Arequipa

Gabriela, la hincha más joven del Melgar ha convertido a los jugadores en su familia

10 de marzo de 2019

Los últimos cumpleaños los ha celebrado con los jugadores del Melgar, muchos de ellos se han convertido en los confidentes y hasta cómplices de muchas aventuras. Ha asistido a todos los partidos del equipo rojinegro, no importando si llueve o hace un intenso calor y seguramente Gabriela tiene la mayor y envidiable colección de firmas de los jugadores en camisetas y banderolas de Arequipa.

Todo inició hace muchos años, Gabriela no existía, pero sí Fío Mendoza, su madre, quien acostumbraba ver a su papá Salomón pelear con el televisor mientras observaba un partido de fútbol, más aún cuando algún jugador cometía algún error o el árbitro se equivocaba al fallar contra su equipo favorito que era y es Melgar.

“Si perdía el Melgar ni siquiera lo mirábamos, no le dirigíamos la palabra, evitábamos cruzarnos con él; pero si ganaba era otra cosa, todo era armonía, en la mesa se hablaba de fútbol, de las jugadas, de las fallas, de los jugadores”, cuenta Fiorella.

Ella decidió viajar a Lima luego de contraer matrimonio y dejó de observar a su padre frente al televisor. No había acompañado antes a su papá al estadio, porque “eran cosa de hombres”. Su unión marital no llegó a buen puerto y decidió regresar a Arequipa, pero con Gabriela Lucía de apenas dos años.

Por esos días, Melgar jugaba un partido en Moquegua y como se sentía libre de ataduras, con su profesión de psicóloga descubrió que hombres y mujeres tenían los mismos derechos y podían acceder a los mismos placeres, decidió que se iría a Moquegua para alentar al equipo de su niñez y juventud, al que solo siguió a través de un televisor.

Se contactó con un grupo de amigos de la barra de Melgar y se fueron tras el Melgar y allí inició su aventura imparable, a la que no tardó mucho tiempo en “arrastrar” a la pequeña Gabriela, no sin la protesta y quejas de los abuelos.

Como se iba al estadio no había con quién dejar a la niña, así que le preguntó si quería ir con ella. “Si se aburre, nos regresamos”, dijo. No se aburrió, por el contrario, se contagió del entusiasmo de los barristas y ya esperaba el próximo partido para ir al estadio.
Había que comprarle una camiseta para que vaya con los colores del club. Las marcas oficiales no hacían camisetas para niños, mucho menos para niñas, así que no quedó otra alternativa que ir a la calle Pizarro y comprar una camiseta “bamba”.

“Se convocó a la firma de autógrafos de los jugadores en una presentación y le pedí a Jorge Jiménez (en ese tiempo jefe de imagen del club) que me ayudara para que los jugadores le puedan firmar la camiseta que llevaba puesta. Se la puso sobre los hombros y llegó hasta los jugadores y así tuvo su primera camiseta autografiada”, cuenta la mamá hincha.

Al principio Gabriela hacía y llevaba al estadio unos pequeños carteles en los que agradecía al equipo y a los jugadores por los triunfos, carteles que se deterioraban. Su madre decidió comprarle telas en las que Gabilu dibujaba el escudo del club y las comenzó a llevar al estadio y en cada oportunidad que tenía, lograba las firmas de los jugadores y del comando técnico y poco a poco se hacía muy conocida.

Tiene 10 años y seguramente es la hincha más hincha del Melgar, quien con la complicidad de la madre buscan la manera de estar en el estadio para alentar a su equipo. Muchas veces han tenido que inventar una serie de pretextos para salir antes del colegio, pero eran descubiertas cuando alguna indiscreta cámara televisiva las enfocaba.

Colecciona los boletos de las entradas de cada partido al que ha asistido, los cuadernos de los cursos preferidos los ha forrado con los colores de su equipo. Su cumpleaños es el 14 de enero cuando todos sus compañeros están de vacaciones y no puede celebrarse con una fiesta, así que las celebraciones las hace con presencia de los jugadores, quienes en complicidad de algunos de ellos, como el “Cachete” Zúñiga, le organizan la sorpresa.

Hay algunas instituciones educativas en las que aún se resisten en masificar los deportes, tanto para hombres como para mujeres. “A mí no me gusta el vóley, me gusta el fútbol, pero en mi colegio no me permitían jugar porque no es deporte para niñas”, dice Gabriela. En alguna oportunidad también fue objeto de bullying, precisamente por sus aficiones “raras” en una niña.

El exarquero de Melgar, Diego Campos, se enteró de su problema y un día la fue a recogerla al colegio con una caja de chocolates, lo que causó la sorpresa de sus compañeros. En otra oportunidad, Gabriela les pidió a los jugadores que le hicieran un video como parte de un trabajo que le pidieron en el colegio, donde ellos aprovecharon para enviar saludos a cada uno de ellos con el cual estuvieron más que halagados.

¿No has tenido temor por llevar a la niña donde están las barras?, le preguntamos a Fío y dijo que nunca han tenido ningún incidente y cuando veía que podían surgir problemas, se alejaban un poco, pero como de alguna manera la conocen, la respetan.

¿Y sobre las palabras de grueso calibre y los insultos? «Se ha acostumbrado», responde. «Yo soy la que no me controlo mucho», dice y ambas ríen. “Yo cuando me enojo con el árbitro le grito: árbitro de miau”, agrega Gabriela. A propósito tiene dos gatos que son sus compañeros preferidos: Asrael y Madame Petit Mustag Almodena Constanza Isadora, conocida como «Mushu».

Como muchos fanáticos, tiene sus cábalas antes de cada partido. Nadie puede enojarse ese día, no recibe las llamadas de su abuela porque dice solo lo hace para contarle sus problemas y tampoco las de su papá, porque como dice es del Alianza, las sala. En su mochila lleva al estadio necesariamente su plumón indeleble para obtener la firma de algún jugador que aún no consiguió, al fondo una botella con refresco, encima le coloca la banderola y luego una serie de golosinas para que no se note y no se la quiten en la puerta; su polera, su paraguas que le envió un hincha desde Estados Unidos. Termina el día, pierda o gane Melgar, comiendo anticuchos.

Es una buena estudiante, muy responsable. A muchos niños se les amenaza con quitarles el televisor o el celular si es que no obedecen órdenes o no hacen sus quehaceres. A Gabriela solo basta que le digan que no irá al estadio como castigo para que cumpla al 100% con sus obligaciones.

DATO
“Nosotros con nuestra presencia en el estadio, buscamos fomentar que este recinto sea para el disfrute de hombres, mujeres y niños, para toda la familia. Que se erradique la violencia, que desaparezcan las barreras, no solo generacionales, sino también de sexo, sin perder la identidad de cada persona”, dice Fío.

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