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Katya Adaui: “Yo vivo de escribir”

10 de noviembre de 2018

Katya Adaui, joven escritora tiene cuatro libros en su trayectoria: Nunca sabré lo que entiendo, Algo se nos ha escapado, Un accidente llamado familia y Aquí están los icebergs.
Escritora, guionista, fotógrafa, viajera. Odia las matemáticas y le gusta el deporte. Confiesa ser distraída, anota todo y vive de escribir.

Por Christiaan Lecarnaqué L.
Fotos: Adrian Quicaño P.

Antes de una sentarnos en una pequeña mesa del restaurante del hotel Casa Andina de la calle Ugarte, Katya Adaui, me confiesa que su padre es arequipeño, y que probablemente tenga familiares en la ciudad, incluida una destacada colega periodista hoy alejada de la prensa. No es la primera vez que llega a la Ciudad Blanca. Ya lo hizo varias veces. Incluso hay unas líneas dedicadas a la ciudad en su último libro de cuentos “Aquí hay Icebergs”. Después de consumir el tradicional pastel de papá inicia esta entrevista.

-Dedicaste 12 horas todos los días a escribir tu libro de cuentos “Aquí hay icebergs”. ¿Cómo ha sido posible esta hazaña?
Dosificaba. Me dedicaba todos los días. Me fui a Buenos Aires a estudiar una maestría, entonces los días que no había clase, me iba a un sitio me quedaba en mi casa y empezaba al mediodía y terminaba a la medianoche cuando ya me dolía el cuerpo porque la estaba pasando bien, haciendo los cuentos. Cuando tú solamente te dedicas a escribir, tratas de aprovechar el tiempo.

-¿Te enfrentaste a la temida hoja en blanco?
No creo en la hoja en blanco. Lo creo es que hay que sentarse y va venir la idea, pero hay que darle ese tiempo para que la palabra suceda y llegue a ti. Pero es un tiempo de preparación de alimentación del mundo interior. Va llegar. Una profesora decía que la hoja no está en blanco, sino que ya está escrita y lo único que se hace es limpiarla y lo trato de ver así. Uno ya tiene la idea en la cabeza, ya tiene una primera frase. Tienes que tener paciencia para que llegue a ti y suceda ese momento.

-¿Cuantas veces reescribías el texto?
Incontables. Porque en realidad escribir es rescribir, no hay otra forma (…) Soy terca en eso, me gusta editar y me gusta mucho editarme y llega un momento que me doy cuenta cuando estoy cortando mucho, podando mucho. No mato todo y trato de tener un equilibrio en lo que debe irse y debe quedar.

-Eres de las que rompía las hojas en el colegio cuando tenías un error
Jamás. No tengo ese tipo de obsesión. Me encantaba la tachadura, que quede el borrón, me parecía natural, humano. Lo normal es que esté tachado y sucio y encima los borradores de papa en mi época eran bastante engorrosos. Si me pasó que cuando yo estudiaba periodismo, en mi casa, no teníamos computadora teníamos una máquina de escribir eléctrica. Mi papa se robaba el papel de fax (ríe) y con ese papel no podía corregir, aprendí a editarme, porque lo cortaba en el piso, cortaba los textos, los pegaba, cambiaba el orden, esa hoja cortada a molde a A4 se la daba a mi papa y me la fotocopiaba y me traía el texto como estructurado y eso volvía a tipear. Yo hacía un trabajo muy manual y así es como veo la escritura, como un trabajo muy manual, es un trabajo muy humilde, donde el ladrillo es tu palabra, donde tienes que moldearlo y moldearlo con mucha paciencia.

-Cuál fue tu sensación cuando terminaste el libro
La sensación, creo, es cuando terminas cada cuento, como no es una novela, no es un todo. Sientes que el cuento ya está más o menos. Nunca vas estar satisfecho plenamente (…) Cuando llegué a Lima, sentía que no había acabado el libro. Lo trabajé un tiempo más, antes de entregarlo a la editorial. Es una sensación rara, es como la vida misma, es la euforia que le muerde la cola a la tristeza más honda, porque está dejando ir algo que ya no es tuyo sino del que lo lee, y al mismo tiempo tienes la alegría que salió, que existe, que está vivo.

