Arequipa

El primer fabricante de bicicletas en Arequipa

3 de noviembre de 2019

Historia de un hombre que dedicó su vida a la bicicleta.

Por Honeidy Leanderas

Estuvo esperando el bus de las 7. Pasó media hora después, pero repleto, ni siquiera se detuvo para recoger más pasajeros. No tenía otra alternativa que seguir esperando. El siguiente carro pasó media hora después, igual de repleto. Tuvo que ir colgado de la combi. De niño su obsesión fue manejar una bicicleta y pasear por las campiñas, sus anhelos se hicieron realidad unos años después. A los 8 años ingresó al taller de su padre y a los 16 años se fabricó su propia bicicleta.

Víctor Anda, o como le decían sus amigos “Vicho”, desde su departamento, entre las nubes despejadas, con una bella vista de las campiñas y el Misti, y añorando los paseos en bici por el campo, relata su historia.

Vivió con Juan Manuel Anda (padre), Victoria Rodríguez (madre) y César “El Waso” Rodríguez, su hermano maternal. Su padre era contador, aunque luego abrió un taller de reparación de bicicletas para ganar un poco más de dinero, ubicado en la calle Melgar 105. No fabricaba pero si las compraba de Inglaterra, para venderlas.

Víctor recuerda que luego de los cinco años no salía a jugar con sus amigos, porque tenía que limpiar el taller y aprender el oficio. “Maduré a una corta edad, mi padre me hizo ‘comer de mi mano, muy temprano’, tanto a mi hermano como a mí”.

“Nací mecánico, porque mi papá también lo era”. A su corta edad Víctor empezó a construir y reconstruir hasta armar su primera bicicleta porque deseaba una, no igual sino mejor de la que tenían algunos niños. Aunque le trajo problemas con sus amigos que le hicieron bullying, porque, por esos tiempos tener este vehículo significaba pertenecer a una familia acomodada, que no era la de Víctor, pero sus compañeros no lo entendían así y se burlaban de él. Su aprendizaje de jiu-jitsu le permitió defenderse y también a su bicicleta.

Después de contar con su primera bicicleta se apasionó con el deporte del ciclismo. “Vicho tienes que estudiar y prepararte porque el deporte no te va a dar para vivir”, le decían. A los 18 años, cuando aún estudiaba en el colegio San Francisco, ganaba carreras en todo el sur.

“Cuando no corría ciclismo estaba en el taller o en camino al Misti, Chachani, Pichu Pichu y Ubinas”, cuenta. Incluso fue guía oficial del American Alpine Club.

Este arequipeño de nacimiento y ahora con 84 años de edad, se considera: «Curioso con mente de economista y manos de artesano y mecánico». En su momento llegó a ser uno de los productores de bicicletas más singulares.

Estudió administración. A pesar de su preferencia hacia ciclismo, nunca lo ejerció de manera profesional, pero tiene un archivo de más de un millón de imágenes en montañas, campiñas, cuencas, caminos, bosques, carreteras capturadas por el lente de su mente y de sus amigos en las diferentes bicicleteadas.

La economía, el manejo de las empresas y ciencia, son temas que no faltan en una conversación; y que una vez suelta la lengua, nadie lo para, excepto por Vicky, su esposa, con la que formó una familia con cuatro hijos: Janeth, Juan, Marisela y Vico. Los dos primeros radican en Estados Unidos, y los menores en Lima. Víctor, Vicky y uno de sus nietos viven juntos en Arequipa.

LA PASIÓN

Su pasión por la bicicleta surgió como una enfermedad en plena pubertad. Junto a unos amigos pedaleó desde su casa hasta los más recónditos lugares.
No concebía otro modo para movilizarse. Durante una de esas travesías, observó personas que hacían lo mismo que él. Era una época en que este deporte empezaba con un “vamos a montar bici». Si bien este deporte ya estaba muy difundido en otras latitudes, recién se escuchaba algo en la ciudad. La imagen de esos ciclistas bastó para que Víctor supiera que lo suyo era ello.

