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Historias de amantes de los vochos

24 de junio de 2019
Ayer los vochos salieron en pasacalle para celebrar su día. Los conductores renovaron su pasión.

Clásicos, pero vigentes. Los amantes de los vochos destacan la funcionalidad del carro. Algunos no tiene solo un auto.

Por Gustavo Callapiña

En un mundo en el que año a año salen nuevos modelos de vehículos, autos y demás medios de transporte, aún existen apasionados por los clásicos Beetle Volkswagen. Los famosos vochos no han pasado de moda y no lo harán en un buen tiempo. Las historias de David Velarde, Félix Varhen y Vidal Esquivel demuestran esta premisa.

En junio de cada año, a nivel mundial se celebra el «Día del vocho». En la Ciudad Blanca cientos de aficionados y dueños de estos vehículos se reunieron en la plaza Las Américas para dar un recorrido por las principales calles y avenidas. En su peripecia llegaron hasta la Plaza de Armas. Allí pudimos conversar con tres sobre su pasión de contar con uno de ellos. ¿Qué hace que en un tiempo de cambio constante en gustos y preferencias, estas personas se aferren a los gustos clásicos de tener un Volkswagen?

Félix Varhen puso como nuevo su auto.

“Estos carros se hacen querer”, concluye David Velarde, mecánico de profesión, sobre su pasión por contar con una de las variantes de estos vehículos, el denominado bus Volkswagen. Antes de inclinarse por estos gustos prefería autos de otras marcas y estilos. Hasta que tuvo un auto de la marca alemana y empezó a encariñarse con ellos por su funcionalidad.
“En mi vida estos carros se han ganado su espacio a pulso. Tengo tres vehículos de esta marca y la verdad que una de las cosas que más valoro de ellos es que son carros recontra funcionales, si se te malogran, puedes agarrar un desarmador y tú solo repararlo, y aprender el funcionamiento de ellos es muy fácil”, comenta Velarde. Adquirió hace dos meses uno de sus vehículos de parte del dueño de la panadería Las Américas y piensa «tunearlo» (acondicionarlo) pintándolo, y arreglando el interior del mismo para que forme parte de su colección.

Félix Varhen es otro de los amantes de esta marca. Siempre quiso tener uno de ellos, pero que no sea de los clásicos vochos que se ve a diario en las calles. Quería uno especial. Quería un Karmann Ghia.
“Hace muchos años conocí a un señor que tenía uno de estos, estuve a punto de comprarlo, sin embargo debido al alto precio que pedía la venta no se concretó, pero me quede con las ganas de tener uno, así que busque en internet y vi que uno de ellos estaba a la venta en Lima, así que viaje hasta allá para traérmelo”, comenta.

La peculiaridad de este modelo, tipo deportivo, es la poca cantidad de los mismos que se fabricaron. Eso fue lo que le llamo la atención a Varhen para tener uno de ellos. Una vez que lo logró, tocaba el paso siguiente, darle su toque personal y convertirlo en lo que hoy es: un auto de colección que recorre las calles arequipeñas.

voch

Vidal Esquivel recuerda que su pasión por este auto empezó hace 15 años.

“Cuando lo traje había que restaurarlo, así que traje repuestos de todo lado, y le implementé aros, líneas, hice el tapizado de los asientos, le mejore los espejos, y así poco a poco tratando de que sea más bonito sin que pierda su toque clásico”, señala. Sentir lo que uno sentía cuando era pequeño. El sonido del motor, la forma del carro, y estar adentro de uno de ellos es lo que hizo que Vidal Esquivel decida comprarse un vocho.

“Esta pasión mía comienza ya hace unos 15 años más o menos, yo siempre soñé con tener un carro así y lo quise hacer porque subirse a uno de ellos es como regresar en el tiempo y vivir la felicidad que uno sentía cuando de niño se subía a los carros chocones. Esa es la emoción que siento cuando subo a un vocho”, dice Esquivel, mientras detalla que la pasión para acondicionar o tunear su vehículo le costó cerca de seis mil dólares que valieron la pena.

Con la colocación de un «termo cooler» puede disfrutar de aire acondicionado en este vehículo que no contaba inicialmente con este servicio. Además de instalarle una parrilla para llevar maletas y otros artículos en sus constantes viajes que realiza a Moquegua.
“Muchas personas me han dicho como vas a invertir tanto dinero en un carro antiguo, pero subirse a uno de ellos no tiene comparación alguna”, dice el hombre que convirtió su pasión de niño en un sueño de adulto.

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