Ciencia

Logran que niños aprendan la ciencia de manera divertida

16 de mayo de 2019
El proyecto fue presentado en el Ministerio de Educación donde encontró un buen respaldo.

Las loncheras científicas favorecieron el aprendizaje de los niños estudiados.


Luego de un año de arduo trabajo con estudiantes se logró confirmar la hipótesis que los niños aprenden mejor sobre la ciencia interactuando con unas cajas de madera, que sus creadoras las llamaron “loncheritas científicas”, y que contienen instrumental de laboratorio básico, reactivos y materiales de experimentación para Ciencia y Ambiente.
Con este proyecto denominado Búsqueda de la información, Experimentación, Medición de los resultados y Explicación científica (BEME) se busca propicia el desarrollo de las habilidades, actitudes y razonamiento científico a través de la experiencia vivencial. El proyecto ha sido presentado a diversas instituciones y el Ministerio de Educación ha mostrado su satisfacción por los logros obtenidos.

Las “Loncheritas científicas BEME” lograron favorecer el desarrollo de habilidades, actitudes y razonamiento científico en los estudiantes del cuarto grado de Educación Primaria de las instituciones educativas públicas del distrito de Alto Selva Alegre a través de la estructura de un programa innovador.

Las doctoras Betsy Cisneros Chávez y Melina Alejandro Oviedo trabajaron el experimento de investigación aplicado a una población de 343 estudiantes y 16 profesores, genera un espacio de aprendizaje donde el estudiante interactúa con la ciencia, despierta su interés y curiosidad por la investigación científica y contribuye al desarrollo de habilidades, actitudes y razonamiento científico.

El método BEME encuentra su fortaleza en la experimentación con procedimientos científicos que dan respuesta a las dudas e interrogantes que los estudiantes presentan por su edad y curiosidad al desarrollar contenidos abstractos de Ciencia y Ambiente al desarrollarlos en forma práctica, permitiéndole resolver problemas de su contexto social.

Las investigadoras explicaron que la formación científica del niño debe estar orientada principalmente al desarrollo de las habilidades, actitudes y razonamiento científico y a fomentar el espíritu de investigación aprovechando la curiosidad y la tendencia al juego. Sin embargo la realidad es otra, en la mayoría de las instituciones educativas la enseñanza del área Ciencia y Ambiente se reduce a que el docente explica lo que ocurre en el mundo natural a través de situaciones abstractas y representativas, quedando la mayoría de ellas en el olvido, sin asidero en las estructuras mentales del niño y en consecuencia no se logra desarrollar las competencias esperadas.

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