Arequipa

Las arequipeñas que llegaron a ocupar Palacio de Gobierno

8 de noviembre de 2020
Francisca Diez-Canseco de Castilla, la esposa de Ramón Castilla.

Su labor fue decisiva en temas sociales.

La mujer ha tenido, sin duda alguna, un papel fundamental en el desarrollo de la  sociedad de todos los tiempos, aunque de alguna manera fue relegada de cargos públicos. Existen ejemplos de quienes han sabido sobresalir en diversos campos a lo largo de la historia, entre ellas de arequipeñas que llegaron a ocupar Palacio de Gobierno.

Por: Roxana Ortiz A.

Mujeres que sacaron adelante a sus familias y ejemplares en el papel que les tocó desempeñar. La Biblioteca Municipal de Arequipa, a través del historiador Rommel Arce Espinoza, ha rescatado la vida y obra de 13 mujeres arequipeñas que llegaron a ocupar Palacio de Gobierno, presentación que se da en el marco del “Foro Ateneo 2021. Rumbo al Bicentenario Nacional”.

Mario Rommel Arce, director de la Biblioteca Municipal de Arequipa.

Rommel Espinoza explica que estas mujeres acompañaron a sus esposos, cuando ejercieron la Jefatura Suprema del Estado, no siendo solo una figura decorativa. Las llamadas “primeras damas” en muchos casos, fueron muy activas en temas sociales, decisivas en las agitadas carreras políticas de sus esposos, de acuerdo a la investigación realizada por el historiador.

María Jesús Rivera de Bustamante, esposa de José Luis Bustamante y Rivero.

María Jesús Rivera de Bustamante: compañera ideal, esposa del expresidente José Luis Bustamante y Rivero. Mujer de mucho temperamento que acompañó a su marido en horas difíciles del exilio. Se casaron el 16 de diciembre de 1923 y fueron sus hijos José Luis y Beatriz.

Era la compañera ideal al momento de tomar decisiones, por eso dice Beatriz, que su padre dudó mucho en aceptar la candidatura a la presidencia porque extrañaba el hogar y no quería mantenerse alejado de sus hijos.

La esposa lo alentó, comprometiéndose a hacerse cargo de la educación de ellos, porque sabía que era el único motivo por el cual desistiría. Además sabía que no iba a ver un candidato que tuviera la suficiente capacidad de convocatoria y el país podía convertirse en un polvorín. Solo así aceptó la propuesta del Frente Democrático Nacional.

Bustamante era un hombre tímido, bastante reservado y Ella de mucho carácter que lo apoyó en todo. Lo impulsó a ser decano del Colegio de Abogados de Lima y luego a ser juez de la Corte Internacional de la Haya. También sufrió con él los rigores del exilio.

María Delgado de Odría, también conocida como la Evita Perón peruana.

María Delgado de Odría: la “Evita Perón Peruana”, como primera dama, desplegó un vasto programa de ayuda social en el país, aunque postuló sin éxito a la alcaldía de Lima y fue la gestora para la creación del distrito de Villa María del Triunfo. Esposa del General Manuel Odría, llevó a cabo una importante obra de asistencia social, instituyendo la Navidad del Niño Peruano. La llegaron a comparar con María Eva Duarte de Perón, esposa del presidente argentino Juan Domingo Perón, a quien conoció y mantuvieron buena amistad.  María nació en la provincia de Condesuyos y tuvo dos hijos.

Justa Macías de Morales Bermúdez: el 17 de junio de 1893 se casó en Lima con el presidente Remigio Morales Bermúdez, boda que se celebró a todo lo alto. Lamentablemente la joven esposa quedó viuda al poco tiempo por la súbita muerte del Coronel Morales quien gobernó entre los años 1890 y 1994. Junto con el general Andrés Avelino Cáceres participó en la Campaña de la Breña durante la guerra con Chile y Ella apoyó decididamente a su esposo.