Anda posee dos virtudes imprescindibles para este deporte, inteligencia y fuerza física. Siempre llevaba en su mochila una cuerda para amarrarse a la tolva de cualquier medio con ruedas, si acaso no hubiera espacio para él.
Su pasión lo llevó a tener problemas. Sufrió fracturas que lo mantuvieron alejado de una bicicleta por semanas. Ninguna de ellas, logró alejarlo del negocio y deporte. Sus regresos en dos ruedas eran como volver a la vida. De un momento a otro, comenzó a recibir mensajes y llamadas de personas que le ofrecían comprar su transporte favorito. Logró viajar a varios países en el mundo con la pasión que, hasta el día de hoy lo identifica.
Anda, hace cuatro años, todavía manejaba bicicleta. Un problema en la visión le impide subirse a esta unidad.

Cuando Víctor no maneja una, es porque la está fabricando. Heredó esa vocación de su padre, un empresario que comenzó en el negocio en 1935, trayendo modelos de Inglaterra. Al llegar al Perú, les pondría su marca y luego, por la década del 50, empezó a ensamblarlas.

“Catalinas, cadenas, piñones se importaban; las llantas las hacía Lima Caucho”, explicó Víctor. Lima fue su mercado principal. “Distribuíamos a todo el país. Los limeños compraban muchísimas para los niños, sobre todo en Navidad. También se usaban como medio de transporte, pero eso se notaba más en el interior”, continuó.

“En la sierra les servía a los chiquitos para ir al colegio, incluso para transportar a toda la familia en el campo, tenían un asiento en la parte posterior donde iba la mamá, el papá manejaba y el niño iba en el tubo”, recordó.

Como ocurrió con casi la mayoría de fabricantes arequipeños, la globalización y el ingreso masivo de productos chinos, hicieron que cada vez el mercado decreciera, la competencia con los modelos importados fue demasiado dura para que la empresa pudiera hacerle frente.

Retirado del rubro, don Víctor se mantiene al tanto de las novedades en cuanto a vehículos de micro movilidad, especialmente las patinetas. Entre risas, obsesionado con andar sobre dos ruedas, comenta que le hubiese gustado patinar y montar skate. Víctor disfrutó de ver a sus hijos y ahora goza de ver a sus nietos montados en una bicicleta.

“La generación de hoy quizá no me conozca o no conozca bicicletas Anda, pero es un orgullo haber tenido la primera fábrica de bicicletas en Arequipa y en el Perú».

El talento no solo no se agota con los años, sino que encontró el relevo generacional de la mano de sus hijos. El factor humano también es determinante para “una empresa familiar como la nuestra que es 100% pasión y compromiso. Es cariño diario, sacrificio absoluto, el patrimonio nos avala, quizá hubiéramos sido capaces de hacerlo mejor”.
“Si todos anduviéramos en bicicleta, hubiera menos humo y menos artrosis”, reflexionó

Víctor levantó la mirada que había permanecido enterrada en la alfombra de la sala. Prestó atención a su esposa que leía un periódico, luego una revista. Las anécdotas de su nieto no faltaron.

Hoy “estoy hecho un trapo”, lanzó al aire. “Las rodillas las tengo malogradas, porque yo antes era un mataperro”.
“Me gustaba estar rodeado de la naturaleza, andar tanto rato sobre la bicicleta, saber que en todo momento estaba desarrollando mi mente y físico”.

Don Víctor Anda Rodríguez siempre tuvo la idea que subirse a un auto en Arequipa representaba la rutina del día a día; pero, eso era en su tiempo, ahora era resignarse a avanzar en medio de un puré denso, conviviendo con los caracoles, cruzando la pista entre saltos, improperios y bocinazos.

«Aún no nos desarrollamos como sociedad solidaria”, exclamó, estrellando su puño en el mueble. Se levantó raudo, me miró. Sus ojos estaban encendidos. Y dijo: “Vamos a montar bici, vamos”. Su esposa se bajó los lentes hasta la mitad de la nariz para obsérvalo. Su nieto lo secundó: “Vamos, papá, vamos”. Reímos.

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