Arequipa

La contaminación del río Chili, principal afluente de Arequipa

16 de noviembre de 2020

El Chili, es el río más conocido de la región Arequipa y aún sufre de contaminación. Ha regresado a la normalidad que tenía antes de la pandemia, con basura en sus riberas, y un añadido que ha dejado la crisis sanitaria: los guantes, las mascarillas, y demás implementos que usamos para protegernos del virus han terminado botados en el afluente que cruza la Ciudad Blanca, la ciudad capital de la región sureña.

Por: Gustavo Callapiña Díaz

A 20 minutos de la Plaza de Armas de Arequipa se encuentra un antiguo mercado que hoy todos conocen como la ex Parada. Está ubicada a la margen derecha del río Chili, el más representativo de la llamada Ciudad Blanca. Si uno se acerca a la ribera ve una imagen desoladora: montones de basura, papeles, plásticos, y demás desechos. En medio de todo, dos ratas corren a esconderse ante la presencia de extraños. A solo dos metros, el agua del río que nace de la confluencia de los ríos Blanco y Sumbay sigue su cauce. 

Un panorama similar se encuentra a 10 minutos cuesta abajo. El afluente es usado irracionalmente como un basurero al paso. Buses, autos y custer transitan por el puente que une los distritos de Tiabaya y Congata. Allí al costado, se puede observar desde escombros, mayólicas, bolsas de cemento, botellas plásticas y todo elemento que el ser humano desecha una vez que ya no le sirve.

Estos puntos son solo dos muestras de lo poco que algunas de las personas que viven en esta ciudad respetan la naturaleza. Eso lo sabe muy bien el maestro Raúl Postigo. Tiene 62 años, y es un ciudadano común autorizado para hablar del tema. Vive en el Pueblo Joven 28 de julio, justo al frente del río y desde los 15 años, empujado por su primo recorre de abajo hacia arriba el Chili para hacer lo que más le gusta y es su hobbie de toda la vida: pescar truchas, sapos, pejerreyes, que son las especies que logra capturar con su caña de pescar o su atarraya (red redonda para pescar en aguas poco profundas), las dos herramientas más usadas para este oficio que requiere de paciencia. 

“El agua esta limpiecita, sino que botan la basura y contaminan con su cochinada. Yo cuando los veo botar les reclamo y les digo que voy a llamar al consejo para que las multen”, comenta don Raúl en referencia a los varones y  mujeres con las que se topa mientras está pescando.

Sus palabras tienen un sustento y un agravante que dio a conocer la Autoridad Nacional del Agua (ANA) en octubre último. En una campaña de limpieza organizada por la ANA y la Municipalidad Provincial de Arequipa (MPA), solo en un tramo de este afluente se recolectó 5 toneladas de basura que estaban regadas en el lugar. Desde llantas usadas, basura y botellas plásticas, y nuevos elementos descartables que aumentaron su uso por la pandemia: guantes quirúrgicos, mascarillas y otros elementos de protección  que hoy son usados por todos. Según las cifras de las autoridades sanitarias y de medio ambiente, la cantidad de desechos hallados este año es superior a lo que se recolectó en el 2019, cuando en una campaña de recolección similar fueron cuatro toneladas de basura recogidas en el Chili.

Kelly Villafuerte, subgerente de Gestión Ambiental de la MPA dice que desde que inició la pandemia en marzo, ha habido un incremento del uso de plásticos, esto por los servicios de delivery por el que optaron las empresas, así como las mascarillas y guantes, que al no ser desechados en los contenedores de basura o en los carros recolectores como debería ser, terminaron a lo largo de la ribera.

“Vamos a reforzar la sensibilización para que la población cambie el uso de las mascarillas descartables por unas de tela que son reutilizables. Usar ello, así como los guantes es importante para el cuidado de las personas pero se debe hacer un correcto depósito. Por más que tengamos un río o una quebrada al costado que nos invite a botar allí la basura ese no es el lugar correcto ni adecuado para hacerlo”, dice la funcionaria. 

