Arequipa

Hasta que el cuerpo aguante

9 de junio de 2019

El acceso a un puesto de trabajo digno es casi imposible para la población adulta mayor en nuestro país. Las bajas pensiones y esta falta de oportunidades hacen que posterguen su jubilación y busquen nuevas fuentes de ingreso para sobrevivir.

Por Mariela Zuni M.

En el Perú el envejecimiento de la población ha sido considerable. Según el último censo del INEI las personas mayores de 60 años pasaron de significar el 9.1% de la población al 11.9% en los últimos 10 años.
Si bien el panorama que pintan las estadísticas podría generar mayor preocupación, al ser considerada esta población como dependiente, la realidad demuestra que los ciudadanos de la tercera edad siguen produciendo.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática en los resultados definitivos de Población Económicamente Activa de Arequipa, precisa que 37 mil 392 personas adultas mayores trabajan.

Dentro de esta fuerza laboral que ya pinta canas, se encuentra doña Julia con siete décadas de vida. Ella lleva la suerte puesto por puesto en un mercado del Cono Norte de Arequipa. A un sol cuestan sus ataditos de ruda que carga en la espalda. La vida es dura señala. Antes tenía un pequeño puesto ambulante, pero los fiscalizadores municipales ahora no la dejan vender en la vereda. Aunque los pies y las rodillas duelan, ella se ve en la necesidad de ofrecer su mercancía caminando.

Se levanta a las 4:00 de la madrugada para alimentar a sus animalitos. Alista sus hierbas y las carga en la espalda con la esperanza de venderlo todo, para pagar el almuerzo y la cena del día. Unos 10 soles de ingreso diario le sirven para sobrevivir a esta viuda y madre de tres hijos, de estos solo el recuerdo, pues cada uno hizo su vida fuera de Arequipa.

La prisa de un mundo que no va al ritmo de sus cansados pasos no la detienen. Julia solo ruega al cielo que su fatigado cuerpo no le falle mientras tengan la necesidad de sobrevivir.

AL QUE MADRUGA …

Quien dijo que la vejez es el ocaso de la vida. Para estos adultos chambeadores la nobleza de sus canas y cada arruga que se dibuja en su rostro son distinciones ganadas por su arduo empeño de sacar adelante a sus familias, en medio de difíciles situaciones que no les dan tregua para descansar.

Judid Castillo Lira inicia su jornada diaria a las 2:00 de la madrugada. Con los fogones al máximo pone a hervir las frutas, hierbas y el guiñapo para preparar sus aguas frescas y la rica chica, que luego vende en su puesto comercial. Unos 200 litros por día.

Está a poco de cumplir las seis décadas y lleva 17 años dedicándose a esta tarea incansable. Su motor son sus cuatro hijos a los que aún apoya. Además, debe trabajar para mantenerse, pues enviudó y no cuenta con otros ingresos. El sacrificio de levantarse cuando la ciudad duerme le trae satisfacciones, pues el negocio no va mal.

Encontramos otro viejo roble, tomando un baño de sol al lado de su puesto de sombreros frente a la iglesia del pueblo tradicional de Zamácola. Aunque no quiso identificarse, este ex hombre de mar, se gana la vida en las calles, pues a “los viejos ya nadie les da trabajo”, aunque tengan experiencia.
Dice que tiene 85 años, nació en Mollendo y trabajó muchos años en el puerto. Aprendió mil oficios, viajó a Ilo y luego a Arequipa. Así pasó su vida, tuvo hijos y estos echaron sus alas a volar.

Reniega porque las ventas son bajas, aun así, se resisten a jubilarse, aunque el cuerpo duela continúan laborando por necesidad. Sabe que está prohibido cansarse y no tiene con quien quejarse.

VULNERABLES

Las personas adultas mayores son aquellas que tienen 60 años a más, según la legislación nacional. Existen situaciones de riesgo que afectan sus derechos a la vida, salud, integridad, dignidad, igualdad y la seguridad social, entre las que se encuentran la pobreza, el maltrato, la violencia, el abandono y la dependencia. También la discriminación por la edad genera condiciones de desigualdad que impiden que continúen participando activamente en la sociedad.

La Constitución reconoce una especial protección a las personas adultas mayores, por lo que las políticas de Estado deben ser adaptadas para garantizar la prestación de programas y servicios que garanticen el goce y ejercicio de sus derechos bajo un enfoque que concibe a la persona mayor como sujeto de derecho.

Por ello, la Defensoría del Pueblo considera a las personas adultas mayores como uno de los grupos de atención prioritaria y sus intervenciones se encaminan a la protección de sus derechos a través de las siguientes acciones: supervisión de la administración estatal, promoción de derechos, fortalecimiento de capacidades y coordinación interinstitucional. Nuestras acciones se desarrollan principalmente en los siguientes temas: derecho a una vida digna y libre de violencia, derecho a la pensión, salud, derecho a la participación, acceso a programas sociales y servicios de cuidados.

INICIATIVAS

Desde los gobiernos locales, las actuales gestiones han iniciado este año programas sociales en favor de los adultos mayores, para tratar de darles una mejor calidad de vida, entendiendo que muchos son de bajos recursos y expuestos al abandono.

Los adultos mayores en el distrito Mariano Melgar cuentan con espacios para recrearse y también talleres de manualidades, para que puedan obtener algunos ingresos extras. Los abuelitos asisten de lunes a viernes de 9:00 hasta las 12:00, a los locales del centro cívico, Santa Rosa, Atalaya, Señor de Los Milagros y Jerusalén.

 

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