Arequipa

Escuela liberada

23 de febrero de 2020

La educación en la escuela no debe ser repetitiva de contenidos, hay que desarrollar el juicio crítico del estudiante, ofreciéndole mejores niveles de enseñanza, para formar ciudadanos pensantes, alejados del prejuicio y de la ignorancia.

Por: Mario Rommel Arce Espinoza

Reflexionaba sobre la educación en el país, a partir de mi contacto permanente con profesores y estudiantes, haciendo a la vez una evaluación del tipo de enseñanza que se imparte en los colegios.
Es una constante hablar del tema educativo, circunscrito a la calidad de la enseñanza, infraestructura y nivel remunerativo de los profesores. Hay muchas propuestas al respecto. Varios educadores e intelectuales peruanos en la historia han desarrollado el tema desde distintos enfoques. Basta revisar la colección “Pensamiento Educativo Peruano” que publicó el Fondo Editorial de la Derrama Magisterial en 15 tomos, para reconocer los planes y modelos educativos implementados en diversos gobiernos con resultados más o menos favorables.
En ese proceso cabe destacar la propuesta del insigne maestro José Antonio Encinas (Puno, 1888 – Lima, 1958). En su ensayo “Escuela Nueva en el Perú” expuso una propuesta de enseñanza liberada de ideas extrañas a la formación del estudiante, alejando el temor y el prejuicio de su imaginario, proponiendo una educación laica. Por ejemplo, dejar atrás la idea del Dios castigador. El temor a Dios era otra forma de anular el libre albedrío. Asimismo, puso como ejemplo la idea del ángel de la guarda, que los niños escuchaban decir a sus padres con la intención de protegerlos del mal. Esta creencia contribuyó a alimentar la fantasía del niño, sobre la base del temor.
Sin embargo, ese tipo de propuesta en aquella época estuvo lejos de ser aceptada, teniendo en cuenta la condición confesional del Estado peruano. Incluso, hoy mismo generaría polémica proponer que la educación sea laica. Así como también que, como parte de la reforma educativa, se incluya la supresión del curso de religión en la malla curricular, dado que el Estado peruano es laico, favoreciendo con ello a potenciar el libre albedrío de las personas.
Un antecedente. En la antigüedad clásica la enseñanza pasó por dos etapas: en el modelo de la “Escuela Palatina”, preceptores laicos tuvieron a su cargo la enseñanza de los hijos de los príncipes. Pero fue en el año 789, era vulgar, con el emperador Carlomagno, que se operó un cambio en el modelo de enseñanza. A partir de entonces las escuelas pasaron a ser dirigidas por monjes. Como dice el historiador francés Robert Fossier en su libro “Gente de la Edad Media” (Taurus, 2007), la enseñanza quedó en manos de la Iglesia. El maestro era un clérigo. Junto con los señores feudales fueron los encargados del desenvolvimiento cultural durante la época medieval.
En el medioevo la educación estuvo a cargo de las órdenes religiosas, y desde entonces ejercieron el control de la educación con un evidente contenido religioso. Sin embargo, como lo reconoció el notable psiquiatra arequipeño Honorio Delgado Espinoza (1892 – 1969) en su libro “De la cultura y sus artífices” (Madrid: Aguilar, 1961) la enseñanza en aquella época, lejos de la leyenda negra del periodo medieval, representó un paso importante en el manejo del conocimiento, sobre todo en la exclaustración de la enseñanza. Quiere decir que existe una idea equivocada de este periodo de la historia, al que se asocia con el oscurantismo. Ya el historiador francés Jacques Le Goff en un notable libro titulado “La Edad Media explicada a los jóvenes”, expuso los orígenes de la leyenda negra medieval. En otro libro coordinado por él, bajo el título “Hombres y mujeres de la Edad Media” (México: FCE, 2013), señaló los rasgos distintivos de este periodo: regnum, studium y sacerdotium.
A finales de 1988, el Ministerio de Educación Nacional creó una comisión de reflexión sobre los contenidos de la educación en Francia. Uno de sus miembros fue el reconocido sociólogo francés Pierre Bourdieu. En su momento, él ya había reflexionado sobre la enseñanza, y llegó a la conclusión de que la educación debía estar liberada de la reproducción de la estructura social. En un discurso suyo sobre el tema planteó que la educación debía abandonar las ideas preconcebidas que limitaran la capacidad de análisis de las personas.
