Columna

El Pueblo, lo Público y lo Político

14 de febrero de 2020

“Los antiguos tenemos derecho a tener paraderos y los que recién están viniendo tendrán que esperar”, en alguna reunión de moto-taxistas con el sector público pude escuchar, se tenía como objetivo la regulación del transporte local en un distrito de 5000 habitantes aproximadamente. “El pueblo necesita transporte para movilizarse y nosotros se lo damos, no lo hace la municipalidad, sino la moto-taxi”, ¿Cuándo lo técnico tiene el respaldo del pueblo? ¿Cuándo la razón se impera a la fuerza y a la multitud? ¿Las decisiones políticas son tomadas en base al bien común? Son algunas cuestiones válidas para conseguir el anhelado desarrollo, basado en la democracia, el consenso y el diálogo. En este ejemplo de resolver un problema público, lamentablemente no se reguló el transporte local, no por ineficiencia del Estado, típico argumento trillado y oportunista por los que lo usan, tampoco porque no hubiera ideas o estrategias para mitigar el problema a corto, mediano y largo plazo, sino porque no hubo predisposición de dialogo, porque se quiso imponer una idea individual, y porque al final nadie quiso ver el problema del transporte sino que podría ganar cada uno de los presentes.

Una municipalidad no es diferente de la Presidencia de Consejo de Ministros (PCM), ni tampoco de un voluntariado que tiene cierto orden y control para llevar sus actividades, si de gestión, ética y eficiencia podemos poner en la mesa para conversar. Algunas diferencias tal vez: el presupuesto que se maneja, la calificación del personal con el que se trabaja y la envergadura del cargo. Pero los problemas son bien comunes: los cargos que vienen de campaña que prácticamente son los zánganos viviendo de la institución pública, la chismosería que se toma la mitad de la jornada laboral reduciendo la productividad de la institución, nadie escucha o pone en ejecución las propuestas técnicas, solo sirve para generar papel, se hecha culpa siempre a las personas que no están presentes para argumentar una explicación, la subjetividad prima para tomar decisiones de política pública o de interés colectivo y las personas que están empujando la combi son contadas e indispensables para que se consiga resultados.

“En este momento no, estoy en navidad” fueron las declaraciones de Ana Teresa Revilla Ex- Ministra de Justicia y Derechos Humanos, al referirse de un caso de feminicidio reciente en el distrito del Agustino. Siendo rechazadas las declaraciones por el presidente de la república y el premier Vicente Zeballos, que dijo: “Una declaración es parte de muchos indicadores miden el trabajo de cada ministro y ministra”. En febrero del 2020 ha renunciado la ministra en cuestión, el Ministro de Energía y Minas Juan Carlos Liu, conjuntamente el Ministro de Transportes y Comunicaciones Elmer Trujillo, especulando que la titular del Ministerio de Educación Flor Pablo podría estar renunciando también, por un caso en concreto de reuniones con empresarios de Odebrecht por el caso Lava Jato. Es un duro golpe para el gobierno y para el gabinete, que ya ha perdido varios ministros y sin congreso que los fiscalice aún, pero ¿Qué paso? ¿Por qué renunciaron? Aparte de las explicaciones coherentes y específicas que tienen la obligación de dar estos funcionarios, se debe ver el problema de fondo ¿Cuáles son las cualidades que debe tener un ministro o ministra dentro del contexto político-social peruano? Y en el mismo papel están los funcionarios de cada municipalidad o que brinde servicio público.

Contestar la última pregunta del párrafo anterior es parte de otra columna, pero podemos concretizar algunas ideas fuerzas. Trabajar para el Estado, es brindar un servicio a la comunidad, no se viene a servirse del erario estatal, ni a lucrar ni mucho menos a corromper las instituciones; no puede haber espacios para los egos dentro de los tomadores de decisión porque te quitan la sensibilidad social, empatía ciudadana, la versatilidad para resolver problemas, añorando lo perfectible pero no lo práctico.

El pueblo debe hacer política participativa y fiscalizadora, pero sobre todo de acompañamiento, porque el pueblo no debe empujar al abismo al Estado, sino proponer soluciones a sus mismos problemas. Guagua que no llora no mama, pero que no lo haga bajo las mismas razones siempre sino que proponga.

Lucas Z. Granda
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