-Por algunas entrevistas que concediste entiendo que la razón del título de la obra es que te refieres al lado B de las personas
Hay un cuento que se llama “Alaska” que es una cartografía familiar, es como la ruta de una familia a lo largo de sus rastros de migración. El narrador recuerda que si fuera cartógrafo escribiría un detalle en el mapa familiar: Aquí hay iceberg. El hielo cuando flota separado puede acoger al mamífero más grande y llevarlo a la deriva, cuando el hielo se desprende se forma mucha vida alrededor, se convierte en la casa de otros animales. En zonas de Alaska tú no puedes enterrar a nadie, es tan duro el hielo que no lo rompes, pero si vas a con un punzón de biólogo y penetras el hielo, está el ADN de la vida e igual se puede derretir y luego endurecer. A mí lo que interesaba era lo maleable de la memoria con la metáfora del agua, porque tanto el agua como la memoria adoptan el empaque que los contiene, y la memoria es así, como caprichosa, vacías eso, pero queda algo pegado que no es igual a lo que otro recuerda.

-Cada uno tiene una forma de recordar
Cada uno tiene una forma de recordar y nunca es igual. Dos gemelos nacidos al mismo instante no recuerdan lo mismo jamás

-Hay dos cuentos donde se habla de la relación madre e hija. Su relación es frontal. ¿La cordialidad es posible?
Me importaba que el libro empezara y terminara con una figura materna muy poderosa y con hijas que se rebelaran a estas madres. Porque en la ficción puedes hacerlo: puedes matar condenar a los padres y no hay delito. Es un espacio donde puedes hacer que las personas colisionen y la relación más sagrada es la de madres y sus hijos. Qué pasa si la madre es perversa y el hijo no, como se defienden de ese primer amor que debería quererlo incondicionalmente. Yo creo que ningún amor es incondicional, porque somos humanos y todos sufrimos y en consecuencia todos podemos fregarla en cualquier momento. El primer cuento es un retroceso del recuerdo 68 al primer recuerdo de una persona. En este recuerdo la mujer pasa a ser una niña y pierde lenguaje con lo cual no se le entiende de alguna manera, no se puede comunicar con el mundo, y el último cuento, que tiene una estructura más dramatúrgica, esta madre e hija se enfrentarán por el padre, el tema el dinero del padre que había muerto, pero ellas dos habían muerto también, era una comparación muy inteligente de dos mujeres que ya estaban a la misma altura, ya no eran una madre y una hija, sino dos mujeres peleando por un hombre y por dinero diciéndose sus verdades a la cara, y las dos pierden. Como en una guerra, no hay ganadores.

-Qué parte de tu vida personal está en los cuentos
Esta y no está, porque creo que no puede narrar todo. Uno tiene que aprender a convivir con sus secretos y dolores, enfrentándolos de alguna manera, entonces hay cosas muy autobiográficas y también hay cosas que a mí me inquietan como la idea de la eutanasia. (..) este tipo de cosas me inquietan y mucho. Cuando uno decide morir, cuando uno decide matar y por qué o estos amigos en “El color del hielo” que se van a Ticlio y disparan a una señora (…) estos dos cuentos son de noticias. Pesco muchas noticias y trato de contar un cuento.

-Y el cuento de este personaje que se equivoca de departamento o lava un auto que no era de su amigo. ¿Es una parte tuya o ficción?
Hubo una parte que pasó. Cuando vivía en Argentina, en el momento que buscaba casa, una amiga me prestó la suya, pero era un edificio más parecido al otro. Por dentro era un calco y me confundí de piso, me quedé atorada y causé un momento muy incómodo al señor del otro lado. Todo acabó todo muy poco cordial y entendía los motivos. Pero en el cuento conversan mucho. Nunca se ven las caras y los dos están muy solos en el mundo. Hay cositas que me pasan, o que escucho y leo las noticias y que son disparadores, anoto mucho.

-Pero distraída no eres, ¿o sí?
Claro que soy muy distraída. Soy muy atenta para lo que me interesa y para lo que no, soy un desastre. Tengo que anotar todo, porque me olvido. Pero ahora que tengo muchos trabajos tengo que anotar todo para no fallarle a nadie. Vivo como muy pendiente.

-¿No necesariamente las historias de tu familia son insumos para tus libros?
No necesariamente. Sabes qué pasaría con eso, que se agotarían. La familia es inagotable. Hago una combinación que mi mente es tramposa, es como un pescador que pesca de todos los lados, del lago, del río, la piscina, eso hace un escritor, va armando a través de psiquismo, ideología, personaje, atmósfera, psicología, arqueología, vas armando estructuras y seres en conflicto. Si no hay estructura y conflicto, no hay narrativa. La literatura es conflicto y lenguaje. Cuanto mejor es el conflicto más te acuerdas la historia.