Este planteamiento se conecta con su propuesta de capital cultural, de capital simbólico. En ese sentido, el Estado y la Iglesia crearon símbolos que los representan en la sociedad. Estos símbolos forman parte del entorno de la persona, contribuyendo a la formación de sus ideas y valores. Las imágenes refuerzan determinado tipo de creencias y son también la expresión de un sentimiento colectivo promovido desde distintos espacios de poder. No solo el lenguaje, a través del discurso orientado a fortalecer valores e ideologías, es el único instrumento para moldear comportamientos y actitudes, la imagen es igualmente valiosa para simbolizar un mensaje. En las catedrales góticas del medioevo pasajes bíblicos, reproducidos en vitral, fueron una forma de lenguaje para los creyentes. De hecho, representaron una forma de comunicación, como si fuera un libro abierto con un mensaje místico que transmitía espiritualidad. El diseño mismo de las catedrales, según explicaba Le Goff, tenía un mensaje: simbolizar la separación entre el cielo y la tierra. Arriba estaba lo divino (como los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina), abajo lo mundano, donde habitan los mortales. La iconografía representaba, además, la forma del paraíso y cómo era el infierno, lugar donde figuras demoníacas atormentaban a los pecadores.
El escritor Umberto Eco en su libro “Historia de la fealdad” (primera edición en Debolsillo: octubre de 2011) muestra los retratos de figuras malignas que encarnaron el terror en todas las épocas. La idea de belleza se opone a la fealdad. Ángeles y demonios dominaron el imaginario de la sociedad por generaciones.
Este capital simbólico y cultural está presente en la escuela medieval y moderna. Durante la Revolución francesa se avanza lo que se puede, por temor a las reacciones de los grupos de poder. Recién a fines del siglo XIX se estableció la educación laica en Francia.
Interpreto la escuela nueva como una escuela liberada del prejuicio, que reemplaza la moral religiosa por la moral laica, que abandona la idea del pecado, y donde los estudiantes de cualquier nivel de enseñanza se forman a partir de un juicio crítico personal, liberados del cualquier estereotipo. Es necesario desaprender lo aprendido en el espacio donde nos hemos desarrollado, cuestionar el capital cultural heredado, para reaprender sobre la base del conocimiento.
El Estado también maneja el simbolismo para proyectar la idea de patria. El escudo nacional y otros símbolos patrios refuerzan la idea de la palabra Perú. Pero también los gobiernos han manejado lo simbólico para caracterizar una etapa de la historia. Es el caso de la figura de Tupac Amaru II, cuya imagen fue utilizada como propaganda política durante el gobierno militar de 1968. La idea de un cambio frente al Estado oligárquico, heredero del Perú colonial, hizo que Tupac Amaru II representara las ideas de reivindicación social en contra de la clase explotadora peruana. De otro lado, los campesinos del Perú fueron reconocidos en su dignidad con la ejecución de la reforma agraria, de acuerdo al “Plan Inca” elaborado por el gobierno militar. Una medida trascendente, socialmente hablando, aunque sectores de la opinión pública hayan considerado como demagógica la medida.
La educación liberada es una opción a evaluar como sociedad si se desea seguir el camino del progreso, como cambio de mentalidad, para pasar a ser una sociedad capaz de superar dificultades con su esfuerzo, y plenamente consciente de la grandeza de su labor creadora.
La escuela nueva no es un esnobismo por seguir ejemplos aplicados en otros países, con otro tipo de realidades, lo relevante es abrir la mente a otras realidades existentes en nuestra propia sociedad. Creo también que los escolares merecen más oportunidades. Es necesario elevar el nivel de exigencia en las escuelas públicas, con profesores bien remunerados y capacitados. A fin de acortar la brecha social y brindar mayores oportunidades de acceso a una educación de calidad el Estado debería invertir mucho más en educación. Una meta debería ser que todos los colegios públicos cuenten con los mismos estándares de enseñanza que los denominados colegios de alto rendimiento (COAR).
Se sabe que la educación y la cultura son lo primero para garantizar un desarrollo sostenible en el tiempo. Una sociedad que apuesta por el progreso, entendido como cambio para mejorar el nivel de vida de las personas, necesita tener ciudadanos educados. Es condición igualmente indispensable para poder superarse en la vida.
La educación a cargo del Estado debe garantizar la igualdad de condiciones para toda la población escolar. Como diría Bourdieu, en el libro “Capital cultural, escuela y espacio social” (Buenos Aires: Siglos Veintiuno Editores, 2012) la distinción se manifiesta en la desigualdad del sistema educativo, que marca la diferencia entre las personas con recursos económicos para acceder a una educación de calidad, con las personas que se resignan por necesidad a estudiar en instituciones educativas promedio.
¿Cómo vencer la diferencia? Con una educación de calidad promovida desde el Estado. No necesariamente dejándola en manos de los promotores privados, que en muchos casos han hecho de la educación un negocio, sino invirtiendo más presupuesto para alcanzar mejores estándares de calidad en la enseñanza.

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