“El Perú es un país con muchas leyes, pero sin ley”, dijo alguna vez el escritor Alfredo Bryce. La frase calza perfecta para las sanciones que existen por botar desechos en lugares públicos, como un río por ejemplo. Sin embargo, en Arequipa y quizás en el Perú aún se desconoce si alguna vez alguien fue multado por esa infracción. La multa – en Arequipa – para las personas que cometen esta ilícito es del 10 % de una Unidad Impositiva Tributaria. Una UIT esta valorizada en 4300 soles.  Villafuerte señala que vienen haciendo campañas de sensibilización hacía la población para que eviten desperdigar sus desperdicios en los espacios públicos.

A lo largo del tiempo y con el crecimiento de la ciudad, las cosas mejoraron de alguna forma en este río que da vida a la capital de la región Arequipa. Antes las aguas de los desagües eran vertidas a esta cuenca. Luego construyen la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales La Enlozada. 

El problema, es esa nula conciencia de la ciudadanía en cuidar, con pequeños actos, a este río que dicho sea de paso imparte una belleza única al paisaje characato. El Puente Bolognesi, es uno de los más antiguos que conecta al distrito de Yanahuara con el centro Histórico. Por debajo de él, se encuentra una pequeña catarata que es aprovechada por don Raúl para pescar. Con los buenos años que lleva en este oficio de la vida, dice que en esa zona hay más probabilidades de coger una trucha o más, las mismas que luego llevará a su casa, remojará en agua, y al día siguiente luego de sacarles las vísceras, venderá a sus vecinos del barrio.

“La trucha no te come cualquier cochinada. El agua es limpia, los que contaminan son las personas que todo botan al río. El otro día estaba en el puente que te digo y pum cae una bolsa de basura y eso asusta a las truchas que están comiendo del anzuelo”, comenta con notoria molestia.

De parte de la sociedad, la basura botada al paso ha sido y es el principal problema que enfrentó hace años el río y lo sigue haciendo hasta ahora. Por otro lado, existen los problemas estructurales. Según un reciente informe brindado por la ANA ante la Comisión Ambiental Nacional, aún existen vertimientos de aguas residuales en la cuenca Quilca – Chili a la que pertenece el río. En toda la cuenca identificaron 102 puntos de vertimiento de aguas residuales y otros 179 puntos críticos de residuos sólidos.

Con todos los problemas que enfrenta el Chili, sigue siendo aún un río en el que personas como Raúl Postigo y otros pescadores pueden encontrar especies marinas que luego terminarán en un plato de comida en algún hogar arequipeño, pero las cosas estarían mejor si se pusiera un grano de conciencia en nuestras actitudes diarias. 

Kelly Villafuerte, funcionaria del Municipio Provincial de Arequipa, comenta que para cambiarle el rostro al Chili, hay un plan esperanzador, pero a largo plazo. Se trata de un corredor ecológico a lo largo de las dos mil hectáreas de campiña que lo bordean. El objetivo es que cuente con zonas limpias y accesibles, con alamedas, zonas de acercamiento para disfrutar el paisaje.  El proyecto aún está en elaboración y su costo de manera preliminar sería de 40 a 50 millones de soles. El plazo de su ejecución aún se desconoce. “Esperemos tener listo el proyecto al otro año y empezar a conseguir los fondos”, acota.

Es un sueño. Falta aún mucho camino por recorrer, mientras tanto, la actividad más próxima es otra limpieza que se realizaría entre el 15 y 20 de noviembre. Una vez más, jóvenes voluntarios acudirán hasta el río para recoger aquella basura que llega hasta allí producto de las acciones humanas que a veces no tienen explicación.

DATO

Pese a la contaminación y dificultades que afronta, el Chili sigue siendo aquel distintivo de la Ciudad Blanca. Luego de superada la etapa más crítica de la pandemia por el coronavirus, las personas empiezan a salir de sus casas. Caminan por el centro de la ciudad, cruzan los puentes que conectan los distritos de Arequipa y se detienen a observar la belleza de la naturaleza. Conservarla así depende también de nosotros.

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