Arequipa

En baños, pasadizos y bajo las mesas duermen presos en Socabaya

21 de agosto de 2018

En el pabellón D, de máxima seguridad del penal de varones de Arequipa, ubicado en el distrito de Socabaya, hay 250 camas, pero duermen más de 400 reclusos. La antigüedad y la edad cuentan para obtener un lecho decente, los nuevos y jóvenes deben acomodarse en los estrechos pasadizos, el piso del baño y debajo de las mesas.

Esta es la realidad del sistema penitenciario en Arequipa. El penal de Socabaya, que se construyó para 600 presos, ahora alberga a dos mil 140 internos. El recinto penitenciario está a punto de colapsar con un 260% de población adicional.

La sobrepoblación dentro de los muros del reclusorio se siente a partir de las nueve de la noche, cuando las luces se apagan. Los internos deben estar listos para dormir y la seguridad se extrema en todos los pabellones, reveló Eufemia Rodríguez Loaiza, directora de la región Sur Arequipa del Instituto Nacional Penitenciario (Inpe).

Los internos privilegiados ocupan sus camarotes, acondicionados para tres camas, el que está más arriba casi besando el techo. El resto extiende sus colchonetas, cartones o mantas sobre el suelo de concreto.

Todos tienen un lugar designado. Como los dormitorios quedan copados, los menos suertudos duermen bajo las mesas, en los pasadizos, el suelo del baño y las duchas. Incluso las rencillas se suscitan por las noches, quien quiere ocupar los baños tiene problemas para llegar debido a que los pisos están copados.

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Rodríguez Loaiza, reconoce que el problema escapa a su capacidad administrativa. La solución sería construir otro penal para albergar a unos dos mil reos, sin embargo la idea está aún en proyecto.

Como atenuante, en Socabaya se busca que los internos sean incluidos en programas de resocialización, como el programa “Cárceles Productivas”, así los sentenciados obtienen beneficios penitenciarios que reduzcan su tiempo de encarcelamiento.

El 80% de los internos tiene sentencia, el otro 20% está siendo procesado. De los sentenciados más de mil 200 cumplen penas de 15 a menos años, por los delitos de robo agravado, tráfico de drogas, violación sexual, entre otros.

La inclusión a los programas de resocialización es pieza clave de la estrategia plateada por Rodríguez, para tener a los internos ocupados en actividades productivas durante el día y hacer menos estresante el hacinamiento.

Los reclusos pasan sus días en los talleres construyendo, confeccionando o elaborando panes. Solo la panadería del penal provee diariamente de 8 mil panes que consumen sus propios compañeros y las internas del reclusorio para mujeres.

La directora del Inpe reconoce que el sistema judicial se ha humanizado, dando la oportunidad para que sentenciados por primera vez por delitos menores y faltas, cumplan su pena en el medio libre y no abarroten las cárceles. Semanalmente unas 12 personas realizan labores comunitarias como parte de su sentencia.

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