Columna

La Disociación de los Poetas Vivos

12 de diciembre de 2019
Fuente: Propia 2016, Las Paltas del Distrito de Chichas. Refleja el sueño.

¡O capitán, my capitán! Una frase que puede significar muchas cosas y pocas a la vez. Y esto último será el tema, pocos serán los poetas muertos que los vivos, pocos serán los que encuentren un significado a la película “La Sociedad de los Poetas Muertos” y también pocos serán los que verán mucho más que el drama, el suspenso y la historia de la película; pero muchos han sido, son y serán los poetas vivos, los “realistas”, muchos serán los que quieran apagar los sueños, las utopías, y muchas serán las personas que nacerán, las que “viven” y las que se van o se han ido o ni sabemos cómo se fueron.

Es una película “La Sociedad de los Poetas Muertos” solo eso, lo mismo decían de Jerusalén solo es una ciudad, pero murieron miles de personas en las cruzadas y las famosas guerras santas. La relevancia de las cosas o sucesos no se homogeniza para todos y todas, sino que obedece a una subjetividad, un interés y es algo hasta personal. Es lógica esta premisa, pero esta no va acorde con las corrientes postmodernas, la ¡“magnifica tecnología”!, la ¡cultura global! donde el mundo se interconecta y  alcanza un ¡desarrollo! en todas sus dimensiones. Desde esos cambios se plantea una lógica más “fácil”, menos agotadora, como para ahorrar tiempo, que es consumir, gastar, reproducirse, dormir y morir. ¿Menos trabajosa, no? Esta relevancia no obedece a reglas, normas ni mucho menos a estandarizaciones, sino simplemente a lo que le importe y le guste a cada persona, el problema es si sabes lo que quieres o te interesa.

Es la segunda vez que miro la película “La Sociedad de los Poetas Muertos”, la primera vez que la vi, me quede en mi carrera profesional de “SOCIOLOGIA”, porque la homogenización me decía que me vaya por el camino de las leyes, la medicina o alguna ingeniera que me llene de “dinero los bolsillos”, y esa vez que por primera vez vi la película solo saque una frase que me impulso a esta decisión “vivir deliberadamente, vivir, solo vive”. Para esta segunda vez, conversando y caminando con amigos, uno de ellos dijo “esta es una película de culto”, de la conversación nace la pregunta: ¿Si nosotros fuéramos esos poetas muertos de la película, y pensáramos así, cómo “pensaran” los poetas vivos?, ¿A qué reflexiones llegaran? ¿Sera una película más, que a unos les provocó algunas lágrimas o carcajadas? O será ¿Un llamado de atención para los que alguna vez se prometieron vivir, y no ser vividos? O será ¿Una reflexión sobre si están viviendo o no? .Esta segunda vez que vi la película aún me hago la pregunta, buscando alguna respuesta así “estoy viviendo”. Seguramente en una tercera vez que la vea será la misma pregunta, pero con diferente respuesta.

“La Sociedad de los Poetas Muertos”, es una película extraordinaria, con la actuación de Robin McLaurin Williams (comediante y actor estadunidense – el mundo perdió un grande, siendo el tan pequeño); y sería un error si se la calificara como motivacional, de autoayuda, de superación o cualquier otro calificativo de aquellos poetas vivos a los que les significo una película más. Esta película para los soñadores, los poetas muertos y los utópicos, significa todo y nada, no hay significado o idea que homogenice a este grupo, no la hay, lo único que se puede afirmar, es que aún siguen buscando la respuesta a la pregunta ¿Estoy viviendo?

Creo que ya rendí mi culto como lo dijo un amigo, mencionando cinco veces la película “La Sociedad de los Poetas Muertos”.

Parecerá literatura light este ensayo, es que son muy pocas las veces cuando escribes de corazón y usando la razón, no como Paulo Cohelo que lucra con el corazón y la sinrazón de la gente que “dice” leerlo. La indiferencia, la poca solidaridad y la falta de respeto se han vuelto un problema social a nivel global, eso sí se ha homogenizado, somos muy pocos o al menos eso siento, los que remamos contra la corriente del individualismo, donde el más fuerte prevalece. Pero no siempre esta posición contestaría prevalece; pero, todos exigen cambios, los poetas vivos y muertos, soñadores y realistas, utópicos y tópicos, pero nadie mueve un dedo o una poesía para buscar cambios, reivindicaciones, que se respeten nuestros derechos, todos viven atravesados por la discriminación, la corrupción, la pendejada del peruano y la soberbia que te da el dinero.

“Si no luchamos para vivir mejor, qué sentido tiene vivir”, lo dijo el ex-congresista Arana en el conflicto de Conga en Cajamarca, se rescata lo bueno para una población de poetas muertos y vivos que se juntan y luchan por seguir viviendo, o por seguir haciéndose la pregunta ¿Estoy viviendo?

Lucas Z. Granda
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