Arequipa

Hombres detrás de la cocina y ollas

23 de junio de 2019


En el programa Qaly Warma, que brinda desayunos a más de 123 mil niños de los colegios de Arequipa, no solo las mujeres se hacen cargo de la cocina. Más de 130 varones son jefes de la sazón. Su único objetivo es alimentar de forma saludable a pequeños de escasos recursos. Conozca historias de hombres que se levantan a las 3:00 de la mañana para alimentar a más de 300 menores de paladares exigentes y «exquisitos».

Por: Elizabeth Huanca U.

El mundo de las cocinas y ollas dejó hace mucho tiempo de ser solo de mujeres. Los hombres han incursionado a punta de buena sazón y con el mandil bien puesto en el ambiente de los cucharones y carnes y han salido con nota por demás aprobatoria.

Sin embargo, imagina a varones cocinando para más de ¿200 o 300 niños pequeños? ¿Levantándose a las tres de la madrugada todos los días para elaborar recetas nuevas y tratar de enamorar los difíciles paladares de los más pequeños de casa?

En Qaly Warma de la región Arequipa, el programa del Estado que brinda alimentos y desayunos para estudiantes de los colegios estatales y de bajos recursos, más de 320 varones, la mayoría padres de familia, lideran las cocinas escolares; son cocineros o amigablemente llamados “manipuladores”.

El programa en mención atiende en Arequipa con alimentos saludables y especialmente ricos en hierro a 123 mil 371 de mil 624 instituciones educativas de nivel inicial y primaria. El 80% de colegios lleva a una mujer como la «cocinera» principal. El resto son varones.

DIFÍCIL LABOR

Frank Erick Soto Loja tiene 42 años, es abogado penalista, graduado en la Universidad Nacional de San Agustín, pero su mayor pasión es la cocina. Es chef profesional; estudió gastronomía en la Universidad Iberoamericana de Colombia donde vivió desde los 17 años hasta los 38. Se fue para estudiar, pero los aromas de condimentos los sedujeron más y decidió especializarse en la comida.

Hace 4 años retornó a Arequipa, su tierra natal, decidido a empezar una nueva vida. En Colombia se casó y tuvo dos hijas de 15 y 16 años. Hoy está alejado de su pareja pero no ha perdido contacto con sus “niñas”. Dos veces al año viaja al país cafetero para demostrarles su amor con lo mejor que puede ofrecer, su comida.

En la Ciudad Blanca, logró un segundo doctorado en el mundo jurídico, pero la cocina volvió a llamarlo. Una convocatoria como docente de cocina en el Colegio Padre Damián lo devolvió a su verdadera vocación. Allí enseñó a 800 niñas los placeres de la comida y postre.

Hace cuatro meses vio a través de una convocatoria hecha por el colegio Arequipa que solicitaban un cocinero para preparar desayunos escolares del programa Qaly Warma. Postuló y le ganó a más de una decena de aspirantes, sobre todo mujeres. Desde entonces día a día, cocina para 397 niños.

Franck reconoce que cocinar para infantes no es fácil. Ellos son “exquisitos” para aceptar comidas que no sean hechas por sus madres. Por eso cuando cocina para ellos, imagina que lo hace para sus hijas para que los pequeños sientan en el colegio como si estuvieran en su casa. “Me encanta cocinar, creo que la fórmula está dando resultado”, dice entre sonrisas. Este amable hombre de muy buen trato y de harta paciencia.

En Qaly Warma no existe el huevo frito, el té o la leche de tarro como “salvavidas” para las madres que por su ajetreada labor muchas veces no pueden preparar algo nutritivo en el desayuno. En este programa, la improvisación no vale. Y es que, los chefs deben ingeniárselas para hacer manjares con productos que muchas veces a los niños no les gusta. Así deben utilizar, quinua, harina de habas, sangrecita, bazo, hígado, mollejitas. “La comida es una magia. Nada es feo si se cocina con amor e ingenio”, comenta.

SAZÓN VENEZOLANA

En el Colegio Santa Dorotea del Cercado, Manolo Colmenares Carles alimenta cada mañana a 200 niñas. Es especialista en cocina internacional. Es Venezolano y hace cuatro meses ha iniciado esta nueva experiencia.
Antes de la crisis, laboraba como chef en su país, también se paseó con su sazón por Aruba, Uruguay y otros lugares del Perú. Confiesa que nunca pensó tener como comensales a niñas de 6 o 7 años, que a su criterio, son las más exigentes e inflexibles juezas. “Cuando a un niño no le gusta algo, no come y punto”, señala. Pero él no se hace problemas. La cocina es un mundo sin fin de donde siempre sale una nueva idea.

Manolo ha aprendido nuevas recetas en Arequipa. Dice que al principio le costó adaptarse a ciertas recetas sobre todo en los alimentos bebibles que son espesas. Admite que nunca imagino hacer Api con limón, o quinua con piña y manzana. En su país, las mezclas son distintas, pero las de aquí, lo han logrado conquistar.

Este chef con un matrimonio de 24 años de casa y tres hijos, no ha llegado con los “cucharones” vacíos y ha adaptado una receta venezolana a la sazón de Arequipa a la que ha denominado “Pabellón arequipeño”. En Venezuela el plato es conocido como “Pabellón Venezolano”. Un guiso criollo con arroz, frejoles y charqui (muy menudito) que va acompañado con plátano y ensalada de palta. Manolo cuenta que al principio dudó en preparar el plato para niños, pero al ver que este gustaba, lo hace al menos una vez a la semana. Cocinar es como una terapia, lo ayuda a volver imaginariamente a su país y a los brazos de su esposa y a sus hijas, dos ellas en el Perú, pero en regiones distintas. Además sabe que a través de él, de sus comida, muchas niñas, llenan su alma, porque para él, la buena y saludable comida no solo sacia el estómago. Hace niños felices y sanos.

 

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