Arequipa

La actividad minera del siglo XVI en la región Arequipa

16 de mayo de 2015
La actividad minera del siglo  XVI en la región Arequipa
Por: Hélard André Fuentes Pastor

Durante la época colonial, la explotación minera en el país se presenta como uno de los sectores más importantes que orientó la vida económica. Esta atención se debe en gran medida a la codicia de los españoles por los metales preciosos, como menciona el ideólogo José Carlos Mariátegui, esto es lógico tratándose de “un siglo en que, tierras tan distantes casi no podían mandar a Europa otros productos– empujó a los españoles a ocuparse, preferentemente, en la minería. Su interés pugnaba por convertir en un pueblo minero, al que, bajo sus incas y desde sus más remotos orígenes, había sido un pueblo fundamentalmente agrario. De este nació la necesidad de imponer al indio la dura ley de la esclavitud”. Ciertamente, esta historia de esclavitud, servilismo y corrupción, surgió en la época colonial, volviéndose una de las actividades más importantes, relegando al agro durante siglos y heredando sus ínfulas de “desarrollo” a la naciente sociedad republicana.

 
El historiador Fernando Silva Santisteban, considera a la minería una de las “fuente[s] más copiosa[s] de recursos con que contó el Estado español”, pues en torno a este sistema (radicalizado desde el siglo XVI) giraron las políticas económicas que caracterizaron al Virreinato del Perú. A su vez, Silva Santisteban, no se equivoca al mencionar lo siguiente: “Significó la más ignominiosa explotación del hombre por el hombre y el factor principal de la merma y padecimientos de la población aborigen”. No podemos dejar de afirmar que esta realidad impera en la actualidad.
 
Se dice que cuando se agotaron los tesoros de los templos y palacios incaicos, los conquistadores buscaron afanosamente las minas de donde los indígenas extrajeron los metales preciosos; naturalmente, el uso principal de los minerales en la época prehispánica tuvo valor ornamental. Inmediatamente, muchos hispanos se volvieron mineros y comenzaron a explotar esta materia prima de forma desmedida, incluso como menciona J. M. Valega, “el trabajo minero era obligatorio. Quien paralizaba el laboreo perdía sus derechos en las minas”.
 
Los principales focos extractivistas en el Perú colonial fueron: Potosí y Porco, los cuales son considerados por los estudiosos como las primeras socavas de plata que se explotaron dada su abundancia; luego siguieron Ica, Nazca, Carabaya, Cusco, Puno, Cajamarca, Cerro de Pasco, Castrovirreina y Huancavelica. Pronto este sector se convirtió en uno de los más importantes para la Corona y los gobernadores o virreyes, dictando ordenanzas con la pretensión de favorecer su usufructo. Sería interesante y significativo determinar la cantidad de metales que se extrajeron de las minas peruanas y de la región sur.
 
Para Valega, el tiempo próspero de la explotación fue durante el siglo XVI; según el investigador, en el siguiente siglo decae fundamentalmente por “el empirismo en la explotación y en el beneficio de los metales; la falta de caminos para el transporte; la ingente suma que por intereses cobraban los habitantes; la despoblación indígena, etc.”; y es que se trataba de una actividad de serios y complejos requerimientos. Empero, en términos generales, la minería floreció –pese a las dificultades de algunas épocas– debido a la abundancia y riqueza de los filones, la disponibilidad de una fuerza de trabajo y el descubrimiento del sistema de amalgamación, según afirma Fernando Silva.
 
Sobre este proceso, el historiador Pablo Macera presenta una periodificación de los primeros momentos de la explotación minera en América, menciona que se pueden distinguir tres fases: Predominio del oro (1503-1540), Equilibrio oro-plata (1540-1560) y Predominio de plata (1560-1630). Asimismo, especifica como los primeros yacimientos a los dos lugares citados (Porcos en 1540 y Potosí en 1545). Potosí estaba destinado a ser unos de los centros más importantes del país.
 
La primera referencia documental que guarda relación con dicha actividad en Arequipa data de 1546, donde se prohíbe emplear a los “indios” como cargadores en la localidad “eçebto [excepto] en lo de las herramientas de minas”. Precisamente, los indígenas siempre fueron la mano de obra del sector minero, íntegramente realizado por ellos era uno de los trabajos más temidos. Este dato debe guardar relación con el asentamiento en Potosí.
 
Hacia 1547, se da cuenta de una provisión presentada por el entonces gobernador Gonzalo Pizarro, donde indica que es necesario mantener paz y orden en todos los filones descubiertos y poblados en la jurisdicción de Arequipa. En este documento se sugiere que las minas están alejadas de la ciudad, y requieren de un “Alcalde de Minas”, el cual actúe conforme a las ordenanzas establecidas velando por el buen tratamiento a los naturales y la conducta de los mismos, así como el correcto desenvolvimiento, pues las implicancias en este sector solían producir hurtos, delitos y causas criminales.
 
Otro rasgo fundamental, es la autoridad de este cargo que se encontraba por sobre los españoles mineros y habitantes en dichos lugares. Resulta importante recordar que los principales explotadores de este recurso fueron “españoles particulares” y el cargo mayor en el rubro también lo ejercía un europeo, siendo el primer alcalde de minas, Francisco Tremiño; y también hubo un escribano mayor de minas, cuyo cargo en 1550 fue asumido por Diego Gómez.
 
Durante el cabildo ordinario de 1549, se discutió de las minas de plata de Potosí, este documento habla sobre la derrama que se hizo a los “indios” sitiados en aquella localidad. Lógicamente, para su mantenimiento se requería de esclavos para poblarla y encargarles directamente de la extracción; y pese a las disposiciones impidiendo los maltratos, hubo españoles que cometieron excesos, prevaleciendo su dominio, crueldad y abuso excesivo.
 
En otro legajo de 1555, apreciamos el diezmo de la mina, se indica que “del oro de minas y plata se pague el diezmo y que vaya baxando [bajando] cada vn [un] año hasta el quinto y que desde allí vuelva hasta el diezmo, conforme a la merçed que otra uez [vez] Su Magestad hizo a este reino, la qual por limitada espiró [expiró]”. Cuyo testimonio nos aproxima a los recursos explotados y el arancel de la actividad en contexto. La imperiosa práctica fue determinante afines del siglo XVI; y en 1580, Potosí se convirtió en una localidad minera con 120 mil habitantes, y 160 mil en 1650.
 
Si la minería significó cambios sustanciales para el Virreinato, a su vez fueron negativos frente a la forma de vida indígena, como señala Mariátegui: “El trabajo del agro, dentro de un régimen naturalmente feudal, hubiera hecho del indio un siervo, vinculado a la tierra. El trabajo de las minas y las ciudades, debía hace de él un esclavo”.
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