Jesús Iturbide de Piérola: Nicolás de Piérola Villena se casó con su prima hermana y para mantener a su familia se dedicó a las labores de comerciante y de impresor. Fue una respetable matrona arequipeña, gran benefactora que ayudó a la gente desamparada. Acompañó al Caudillo en sus correrías políticas. Sus hijos tuvieron destacada actuación política. En 1911 secuestraron al presidente Leguía de Palacio y lo llevaron a la plaza Bolívar y obligaron a renunciar; sin embargo la intervención de la gendarmería impidió que se consumara el acto. Leguía regresa a palacio y los Piérola terminaron en la clandestinidad.

La acusaron de complicidad con su esposo, cuando en 1878 se le quiso involucrar en el asesinato del ex presidente Manuel Prado. En 1890 estuvo prisionera brevemente acusada de la fuga de su esposo de la intendencia de la policía.

Julia Castresana de López de Romaña: Eduardo López de Romaña y Alvizuri fue presidente del Perú, se casó dos veces, la primera con María Josefa Castresana y luego al enviudar con su hermana Julia. Gobernante ejemplar que llegó al poder con el apoyo de los civiles y demócratas. Según se supo, pagaba con su dinero los gastos excesivos de Palacio.

Tenían una casa en la calle Consuelo, donde se trasladó a vivir al término del mandato, lugar que alternaba con sus frecuentes viajes a su hacienda Chucarapi en Tambo. Murió en el balneario de Yura donde viajó para recuperar su salud.

Juana Pérez e Infantas: padre y madre de sus hijos. Desde pequeña vivió en Tacna, donde  conoció a Felipe Santiago Salaverry cuando era subprefecto de la ciudad fronteriza, nombrado por el presidente Agustín Gamarra, quien luego fue su padrino de bodas.  

Durante los tres años de casada, demostró ser mujer valerosa y jugó un papel importante en las  incidencias políticas. Aportó con alternativas en  las campañas del esposo, no cejaba en aconsejarle y  manifestarle sus temores sobre algunos partidarios de quienes desconfiaba. También reclamó al esposo haber preferido asuntos de gobierno antes que su familia, hecho que él reconoce antes de ser fusilado 18 de febrero de 1836 en la Plaza Mayor de Arequipa.

María Manuela Mendiburu de Torrico: poco se sabe de ella, salvo que se casó con Juan Crisóstomo Torrico, cuando era Sargento Mayor, sin embargo su matrimonio duró algunos años ya que en 1840, Torrico volvió a casarse con Rosa Salazar y Quintanilla; y por tercera vez en 1846 con Jesús Meza. Tuvo cuatro hijos de los cuales sobresalió Rufino Torrico dos veces alcalde de Lima y Ministro de Estado.

Cipriana La Torre de Vivanco: esposa del General Manuel Ignacio de Vivanco,  rival político de Ramón Castilla. Mujer de mucho carácter,  se cuenta que en 1843 montada a caballo arengó a los soldados para que se pronunciaran a favor del esposo haciéndolo proclamar Presidente del Perú. Vivanco no le fue fiel y en sus varios destierros buscó refugio en otros hogares. En una oportunidad, tras conseguir la cancelación de su exilio, viajó a Guayaquil y trajo a su esposo de regreso, no sin antes agradecer a la dama que lo cobijó.  Nació en 1815 en Uraca, Castilla.

Francisca Diez-Canseco de Castilla: “Doña Pancha” Se casó con Ramón Castilla el 2 de mayo de 1835 en la iglesia de la Catedral. Luego del fallecimiento del esposo, Doña Pancha, decía que la soledad se apoderó de ella, pues salvo personas de la familia, poquísimos amigos la visitaban. “Mi marido sembró entre ellos muchos bienes y a mí me toca cosechar las ingratitudes”, decía. Falleció el 6 de noviembre de 1906 en Lima a los 95 años de edad.

Cuenta Jorge Basadre, que mientras su esposo conspiraba en el sur, ella reunía mujeres en su casa de Lima para conspirar contra el gobierno. Una vez descubierta, fue condenada y enviada a prisión, de la cual escapó disfrazada de varón.

