Arequipa

La dama de las coreografías

14 de junio de 2016
La dama de las coreografías

De niña quería ser bailarina de ballet, pero estudió enfermería y antropología. Fue la primera directora del Ballet Folklórico de la Unsa. Ha escrito un libro donde narra su mayor sueño.

Por: Rossmery Puente De La Vega P.
Foto: Miguel Zavala
Cuando llegaba la medianoche a Lucy Abarca Valencia solo le provocaba bailar con soltura. Mientras tarareaba la danza, imaginaba cómo debían moverse los pies acorde con la música. Aprovechaba el silencio para crear hasta las seis de la mañana.
Pasaba las noches y madrugadas en su casa, ideando coreografías. No encendía ningún equipo de música. Sobre el papel plasmaba los pasos simples y compuestos representados en aspas y puntos, que luego replicaba con los integrantes del grupo.
Abarca rememora esos momentos que dejó de dormir para conseguir su mayor sueño: la creación del Ballet Folklórico de la Unsa. Tenía 21 años de edad, cuando empecinada logró el respaldo para conformar la agrupación de danza, y se convirtió en su directora.
El viernes último presentó en un auditorio universitario el libro: “De un sueño… a la realidad”, donde narra anécdotas y vivencias del Ballet que este año cumple 45 años, y de sus integrantes. La redacción del texto fue a la medianoche, duró seis meses, mientras estuvo por razones familiares en Francia.
Uno de los relatos incorporados fue cuando el Ballet sufrió una rechifla, en el festival de San Bernardo en Chile. Duró diez minutos, luego de bailar el Huaylas. Los integrantes estaban apenados y desconcertados, cuando el maestro de ceremonias anunció su retorno al escenario. Explicó que chiflaban cuando algo les gustaba.
Abarca dedicó varios años a investigar sobre las danzas de Arequipa, para poder añadirles coreografías. Recurrió a personas y estudiosos sobre el carnaval, la pampeña, el montonero y otros bailes arequipeños. El hijo del compositor Benigno Ballón Farfán, le comentó que son siete los carnavales de Arequipa, pero uno es el popular. Cuando tuvo la información imaginó cómo podrían ir los pasos con la música.
Ella es la creadora de varias de las coreografías de danzas arequipeñas que bailaron integrantes del Ballet de la Unsa, que dirigió durante 26 años. La coreografía aporta belleza y movimiento a una danza, pero principalmente brinda información, precisó la exdirectora. 
GUSTO POR EL BAILE
La pequeña Lucy solía acudir religiosamente los domingos a las cinco de la tarde, a la ventana de la casa de la vecina. Desde ahí veía un programa de danza clásica que transmitían por un televisor en blanco y negro.
Luego replicaba los pasos por casi tres horas, encerrada en su cuarto. Lo hacía mientras escuchaba música clásica que transmitía radio Universidad. Tenía 8 años de edad, y piezas de Chaikovski y Beethoven, eran sus preferidas. El gusto por la danza, probablemente lo heredó de sus padres.
La primera vez que bailó en público en el colegio, con ocasión del día de la Madre, fue accidentado. Vestía un tutú (indumentaria que llevan las bailarinas de danza clásica) que formó con papel crepé. Al ritmo del tarareo de las madres de familia, se movió con el Danubio Azul, porque no hubo la música. Mientras ocurría, su mamá agitaba las pantis que compró tardíamente. Aquel incidente lo recuerda entre risas y tarareando.
A los quinces años ingresó a una academia de ballet que funcionaba en los altos de la biblioteca municipal, cuando la calle Álvarez Thomas se llamaba Ejercicios. Pronto se dio cuenta que le gustaba bailar, pero tenía las condiciones para sobresalir en ese espacio. Estuvo ocho meses.
Junto a sus hermanas y amigas formaron una agrupación de danza moderna, bautizada como “Las Apolo Five”, en alusión al proyecto de la Nasa que se realizaba en esa época. Bailaban música de los Beatles, Los Rolling Stones, en el programa de televisión “El Mundo de los Niños”, en el canal 6, y luego en distritos.
Abarca estudió enfermería y antropología en la Unsa. Pero durante tres meses soñó con la conformación del ballet folklórico universitario hasta casualmente se cruzó en su camino, con el director de Proyección Social, quien aceptó la idea. Le encomendó la dirección, que ella aceptó en medio de vacilaciones. Así comenzó la faceta más intensa de su vida. Al inicio tuvo problemas para lograr acuerdos con los integrantes sobre las coreografías. Ahí decide dedicar tiempo para la creación, durante las noches y la madrugadas. 
Dejó el Ballet universitario, viajó a Francia, donde enseñó danzas folklóricas de Arequipa, realizó una presentación en Unesco, en París y en otros eventos. Actualmente tiene 66 años de edad, sigue balando sola en casa, en las noches, al ritmo de una salsa. El viernes último durante la presentación de su libro, también hubo danza, una marinera arequipeña bailada con sus coreografías, añorando aquellos años.
 
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