Columna

Lo peligroso de la heroicidad

12 de abril de 2020
Foto: Referencial - Getty Images

Por: Carlos J. Ylla Quenaya

“La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer.”

 Bertolt Brech

En una situación como la que vivimos, el ser humano experimenta de cerca la agudización de ciertas problemáticas y, lógicamente, reacciona a ellas. La pandemia ha obligado al mundo entero a someterse a una cuarentena y a visibilizar la importancia de la labor del personal de salud en la afrenta a este virus. Aplausos, elogios, halagos y reconocimientos de todo tipo no se han hecho esperar. Es así que estas personas han recibido un calificativo peligroso, no por la inconsistencia del mismo, sino por la poca reflexión de su uso. Médicos, doctoras, enfermeros y enfermeras, todo el personal de salud ha sido catalogado como héroes y heroínas. La pregunta es: ¿Cómo un profesional de la salud que hacía parte de uno de los sectores más desprestigiados del país, motivo por el cual la población con más capacidad económica prefería confiarle su vida al sistema privado, hoy se convierte en el símbolo de la heroicidad? Esta intriga me lleva a analizar la heroicidad.

Los héroes han existido desde hace mucho tiempo atrás. Han sido considerados desde semidioses hasta personas comunes, lo similar en ambos, es la realización de hazañas extraordinarias en beneficio de la comunidad. Los héroes buscan justicia y si fallecen en el intento les es otorgada la gloria. Las sociedades han construido héroes para satisfacer la búsqueda de un modelo referencial, una ejemplaridad. Son personas virtuosas, asociadas casi siempre a valores positivos. La valentía y la capacidad de enfrentar la muerte son rasgos de su personalidad. Por lo tanto ¿podríamos llamarles héroes a los profesionales de la salud?

Ahora mismo muchos de ellos se encuentran en jornadas intensas, lejos de casa, enfrentándose a un virus del cuál no se conoce cura y del que nadie está exento de contraerlo. La valentía es una decisión, es probable que muchas personas que integran el personal de salud ni siquiera hayan tenido elección. Antes de la pandemia, nuestro sistema de salud no contaba con el suficiente personal para atender a todo un país. En medio de la crisis, muchos médicos, doctoras, enfermeros y enfermeras que se encuentran dentro de la población vulnerable tuvieron que abandonar sus puestos para no convertirse en cadáveres, lo que generó que jóvenes recién egresados (en algunos casos ni egresados) se integren a los hospitales que no se daban abasto con tantos pacientes; la situación económica y sobretodo el ofrecimiento de un sueldo nada despreciable, se convierte en una motivación para ellos. Cabe pensar entonces: si lo contrario a la valentía es la cobardía, al calificar de valientes a aquellos que integran la llamada primera línea ¿podríamos calificar de cobardes a quienes decidieron quedarse en casa y ponerse a resguardo junto a su familia?

Otra de las cuestiones más sensibles es la capacidad de un héroe para enfrentar a la muerte. En todo el mundo han ido falleciendo miembros del personal de salud por haber contraído el virus. En nuestro país abundan los videos en los que estos profesionales se quejan de lo expuestos que están a contagiarse debido a la falta de indumentaria e infraestructura adecuada para atender casos positivos, sumado a esto, hasta antes de tener el primer caso contábamos con tan solo medio centenar de ventiladores mecánicos. Claro está que esto solo es una pequeña muestra de la precariedad del sector salud, en un país que invierte en este menos del 4% de su PBI y por ello ocupa los últimos lugares en toda América Latina. Con todo esto lidian nuestros “héroes” a diario. ¿En realidad ellos quieren enfrentar a la muerte? ¿Están en la capacidad de hacerlo? Pues no, no lo están. Nuestros “héroes” están siendo sacrificados.

Hay que añadir también que el surgimiento de un héroe es producto de un contexto, es decir la heroicidad necesita de un espacio que la albergue, si no hay por qué luchar, no existe héroe. Se necesita de una crisis, de una situación adversa para que sobresalga este sujeto. Así como también la sociedad que busca un héroe necesita ser parte de esta crisis. Recordemos que el héroe para la comunidad busca ser una referencia, un ejemplo. Hay una suerte de conexión entre la sociedad, el héroe y la situación adversa.

Hemos visto que la valentía, la capacidad de enfrentar la muerte y el contexto de surgimiento de la heroicidad en un país como el nuestro; ubica al personal de salud en una situación bastante vulnerable. Lo peligroso de la heroicidad radica en que al existir una necesidad de “héroes” se normaliza la situación adversa, es decir, la crisis. Por lo tanto, la población se acostumbra y naturaliza la precariedad. El problema no es si el personal de salud se merezca o no el calificativo, la preocupación consiste en que este escenario adverso no desarrolle un enfoque dirigido hacia la mejora del sistema de salud y la verdadera puesta en valor de estos profesionales. Si todo continúa como hasta ahora, la heroicidad terminará siendo siempre un sacrificio y la crisis: el estado normal de las cosas.

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