Victoria Tristán Flores del Campo de Echenique: Se casó con José Rufino Echenique,  primo político de Piérola. Se casaron rápidamente, pues el padre de la novia, Pío Tristán, Ministro de Andrés Santa Cruz durante la Confederación, le había pedido en matrimonio a su hija para un sobrino suyo. Pío Tristán respondió a Santa Cruz que a su hija Victoria estaba comprometida.

Echenique fue destituido del mando y pasó a la condición de proscrito y cuando intentó regresar al país en 1861, fue capturado y es ahí cuando su esposa protesta y exige  un debido juicio exigiendo además las garantías, pues había sido llevado a la isla San Lorenzo.

Juana de Tirado Pezet: Esposa de Juan Antonio Pezet. A la muerte súbita del presidente Miguel San Román,  lo reemplazó en el mando en su condición de primer vicepresidente de la República. En su gestión ocurrieron los sucesos de 1864, cuando un grupo de colonos vascos en el norte fueron maltratados y murió uno de ellos. Sirvió de pretexto para que el gobierno español acredite una especie de comisario regional ante el gobierno peruano para reclamar por los súbditos españoles.

Luego ocuparon las islas de Chincha y consiguieron del presidente Pezet la firma del tratado de Vivanco – Pareja, considerado lesivo a los intereses del país. Un movimiento denominado “Regenerador” en Arequipa protestó por la firma e inició su marcha a Lima con propósito de derrocarlo.   

Francisca Vargas de Diez Canseco: esposa del general Pedro Díaz Canseco que ocupó la presidencia del país con el carácter de interino por tres veces en 1863, 1865 y 1868. Madre de varios hijos, entre ellos el doctor Jesús Diez Canseco y el general Pedro Diez Canseco Vargas, que llegó a ser Ministro de Guerra durante la presidencia de Eduardo López de Romaña.

Muy abnegada, inteligente, de fácil palabra y aficionada a la lectura, así como al cigarro. Resultó siendo cuñada de la esposa del presidente Ramón Castilla, pero entre ambas hubo diferencias de carácter; Francisca era expresiva y conversadora, Doña Pancha era altiva, fría y reservada.

Magdalena Ugarteche de Prado: casada con el general Mariano Ignacio Prado, soportó con estoicismo las acusaciones de traición que recibió su esposo cuando  viajó al extranjero en plena guerra con Chile. Su hijo Manuel Prado Ugarteche, llegó a ser igual presidente del Perú.

Conoce a su esposo en Arequipa en 1864 cuando fue nombrado prefecto del departamento. Vivía en la calle San Francisco, en la casona Tristán del Pozo, lo acompañó en la revolución restauradora de 1865 que acabó con las pretensiones de reconquista de España. Junto a otras mujeres atendió  a los heridos del combate. El coronel Prado se convierte en héroe popular en Perú y en Chile donde fue condecorado; pero la caída del régimen, los llevó al exilio en Santiago. Vivió allí con su familia 4 años, dedicándose  a la industria del carbón de piedra.

Regresó a Lima y en 1874 fue diputado por Cañete y luego presidente del Perú. La situación no era la mejor, el Perú dejó de pagar su deuda externa por segunda vez y  se vivía la guerra del Pacífico. A diferencia de 1866, la victoria no estuvo de su lado, a la derrota de Grau,  se sumó el error político de viajar al extranjero en plena guerra porque quería agilizar la compra de buques blindados, situación que aprovechó Piérola para deponerlo del mando, acusándolo de traición.

Doña Magdalena advirtió a su marido del peligro de viajar en plena guerra con Chile, sin embargo Prado confiaba en el éxito de su misión para acelerar la compra de nuevos buques. Soportó el exilio de su marido y brindó apoyo a la resistencia contra el invasor extranjero, contribuyendo con donativos para provisionar al ejército de Avelino Cáceres.

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