-Es cierto que tu mamá le dijo a Alonso Cuento: “Mi hija es un accidente”
Sí (ríe), pero fue un chiste, porque mi libro se llamaba “Un accidente llamado familia” y le hizo ese chiste a Alonso (Cueto), porque lo admiraba mucho. Viste que cuando te pones muy nervioso y quieres romper el hielo y dices algo que te sale y no debes. Fue una broma.

-Como tomas los elogios. Beto Ortiz cedió una de sus columnas para tomar un fragmento de una novela tuya.
Lo tomo con calma. Me importa y no. No me lo tomó muy en serio. A mí me interesa la escritura. No importa las entrevistas, los viajes. Me importa que uno esté con el poto en la silla, eso es lo que a mí me importa. Yo tengo que escribir. Que se me juzgue para bien o para mal, ocurre en paralelo y a veces en perpendicular. Me importa y no. Lo mío es pensar en la escritura, es lo que me hace feliz.

-¿Ya tienes tema para tu próximo libro?
Estoy escribiendo un libro de cuentos. El próximo año sale un cuento para niños.

-No porque uno ve muchas películas puede hacer una ¿Uno por qué lee mucho puede hacer un libro? ¿Se requiere técnica?
Si uno es un gran lector va estar movilizado a la escritura siempre. El que tiende a leer mucho es que en algún momento, al menos yo y los casos que he conocido, te provoca escribir y tu obedeces a ese llamado o no. O haces y nunca lo muestras (…) Para escribir tienes que tener mundo interior, técnica, y tiempo para fracasar. Porque a la primera no va a salir, ni a la segunda, tercera o cuarta. Si tú no te das ese tiempo para fracasar para que salga mal, para que luego salga bien, estás precipitado y va ser tormentoso. En el proceso hace mucho bien fracasar porque sale mejor. Confío mucho en los primeros cuentos que no salen. En ese guion que te cuesta hacer cinco seis ocho versiones, pero cuando está tú dices no estoy estafando a nadie, entregué lo mejor de mí. Ese tiempo para fracasar, noto que no existe muchas veces porque hay un desespero por publicar, porque se confunde el trabajo del escritor que no es viajar, cierta fama. La vida del escritor es estar escribiendo y si no estás escribiendo también estás escribiendo, alimentas con viajes, amigas, caminatas, el mundo efervescente que uno tiene adentro, pero si alguien cree que la vida del escritor es dar entrevistas o vivir viajando está equivocado (…).

-Todavía tienes problemas con las matemáticas
Una vez que tienes problemas con las matemáticas, las tienes para siempre.

-¿Te sangró la nariz en un examen de matemáticas?
Me sangraba mucho la nariz de chica y en un examen me sangraba mucho. Una vez me dio blefaritis (inflamación del párpado), se me obstruyó un ojo, con mi enorme parche no pude dar el examen. Yo he llorado por matemáticas. Pero felizmente escribía y corría. Escribía poco, leía y corría mucho, y ese moverme entre la velocidad de la carrera y la parsimonia de leer, así sigo siendo ahora.

-Quizás esta fue la prueba que debías dedicarte más a las letras que a los números
No, porque no fue una decantación por rechazo. Yo tenía nueve años cuando le dijo a mi mamá que yo iba a escribir. Voy a ser atleta y voy a escribir. Siempre lo tuve claro. Mi blusa que te pintan en quinto de secundaria, me escribían: ‘para mi amiga la cuentista’. Yo ya sabía. Tuve esa suerte. Y lo único que hice fue confirmarlo cuando me fui a estudiar, que yo me iba a dedicar a esto y que iba a tratar de vivir de esto, porque la vida se va en un tronar de dedos y no iba a perder mi tiempo no haciendo lo que más feliz me hace.

-Se puede vivir de ser escritor
No escribes de vender tus libros, pero vives de escribir. Yo siempre he vivido de escribir. He sido redactora de canal N, jefa de redacción de Yanbal y ahora tengo seis trabajos de escritura. Vivo de escribir y vivo escribiendo. No gano un montón de plata, pero tenga flexibilidad de horarios, pero eso para mí es genial para poder viajar a donde me inviten o decir una tarde me voy a nadar. Pero trabajo mucho escribiendo, entonces lo paso muy bien, sobre temas que me interesan.

-Y sigues haciendo deportes
Si, bicicleta, camino mucho, no nado hace mucho tiempo, el deporte es lo que me encanta y me mantiene. He elegido deportes al aire libre que me permiten observar, escuchar, atender, estar despierta, muy atenta. Lo que pasa afuera es tan interesante como pasa adentro de uno mismo.

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