Columna

Fenómeno contra cíclico de la ciudad al campo

27 de abril de 2020
Aún muchos ciudadanos buscan llegar a su tierra natal

Por Lucas Z. Granda

¿Qué te podría obligar a salir de tu vivienda en plena epidemia y caminar por la carretera? ¿Qué llevas contigo? ¿Quiénes te acompañan en el recorrido? ¿Por qué te expones a que te contagies del COVID-19? ¿De dónde vienes y a dónde vas?, en los diferentes medios de comunicación estamos siendo parte de cientos de compatriotas que se están exponiendo, caminando largas horas bajo el sol, donde falta el agua y la comida, sin muchos puntos de abastecimiento y con escasos recursos para movilizarse.

Somos parte de un fenómeno social contra cíclico, la emigración de la ciudad al campo, o de las ciudades intermedias costeras a los lugares más descentralizados del Perú, y es necesario analizar esta cadena social de hechos para poder analizar la vulnerabilidad de grupos poblacionales invisibles por el Estado, quisiéramos decir durante mucho tiempo, pero esta situación fue normalizada y aceptada por todos los actores involucrados. Vamos a ir por partes.

Cuando se originó la revolución industrial en Gran Bretaña en el siglo XVIII, simultáneamente se expandió en varios países de Europa y luego en las demás regiones del mundo, sucedieron muchos fenómenos, de diferentes dimensiones y características como económicas, políticas y culturales, siendo fundamental el cambio en lo social. Comprometiendo a grandes migraciones del campo a la ciudad, en un mundo donde la población vivía en el espacio rural, se distribuía por aldeas, caserones y haciendas menores a 20 mil habitantes, en menos de un siglo hubo una conglomeración intensificada, con demanda de vivienda, mejor atención en la salud, el servicio educativo y un empleo, y actualmente el 60% de la población vive en las grandes ciudades.

En el Perú, también hubo motivos para desplazarse del campo a la ciudad, en 1980 por ejemplo, cuando empezó el terrorismo por Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), hombres, mujeres y niños tuvieron prácticamente que escapar para poder vivir. La hiperinflación en 1987 en el primer gobierno de Alan García movilizo una migración a países de otras regiones, y es así que ocurre la migración a la capital del país. Por miedo o por necesidad te vas y comienzas de nuevo.

En el Perú del 2020 se encuentran ciudades intermedias como Piura, Chiclayo, Arequipa y Puno, pero es Lima la que se consolida con las actividades productivas, mayor demanda laboral y el mayor nodo migrante del país. ¿Es Lima la que representa la oportunidad de salir de la pobreza?, no lo creo, la centralidad de las instituciones, grandes emporios comerciales, en suma bienes y servicios diversos que podrían generar en la persona cierta movilidad social que lo satisfaga  a su simple percepción en comparación a su ciudad natal o de origen, es una representación cualitativa individual, lo que podría generar desarrollo y calidad de vida en una persona. A nivel general, el desarrollo social es el camino para el cambio de la calidad de vida, garantizando la salud, una excelente educación, un empleo digno y bien remunerado, vivienda y servicios de agua y saneamiento, como una matriz básica.  Entonces, de los 9 millones y medio que viven en la ciudad de Lima, con más del 50% que es migrante, de diferentes olas migratorias, se están yendo a sus regiones, provincias y localidades, ¿Qué paso allí? ¿Quiénes están saliendo de la ciudad, y en su mayoría arriesgando la vida de poblaciones vulnerables?

El fenómeno social contra cíclico de la ciudad al campo ocasionado por miles de personas que salen a caminar a la carretera, van en busca de ayuda para resguardarse del COVID-19 en sus familias extensas, confiando en la agricultura familiar, el trueque como mecanismo de comercialización local y la ayuda de la comunidad, viviendo tal vez de los recursos naturales que colonizaron las y los abuelos en alguna época, no podrán percibir las riquezas o comodidades que tenían en Lima, pero en su sentido común tendrán la seguridad de afrontan la pandemia. Pero, también es cierto que muchos fueron a la capital a trabajar por temporadas, pudiendo significar un mayor desprendimiento a lo que habían acumulado, pensando que el 16 de marzo la cuarentena los agarro en un mal momento, pero si es la otra cara de la moneda, ya vives 1 año o 8 años en la ciudad, el impacto en la anhelada movilidad social limeña no fue significativa para las familias migrantes, para aguantar la cuarentena (que es de nunca acabar), reconociendo las desigualdades que limitaban su movilidad. Dándole un giro, ¿Qué va ocasionar que puedan salir miles de personas a sus regiones de origen? ¿Cuál es el riesgo epidemiológico?

Llegar a aquel lugar que te vio nacer, te llena de emociones encontradas, tristeza, alegría, resignación, miedo, histeria, compromiso, entre otras. Para la lucha contra el COVID-19 este fenómeno contra cíclico de la emigración de la ciudad al campo es peligro y alarmante para el gobierno y la ciudadanía en general. Porque, si escasamente lo teníamos geo-referenciado las zonas más propensas a infectarse por el virus, la propagación en masa de una manera descentralizada y con riesgo a que penetre a las comunidades amazónicas y rurales de nuestro Perú profundo son altísimas, donde las regiones han demostrado su incapacidad de gestión, liderazgo, compromiso, infraestructura y organización para combatir sus propias epidemias regionales, no le podemos pedir que contenga olas emigratorias infectadas con COVID-19. Con este fenómeno social contra cíclico no se va reducir o achatar la famosa curva de contagios, sino vamos a tener una ola de defunciones, tal vez podrá ser tu vecino o el mío, en tu propio barrio, en tu propia familia.

Con la cuarentena se está ganando tiempo, y hay que tenerlo muy presente. Me explico, si salimos mañana y te contagias será igual que salgas en agosto te aglomeres y te contagies, el orden de los factores no altera el contagio, en el espacio y tiempo, entonces la pregunta es: ¿tiempo para qué? La respuesta más pronta es para que no colapse el “sistema de salud” y no mueres en un estacionamiento o en la calle, así de sencilla es la realidad que pasamos compatriotas.   

Quiero finalizar este pequeño campo de reflexión, en que no hay culpables en esta guerra, sin echar la culpa a gobiernos o autoridades, fue algo inesperado, pero sigamos fiscalizando y denunciando los casos de corrupción. No levantemos el dedo acusador como lo hace el ciudadano Donald Trump, buscando culpables para justificar su torpeza, falta de tino y cero liderazgo, acosta de la muerte de su pueblo.

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Derechos en emergencia

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