oportunidades de oro. Pero Unión Soviética no se dejó. Ojalá sea como el partido con China, rezaban los hinchas, en que íbamos perdiendo 14 a 10 y terminamos ganando 16 a 14. O como con Japón cuando estuvimos abajo 12 a 9 y vencimos 15 a 13. El Señor de los Milagros, la Virgen de Chapi, el Señor de los Temblores, todos los santos hinchaban por Perú.

Pero ni el poder religioso evitó que Rusia ganara un ataque y vaya al saque. Perú devolvió el balón, las extranjeras defendieron. Jugaron contra el bloqueo y se pusieron 16 a 15. Un punto más y conseguían su cuarta presea.

Lanzaron el balón al territorio nacional. Rosa García armó la jugada. Se la dio a Gaby Pérez y rebotó en el bloqueo. Rosa defendió y lanzó alto la bola para que la reciban y armen la jugada. Pero van dos. El balón, sin precisión y demasiado pegada a la net, se dirigió hacia a la zona de ataque de Gina Torrealva. Qué opciones tenía la jugadora. “Quería tirarla para afuera, pero el bloqueo ya estaba invadiendo”, dijo Gina Torrealva, y al tocar la pelota en las manos europeas, cayó en nuestra cancha y se acabó todo en 17 a 15. Fin de la ilusión.

Tristeza en el equipo, alegría en el Perú. El “casi” era suficiente para aquellos que madrugaron la última semana de septiembre para ver esos partidos. Pero no para la selección. Si al equipo rememoras ese partido, el llanto aparece con facilidad.

NADA MEJORÓ

Luego de esa hazaña, Perú no ha vuelto a reeditarla. Quizás la vivimos en el mundial de menores con la generación de Ángela Leyva en el 2013, cuando nos quedamos con el “casi” de la clasificación a la final, luego de un duro partido con China.

Pero ese equipo de Natalia Málaga y Cenaida Uribe no se recuperó. Al año siguiente se encontraron otra vez con las rusas en la Copa del Mundo. Perdimos por 3 sets a 0. En 1991, en el mismo torneo, caímos por 3 sets a 1.

En 1993 campeonamos en el sudamericano y desde ahí nunca más volvimos a los grandes podios. Las chicas hicieron su camino. Man Bok Park regresó a la selección y fue el último entrenador que nos llevó a unas olimpiadas: Sidney 2000. Hace 19 años que no vamos a unos juegos olímpicos, aunque sea por acto de presencia. Hoy la Federación Peruana de Vóley está empeñada en retornar a esta competencia con un equipo liderado por Ángela Leyva y Karla Ortiz, y dirigido, otra vez, por un extranjero: Paco Hervás. Pero hoy no es como los años 80. Hoy la competencia en Sudamérica es mayor. Argentina y Colombia ya no nos pisan los talones, sino que nos han superado, e incluso estas selecciones tienen más posibilidades de viajar a Tokio 2020 que nosotros. Ya no somos la selección de Seúl, sino un equipo que intenta defender la historia y sorprender de vez en cuando en torneos oficiales.

Man Bok Park se fue y que su legado sirva para no olvidarnos de lo que alguna vez logramos.

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