Columna

Feliz cumpleaños a mí

13 de noviembre de 2020
Foto: Alf

Por: Adrián Manrique Rojas

Recuerdo cuando inició la pandemia y cómicamente muchos la culpaban por robarles la celebración de sus cumpleaños, primero los de marzo, luego los de abril y así sucesivamente, hasta que en los meses venideros se volvió parte de la “nueva normalidad”, hacer una austera celebración en compañía de los familiares más cercanos ante el riesgo de contagios; claro, hubo quienes se zurraron en las normativas y procuraron realizarlos como antes -como si no existiera una emergencia sanitara- pero en general el común denominador de la población tuvo que reemplazar las características celebraciones por otras más “íntimas”.

Desde marzo sospechaba que este año estaríamos destinados a dejar las grandes celebraciones de lado. Maliciosamente me burlé de aquellos quienes en otras épocas botaban la casa por la ventana – ellos incluidos –  y ahora se veían obligados a celebrar tibiamente. Era una situación atípica, como en general todo lo relacionado a la pandemia, y en determinado momento supe que estaría destinado a someterme al mismo padecimiento, a pesar de que mis celebraciones no fueran despampanantes. Entonces la burla se reemplazó por resignación, y preferí no pensar más en el tema hasta ahora que me acerco a cumplir un año más de vida.

Y hoy desde la azotea de mi casa veo el horizonte lejano y esquivo, teñirse de anaranjado, mientras el sol se esconde entregándose al vacío de lo desconocido, y reflexiono sobre el verdadero significado de un cumpleaños.

Suena estúpido, pero descompuse la palabra “cumpleaños”, que significa “cumplir años”. Y cumplir años no es precisamente un sinónimo de festejar. Es una situación que va más allá de chocar copas, comer una torta y soplar unas velitas a oscuras. Es el recuerdo de la fecha en la que vinimos a este mundo, pero engloba mucho más que solo eso, pues en el intervalo de cumplir un nuevo año, hay justo eso, un año en el que se acumulan vivencias y experiencias. Quizá sea eso lo que lo hace celebrable, pero ¿realmente somos conscientes de que estamos cumpliendo un año más, o un año menos de vida?

No me parece un hecho menor, pues sumando cada año que vivimos, va pasando la vida, y desde la óptica que se vea, se gana un año o se pierde otro. Entonces como nunca – quizá porque esta temporada me ha vuelto un infame sentimental- comencé a reflexionar sobre los hechos que me han sucedido este año. Tal vez esté madurando, o puede que solo este cambiando mi percepción de la existencia.

Este año me deja grandes enseñanzas. Me ha hecho sentir temor, ira y desesperación. Me ha separado físicamente de mis seres queridos, de personas que no pensé jamás dejar de ver. Me ha enseñado a valorar el calor de un hogar, el cuidado de una madre, la paz y la calma de poder dormir bajo un techo seguro. He aprendido que el trabajo es importante, pero por ningún motivo está por encima del bienestar propio y el de la familia. Que se puede ser feliz con realmente poco. Que un libro es el mejor compañero en una tormenta. Que el cariño no se negocia, y quien hoy dice quererte, mañana puede desconocerte. Que aquel que te estima realmente, a pesar de la distancia siempre estará allí. Que la vida es un abrir y cerrar de ojos. Que hoy estamos y mañana no. Que una mirada es capaz de decir más que una sonrisa. Que hay muchas personas buenas, pero demasiadas malas. Que el dolor muchas veces se siente, pero no se dice. Que somos títeres en una comedia que no tiene título. Que con o sin dinero, ante la muerte somos iguales. Que no hay nada mejor que casa. Que los viernes por la noche pueden ser más divertidos viendo una película desde tu sillón, que emborrachándose en las calles. Que dormir con tu madre te conecta con tu origen, reseteando dolores y pesares. Que cuidar un huerto te puede hacer más feliz que jugar un videojuego. Que en la soledad es donde uno realmente se descubre. Y que es mejor esperar y confiar.

Lo sé, este cumpleaños a diferencia de otros, lo pasaré solo en compañía de mi madre, riéndonos de las ocurrencias de los locutores de la radio, hablando de cómo la vida nos cambia continuamente. Comeremos una torta y soplaremos juntos las velitas, después nos tomaremos unas cervezas y escucharemos esas salsas que tanto le gustan, le agradeceré por soportar mis extravagancias y me regalará su cariño. Pero sobre todo agradeceré al universo por permitirme dar una vuelta más al sol en compañía de la mejor socia que se puede tener en una pandemia y en cualquier momento de la vida… una madre.

Espero poder celebrar nuevamente con mis seres queridos mi próximo cumpleaños, juntos, como la última vez, pero titulados en una maestría en “supervivencia a pandemias”.

Feliz cumpleaños a mí.

P.S. El hecho de permanecer aislados no es impedimento de demostrar el cariño, así que espero sus regalos.

Iré a tu fiesta, así muera en el intento (II)

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