Arequipa

La migración afecta a todo el planeta

25 de junio de 2019

Perú, país testigo de la masiva migración venezolana. En Estados Unidos soportan a familias centroamericanas y en Europa reciben a los afectados de guerras en Medio Oriente. La migración es un fenómeno que afecta a todo el planeta.

Por: Christiaan Lecarnaqué L.

En el 2006 vi una película llamada “Los hijos de los hombres”, dirigida por el mexicano, Alfonso Cuarón, una adaptación del libro del mismo nombre escrita por la británica, P. D. James, en 1992. Ese filme habla sobre una epidemia de esterilidad en el mundo. Ningún hombre o mujer puede concebir en un mundo de ficción. No hay bebés en el planeta, y el único joven, la última esperanza, murió en un ataque. Cuando, reunidos en un bar, se enteran de esa muerte, todos lo lamentan. Porque advierten un final inevitable.

Ese mundo de ficción, es un caos. Y en el medio hay historia de migrantes. Los extranjeros son cazados, golpeados y encerrados en pequeñas jaulas, como si fueran animales. Pensé que esa escena no saldría del cine. Veía una realidad muy, muy lejana. Pero hoy, 2019, trece años después, esa ficción es una realidad. (Y probablemente la epidemia también lo sea en unas décadas más).

LAS PERRERAS

En Texas hay cárceles pequeñas llamadas “perreras” para encerrar por días a inmigrantes ilegales. ¿Se acuerdan de imágenes con niños enjaulados, separados de sus padres, luego de su captura, publicadas por varios medios? A esas me refiero. Tomas polémicas, escandalosas e indignantes. Golpearon al gobierno de Donald Trump, pero igual su política antiinmigrante se mantiene.

El diario El País incluyó testimonios de menores, exinternos de esas perreras, ubicadas en el centro de detención de McAllen, Texas.
Ángel 13 años cruzó ilegalmente la frontera de México con Estados Unidos, junto a su mamá. Lo detuvieron seis días. Fue separado de su madre. Lo colocaron en la jaula más fría. Fue humillado y asustado todos los días.

“Cada día, los guardias decían a los niños en mi celda que iban a ser adoptados y que nunca más verían a sus padres”, cuenta Ángel. A Ángel lo despertaban a la medianoche, incluso a los pequeños de cinco años. Si no lo hacían los sacudían con fuerza. Después sería excarcelado junto a su progenitora.

A Daise y su hija de 16 años les pasó lo mismo. Al inicio estuvieron juntas. “Nos dieron comida pero estaba congelada y no apta para comer. Olía tan mal que decidimos seguir con hambre en vez de comer”, dice. Después fueron separadas por cuatro días, y excarceladas. Su pequeña tiene problemas de depresión y ansiedad.

La ficción del cine se hizo realidad.

En México también existen estas carceletas al sur de ese país. Se le llama sector Siglo XXI, en Tapachula, Chiapas. Están hacinadas. En los últimos cinco meses detuvieron a 23 mil 679 migrantes.
Se supone deben mantenerlos por 15 días, pero están encerrados casi tres semanas. Los inodoros están desbordados. Los detenidos dormían con colchones en los pasillos. Por unos días duermen con las luces prendidas.

CONTRA LOS MIGRANTES

Estas medidas se aprueban para complacer a un sector de la población opositora a la migración. Esos vecinos detestan a los extranjeros. La palabra correcta es detestan, porque no los soportan, no los quieren ver cerca. Marco Avilés en su libro “No soy tu cholo” recoge un ataque racista en un supermercado donde una mujer blanca evidenció su xenofobia, simplemente porque tenía un color de piel “marrón”.

“Una mujer de piel blanca que hacía cola en la caja de una tienda de ropa le gritó a la que iba adelante, que tenía piel marrón: ‘Regrésate a donde mierda sea que perteneces’ (…) Así es como los veo: ustedes no son nadie -continuó la mujer blanca-. Ustedes vienen de otro país y eso los convierte en nadie”, se detalla en el texto.

El País, por ejemplo, a propósito de las últimas elecciones europeas describe el panorama político en pequeños pueblos con la irrupción de la ultraderecha, movimiento político abanderado de la antiinmigración. Los musulmanes, por citar un ejemplo, no la pasan bien, porque desde la asunción de gobernantes afines a esta ideología, son observados con más desconfianza por los vecinos.

