Columna

Ensueña

2 de noviembre de 2020
Foto: Egon Schiele - Girl

Por: Gabriel Herencia

La veo caminar, está borracha, a pesar de eso se sigue viendo espectacular. Lleva una botella de ron con coca en la mano. Su chaquetita blanca se encuentra algo sucia por lo que parece ser pasto, humo y polvo; sus tacones cubiertos por trago roseado, no tienen el brillo de anoche.

Camina tambaleándose, el crucifijo de su mano se aferra a no sé qué, cómo si le diera vida a ella, que la veo destilando suspiros con la cabeza gacha. Carajo, qué ganas de correr, abrazarla, besarla aún con el tufo y en mis brazos rescatarla de esa niebla.

Ya no es la chiquilla de antes, la señorita dama que conocí, ahora es una mujer, hecha ya para con la vida y de la vida.

Dónde estarán tus converse azules con las que corríamos en las protestas, ese morral café donde guardamos los vinos y papas fritas para ir a hacer el amor a mi cuarto.

Dónde estarán tus ganas de tumbar este sistema y no ser esa oficinista que ahora eres. Quebrada, rota pero igual de hermosa como siempre.

Te siento juzgada, con un peso encima, uno injusto claro está. Quién te señala, dime, quién es el ser perfecto que aplasta tus sueños y creencias, quién te oprime y prohíbe, dime, quién no te deja ser libre.

Aquí estoy yo, roto también pero con la creencia firme de que si ardemos de nuevo, todo va a pasar.

«Es en vano
tu piel no es mía,
es  del alba.»
– Luca Bocci

Cartas desde el encierro

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