Arequipa

LA INSTITUCIONALIDAD Y LOS BOMBEROS

30 de abril de 2015
LA INSTITUCIONALIDAD Y LOS BOMBEROS
No han sido frecuentes las encuestas de opinión pública en las que se consulte la opinión que la ciudadanía tiene de los bomberos, y de las compañías que agrupan al único cuerpo de asistencia social existente sobre el planeta, cuyos miembros sean voluntarios y no dependientes en forma alguna del Estado.
A lo largo de más de cien años de existencia, los miembros de los cuerpos bomberiles se han regido por normatividad que garantiza que los comandos institucionales obedezcan a procesos democráticos de los que participan aquellos que saben cómo proceder para bien administrar los cuarteles y hacer frente a incendios y a rescates.
Sorpresivamente, y por primera y suponemos única vez, una decisión de la presidencia del Consejo de Ministros ha motivado la indignación de los voluntarios, privando al Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú del derecho de escoger entre sus miembros y con las limitaciones pertinentes, a su comando institucional, disponiendo que un civil asuma tal responsabilidad.
La zozobra y el descontento son evidentes y obligan a una rectificación de semejante despropósito para el bien del cuerpo de bomberos y el respeto que se les debe a quienes hasta la vida ofrecen en favor del semejante en apuros.
El tema está planteado desde el interior de las compañías bomberiles, y también preocupa a quienes creen que no hay explicación válida y mucho menos documento sustentatorio de una medida radical que pasma a quienes están acostumbrados a ser respetados en su misión de rescatistas y de adversarios del fuego.
La Jefatura Departamental de Arequipa, al igual que sus similares de Cusco, Tacna y otras del país, no han abandonado su gestión salvadora, pero sí expresado su descontento por el desconocimiento de una práctica que siempre dio buenos resultados y que mereció el reconocimiento colectivo por la labor empeñada por todos aquellos que se sucedieron en los mandos de acuerdo a lo dispuesto por normas.
 
 
 
Hay que honrar al bombero peruano, voluntario y capaz, ahora maltratado, al ponerse al frente de sus comandos a un civil desconocedor e inexperto en sus calidades y virtudes.
 
 
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