En Arequipa, una vez me tocó ser testigo de una discusión en una combi. Un vendedor de caramelos, con canas y arrugas, subió para ofrecer las golosinas. Bastó decir: consuma lo nuestro, para encender la pradera. Un pasajero, adulto mayor, empezó a despotricar contra los venezolanos, y otras, mujeres, le replicaron y recordaron a peruanos en la misma situación padeciendo en otros países, las penurias de los caraqueños. Nadie dio su brazo a torcer, porque el opositor de los venezolanos se mantenía en sus trece.

CIFRAS TERRIBLES

La migración es un fenómeno global. Afecta a todos. Y parece algunos no darse cuenta. Ni siquiera las autoridades. La Agencia de la ONU para refugiados cifra en 70.8 millones el número de desplazados forzosos a nivel mundial, hasta el 2018. En relación al 2017 creció en 2.3 millones. El informe considera a pobladores afectados por persecución, conflictos, violencia o violaciones a los derechos humanos.

El 67% de los desplazados provienen de cinco países: Siria (6.7 millones), Afganistán (2.7 millones), Sudán del Sur (2.3 millones), Myanmar (1.1 millones), Somalia (0.9 millones). Los principales países receptores son: Turquía (3.7 millones), Pakistán (1.4 millones), Uganda (1.2 millones), Sudán (1.1 millones), Alemania (1.1 millones).

El caso de Venezuela se analiza aparte. Pero se cuantifica en 3.3 millones el número de desplazados por la crisis económica y política del país. Este número está por debajo de los desplazados desde Siria. Solo en el Perú habría medio millón.

Las cifras, testimonios periodísticos, certifican este problema global. Hemos llegado a extremos de ver a una caravana atravesando varios países para llegar a Estados Unidos. O migrantes desembarcado en las playas europeas. Lifeboat, el corto documental nominado al Óscar en el 2018, retrata esta triste realidad. Extranjeros muriendo en los barcos, cuerpos arrojados al mar. Familias separadas, niños llorando temiendo su destino. O mujeres prostituyéndose, víctimas de mafias de trata de personas.

LAS PROPUESTAS

Pero qué hacer. Pues las naciones se han puesto estrictas. Como se lee en párrafos anteriores, los ilegales son metidos en jaulas en los Estados Unidos. En Perú y Chile se impuso la presentación de una visa y pasaporte para el ingreso de venezolanos. Hay un 67% con opinión desfavorable contra los nacidos en la tierra de Bolívar, según la última encuesta de Ipsos. En Arequipa, un crimen en Caravelí motivó a autoridades exigir la salida de los extranjeros de esa provincia.

Los arequipeños los miran, pero basta un azuzador con un discurso antiinmigrante para encender el conflicto. Se siente en redes sociales a quienes solo esperan una travesura venezolana para compartir con sus contactos y reafirmarles con una fácil generalización: “Ven, tenía razón, todos son así”.

Del otro lado se pide más comprensión. Deportar a los delincuentes y darle una oportunidad a aquellos movidos por la búsqueda del pan de cada día. O como señaló Alfredo Torres, director ejecutivo de Ipsos, en su columna titulada “Colapso demográfico” ver el lado amable de la migración.

“Históricamente, la inmigración ha tenido un impacto muy favorable, tanto en innovación como en crecimiento económico”.

No es fácil, reconoce, pero podría tener un efecto positivo para el país. “Es verdad que compiten por empleos, pero también aportan a los ingresos de otros peruanos al gastar en alimentos, vivienda, vestido, transporte. Sin embargo, dado su buen nivel educativo, su contribución potencial es aún mayor. El Perú debería hacer el mayor esfuerzo para aprovechar ese potencial y facilitar su integración, no solo por solidaridad fraternal sino en beneficio del futuro del país”, concluye Torres.

La migración continuará. Si hoy son venezolanos, mañana quizás sean argentinos o brasileños. Y en el peor de los casos, nosotros. No es fácil ser migrante. Y un poco de comprensión, quizás compasión, no está demás.

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