Arequipa

El sobreviviente de la ceguera

16 de junio de 2019

Un diagnóstico de diabetes lo hizo despertar y mostrarse agradecido con la vida. Hoy lleva un ritmo diferente.

Por: Roy Cobarrubia V.

Un fotógrafo que venció la diabetes. Juan José Frisancho lleva 15 años de fotógrafo y un año y medio de haberse recuperado de la ceguera total. El hombre de barba prominente, conversación pausada y pasó precavido lleva ya un largo tiempo de haberle ganado la batalla a la diabetes, de haberse levantado de una cama de un hospital y de haber vuelto a ser capaz de caminar, solo, sin manos de ayuda, y andar entre la gente, de zambullirse en lo corriente de los días de la ciudad.

Frisancho es un hombre amable, agradecido con la vida, es un caso, un hombre al que se le ensombreció los días por el colmo, un hombre que alguna vez fue atrapado por la casualidad, por su temor más interno, perder sus ojos.

Los fotógrafos estudian la luz, el tiempo, lo artístico de las imágenes y sus tonos. Esos seres extraños, capaces de capturar el tiempo en una imagen, pueden detener el tiempo y develar del mundo lo hermoso de sus seres, de sus objetos, de sus colores, de sus formas. El corazón de Frisancho el 14 de febrero del 2017, el Día del Amor, se rompió, cuando un médico, en un hospital le dijo: “Te tenemos que amputar el pie”.

Un clavo, un elemento de metal creado hace más de dos mil años, y del tamaño de un cuarto de pulgada, lo amenazó.

“Es posible que pierdas la vista, prepárate”, le dijo un doctor mientras se encontraba sobre una cama. Hoy le es fácil hablar de la experiencia y lo cuenta con sencillez, sin ánimo de ser un ejemplo, o de generar tristeza, de ninguna manera, lo cuenta como quien le ha ganado a la muerte, como un hombre orgulloso de seguir aquí, en este tiempo, en la sala del Diario El Pueblo.

“Estuve sin mirar por más de un año y medio, y cuando no miras te das cuenta que no estás, y en realidad, nadie está agradecido con lo que tiene. Yo he aprendido a agradecer”, dice Frisancho.

Un fotógrafo pierde su herramienta de trabajo, sus ojos, está postrado en una cama, sueña con volver a aprisionar el botón y sentir el sonido del click de la cámara fotográfica, de volver a jugar con las luces, con la composición, con el movimiento. Un fotógrafo no ve nada más que una pantalla de color blanco, sin colores, sin formas, no ve, y siente que su cabeza va a explotar.

La diabetes es una enfermedad crónica que ocurre cuando el páncreas no produce suficiente insulina. La hormona que regula el nivel de azúcar o glucosa en la sangre es capaz de dañar el corazón, los vasos sanguíneos, la vista, los riñones, los nervios, y la vida familiar, el amor.

¿Qué hace un fotógrafo profesional que se ha quedado ciego?, pues aprende a escuchar, a imaginar a recordar en palabras de los doctores que es propenso a males cardiovasculares, neuropatía, retinopatía o ceguera en un término más popular, problemas renales, vasculares y el final de todo, amputaciones de miembros inferiores.

Frisancho ha fotografiado a la desaparecida “Lucila”; al cineasta Miguel Barreda; a la dueña de La Nueva Palomino, Mónica Huerta; al historiador Eusebio Quiroz; al desaparecido actor Reynaldo Delgado; al poeta, escritor, investigador e hijo predilecto de Arequipa, Juan Guillermo Carpio Muñoz; al periodista Carlos Meneses; entre otros arequipeños notables.

El fotógrafo es hoy un referente en la técnica del retrato, de la publicidad, del “new born”, es docente desde cerca de siete años en el Instituto Thomas Jefferson, un emprendedor con una productora llamada “Quark”. Es todo, pero uno de los 8 mil casos nuevos, que anualmente que se detectan en el país.

De acuerdo al coordinador regional de Enfermedades no transmisibles, Percy Miranda, la mayoría de incidencia de diagnosticados con diabetes son mayores de 40 años, producto del sobrepeso y malos hábitos de alimentación. Un hábito que hacen suyos muchos profesionales en una ciudad que anda cada vez más rápida.

Gilda Colque creció pegada a una videocámara, creció tomando fotografías por puro instinto. Su primer acercamiento fue en Panamá, de niña alejada de Arequipa experimentando con los colores del paisaje veraniego de Palmeras y gente con ropa ligera. Tenía por esos nueve años de edad y no imaginaba jamás que su vida se cruzaría con “Juanjo”.

“Estaba ciego, no miraba, es desesperante tratar de ayudar y no poder hacerlo, sentir que quieres un montón y que en cada operación se podría acabar todo cada vez que el doctor decía prepárense”, cuenta Colque.
A Frisancho lo operaron seis veces, y terminó por perder la visión, por no mirar nada, por tocar su cámara fotográfica e imaginar que la accionaba, que medía el tiempo, la luz, y levantaba la cámara al vacío diciendo “click”, imaginando una escena, un momento en donde se dibuja y se componían las personas y los objetos bellamente.

“Después de un año y medio volví a ver, durante ese tiempo, en el que estuve ciego solo tocaba el rostro de Gilda, lo imaginaba como lo recordaba. En ese tiempo seguí siendo profesor enseñando teoría del color, y me volví una especie de mentor de otros fotógrafos que trabajaron conmigo. Algo raro, dando consejos, imaginando una escena, dibujando en mi mente el color, el ingreso de la luz. Así fue mi tiempo. De la ceguera aprendí mucho, el lado más bueno, aprender, desear, querer, capturar, amar la luz”, dice Juan.

La diabetes, según el Ministerio de Salud es la quinta causa de muerte, cada año mueren 2 mil 950 personas. Frisancho se alejó de esa cifra y se convirtió en un sobreviviente, un hombre que recuperó no solo la vista, sino las ganas de vivir y de encontrarle a cada espacio, color, cosa, persona, lo mejor, algo así como un regalo diario.

En julio, el reconocido fotógrafo en Arequipa presentará la exposición “Sobreviviente”, una muestra fotográfica en donde mostrará no solo su talento, sino también su camino a la recuperación a través de imágenes que marcaron su 2018 y su camino a la fotografía y su mensaje de que la diabetes es posible vencerla, que la familia no te deja nunca, y que siempre, personas buenas aparecen. Allí, en una presentación ya cercana mencionará a los que ha llamado sus ángeles, Herón Frisancho, su padre; Teresa Salinas y su amada “Gil”.

 

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