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Anciana devuelve lo que la vida le dio cuidando a abandonados

29 de septiembre de 2018

Betty Linares, junto a sus hijos, atiende a ancianos con alimentos, y pronto esperan lanzar un albergue para adultos mayores.

“La vida nos ha dado mucho, es hora de devolver”, dijo un día de hace siete años doña Betty Linares, y decidió que a partir de ese momento pondría lo que le resta de su existencia al servicio de los más necesitados, en especial de los adultos mayores.

Ahora, a sus 86 años, todos los días sale a supervisar la preparación de los alimentos que darán a decenas de ancianos que viven por Socabaya.

Sus seis hijos: Juan, Ricardo, Charo, Lili, Eliana y Mery, cuando fallece su padre hace unos 7 años, decidieron no repartir ninguna herencia y por el contrario seguir trabajando unidos, como lo habían hecho toda su vida, sumándose ahora algunos de los nietos.

Siempre se dedicaron a la concesionaria de comedores de varias empresas, su padre era el administrador, mientras doña Betty se encargaba de los alimentos y del personal, donde también ayudaban los hijos, en sus ratos libres, puesto que cada uno tiene su empleo particular.

En el trabajo había conocido a mucha gente, muchos trabajadores, a alguno los volvió a ver después de muchos años, en no muy buenas condiciones de salud. Ese hecho hizo reflexionar a la dulce anciana, así dijo que si los comedores le habían dado una buena vida a ella y a sus familia, era momento de devolver lo que tenían, más aún cuando estaban en posición de hacerlo.

Así que decidieron preparar alimentos para los adultos mayores que vivían por su casa, a los que se fueron sumando cada día más personas. Agentes de la Policía y del Serenazgo de Socabaya, también les iban llevando otros ancianos que habían visto en estado de abandono. Prácticamente al mediodía tenían una larga cola de personas que esperaban les compartieran los alimentos.

Algunos procedían de zonas alejadas y por su mal estado de salud, no podían llegar hasta el comedor. Pidieron el apoyo del serenazgo y de la policía del lugar, y ellos de muy buena manera decidieron apoyar. Ahora de manera puntual una de las camionetas pasa a recoger los tapers con los almuerzos para repartirlos en diversos puntos, donde los abuelitos ya esperan para intercambiar.

“Hay algunas personas que tienen su terreno, pero viven en una casucha precaria, otros tienen una casa y hasta familia, pero han sido arrinconados en un cuarto y se quedan solos todo el día, sin nadie de los asista”, comenta uno de los nietos de doña Betty, hijo de Eliana.

Crecieron tanto en este tiempo, que decidieron crear una fundación que lleva el nombre de la mamá que se denomina “Fundación Betty Linares” y por el momento se autosostiene con una panadería y la cocina, donde preparan pan para la venta y también atienden compromisos.

Su proyecto es aún más ambicioso, además que ahora forman parte de la Junta de Fundaciones del Perú y les han exigido crear un albergue, que ya está bastante avanzado. Solo les hace falta el equipamiento, como muebles, camas y demás enseres en un terreno por lo pronto alquilado, en un cerro de Socabaya que tuvieron que aplanar.

De tiempo en tiempo alguna empresa les brinda apoyo con donaciones y espera que se hagan presentes para ayudar a equipar el lugar que tendrá capacidad para unos 150 ancianitos que se encuentran desamparados. También les brindaron ayuda para soportar el frío invierno y les consiguieron frazadas. En Navidad preparan una gran chocolatada para cientos de niños y ancianos, a los que se suma la empresa Gloria con sus donaciones.

“Por lo pronto –dice Eliana– nosotros les brindamos los servicios que podemos, como salud, ya que tenemos varios médicos en la familia. También los asesoramos para que tengan todos sus documentos en regla o que estén asegurados en el SIS”.

Doña Betty, a sus 86 años, aún se levanta todos los días para ver que la preparación de los alimentos se lleve de manera correcta y que contenga todos los nutrientes para que a sus amigos de la tercera edad, por lo menos, no les falte un plato de comida. Hace algunos días ha sido reconocida por la Mesa de Concertación del Adulto Mayor, por la encomiable labor que realiza, a pesar de lo avanzado de su edad, trabajo que hace en favor de personas que lo entregaron todo por sus hijos y sus familias, pero que en la etapa más difícil de su vida, simplemente han sido olvidadas.

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