Columna

La confianza que saldremos del COVID

12 de mayo de 2020
Foto: Congreso de la República

Por Lucas Z. Granda

Uno de los instrumentos habituales para las y los sociólogos son los talleres participativos que se realizan para entidades privadas, públicas, voluntariados y demás, considerando diferentes grupos de la sociedad civil organizada, es concurrente hacer preguntas de manejo de escenario, que te ayudan a conocer las percepciones de los asistentes, algunas podrían ser ¿quién confía en el Estado? ¿Y en el gobierno? ¿Confías en el Congreso de la República?, si la respuesta es un ¡NO!, rotundo, con carga de indignación y molestia. Podemos empezar a perfilar la idea que queremos dar a conocer, la fortaleza institucional de las entidades en el Perú, enfocándonos en algunas, por la coyuntura política y la gobernabilidad que se manifiesta en este estado de emergencia sanitaria, provocado por el COVID-19.

Otro gran instrumento es la matriz de involucrados que tiene cabida en proyectos de desarrollo social, delimitando el área de influencia y de estudio en un proyecto, para conocer actores que están a favor o en contra de una iniciativa. Bajo lo antecedido, es necesario establecer estos dos ejercicios, orientándolos a la educación ciudadana, que son: la matriz de involucrados y el sondeo de la opinión pública. Para poder configurar una visión informada y con argumento de base, sobre nuestra sociedad peruana. Y es en ese sentido que ira el análisis.

No, es la respuesta habitual cuando se conjugan las palabras confianza y Estado. Siendo una disyuntiva giratoria de muchos comportamientos de la población hoy en día, como la cuarentena, la informalidad o no tirar basura en la vía pública, pasamos a dar más luces en la explicación. El Estado es tan amplio y complejo, confluyendo muchas entidades públicas con diferente grado de institucionalidad. El Estado agrupa instituciones como: Congreso de la República, el Gobierno (el poder ejecutivo), el Poder Judicial, el Ministerio Público, la Contraloría General de la República, la Defensoría del Pueblo, el Banco Central de Reserva del Perú, entre otras más. Entonces cuando se dice que no hay confianza en el Estado, debemos conocer el funcionamiento orgánico y las ramificaciones de la estructura de cada entidad, para así poder determinar la confianza, que tiene que estar amparada en acciones verificadas y contrastadas que desacreditan o no, a las entidades públicas. Bueno, esa idea es una utopía en el sentido común de la población, porque la percepción de la coyuntura determina el grado valorativo de cada ciudadano y ciudadana con respecto al otorgamiento de la confianza, con un sesgo habitual, tradicional y transversal de los medios de comunicación de señal abierta.

¡Desconfía y acertaras! ¿Es el dicho no?, comencemos con la información que obtenemos de los diferentes medios de comunicación, esto no quiere decir que los análisis propuestos en los reportajes o notas periodistas estén errados, pero considerémoslo como insumos para definir nuestra percepción de confianza, ya que no podemos determinar esta como un ejercicio de elegir blanco o negro, hay matices, cosas relevantes, dignas de reconocimiento y otras rechazas, felicitando que sean denunciadas. Pondremos un ejemplo, en esta semana que se fue, tomaremos a la entidad del Congreso de la República del Perú.

El Congreso de la República acepto la renuncia de la Vicepresidenta Mercedes Aráoz, decisión respaldada por toda la población, ¿quedo demostrada la eficiencia del congreso? La polémica está presente siempre en política, pero esta vez en el ámbito normativo hay un vacío constitucional interpretativo con diversos escenarios posibles. El presidente no podría salir del país, porque las piezas de recambio se acabaron, y el presidente del congreso solo asume para convocar elecciones (una figura temerosa, si miramos en retrospectiva los últimos acontecimiento), y un funcionario público que no allá sido escogido por el pueblo en elecciones generales, no puede quedarse a cargo del despacho presidencial. Entonces hay muchos matices, ¿cómo determinas la confianza? ¿Y sobre que lo haríamos? El argumento, está bien o él está mal, queda reducido a una práctica que debe ser purgada en esta época de COVID-19.

Ya acercándonos a los sesenta días de cuarentena obligatoria, como país estamos viendo al desnudo la problemática real y diversa de nuestra configuración como país. Las críticas son muchas y vienen de todo lado, en muchos casos sin el ánimo de sumar sino de causar zozobra y temor en la población, pero las propuestas son pocas y no son consideradas, como por ejemplo la consulta a los gobiernos locales en sus acciones para contener las epidemias descentralizadas en el país, han sido silenciadas en un comienzo, ahora está mejorando la coordinación con el gobierno central.

El COVID-19 ha venido para quedarse un buen tiempo, así que nuestra cultura ciudadana tiene que cambiar, acostumbrada a un débil proceso de planificación, con deseo de resultados inmediatos, sin considerar las ventajas comparativas y competitivas de las acciones que se toman a diario por las autoridades. Recayendo en comportamientos como: no querer mantener los 2 metros de distancia, a no respetar la fila en el mercado, transitando sin una necesidad urgente, siendo vectores de contagios, y allí va nuestra solidaridad con nuestros compatriotas del norte, pero también acompañada a que respeten las normas, la institucionalidad del gobierno, confiando en las medidas que se han tomado, procurando que no nos convirtamos en un número más, sino ser parte de las y los que sobrevivimos para contarlo.

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