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Los hacedores de sueños

2 de julio de 2018

Asociación ayuda a pacientes y sus familias que enfrentan el cáncer. Pueden cumplir sueños hasta conseguir trabajo y hacer donaciones a escuelas.

Niños de pocos meses de nacidos hasta adolescentes, se ven de la noche a la mañana internados en un hospital, debido a que se les detectó leucemia linfoblástica aguda, comúnmente conocida como cáncer a la sangre, que los obliga a estar “privados de su libertad”. En la mayoría de casos así permanecen por varios años, pasando gran parte de su corta vida entre hospitales y tratamiento de quimioterapias.

Una vez que la enfermedad es detectada, su vida cambia por completo. No hay juegos, colegio, amigos, golosinas ni comidas deliciosas, solo pinchazos de agujas y fuertes tratamientos, que para ellos es muy difícil entender, por lo menos en los primeros meses, ya con el tiempo llegan a conocer perfectamente su realidad.
No todos logran salir airosos ante la dura batalla que tienen que librar. Aunque los médicos especialistas dicen que tienen más probabilidades de vencer al cáncer porque sus órganos son jóvenes y resisten mejor la quimioterapia.

Susan era una adolescente a la que se le detectó la enfermedad cuando cursaba el tercero de secundaria. Su madre, quien también padecía un penoso mal, se dedicó a ella. En el proceso falleció. Cuando le preguntaron cuál era su sueño, no lo dudó mucho y dijo que era su fiesta de 15 años.

En menos de un mes, se organizó todo: local para fiesta, vestidos, zapatos, bufet y lo necesario para que Susan pudiera disfrutar con sus amigas de una noche de ensueño. Los recuerdos se los llevó con ella meses más tarde.

Hay decenas de niños hospitalizados o recibiendo tratamiento ambulatorio en el área de Oncología Pediátrica del hospital Carlos Alberto Seguín, de apenas meses de nacido hasta adolescentes. Unos van saliendo y otros van llegando. Cada uno con su propia historia de vida y especialmente muchas necesidades.

Los padres de estos niños, se han unido de tal manera, que buscan apoyarse mutuamente. Han formado una asociación llamada Ángeles Guerreros a través de la cual buscan ayuda para cubrir sus necesidades. Han encontrado en la Fundación Art Atlas un apoyo fundamental para conseguirles ayuda y de alguna manera, con las decenas de voluntarios que tienen, se han convertido en los “Hacedores de sueños”, como el que lograron con Susan.

EL PASTEL DE PAPA
Odrick Abarca tuvo un tumor de wilms, contrajo la enfermedad desde muy niño. Le descubrieron un pequeño bulto en uno de sus testículos y luego de algunos análisis, se detectó el mal. Ha tenido un largo proceso de tratamiento, varios años y hasta el momento tiene un buen pronóstico, pero sigue estrictos cuidados. Se tuvo que conseguir una institución educativa que reúna condiciones para albergarlo. No soportaba más no estar en compañía de otros niños. Su alimentación es estrictamente vigilada por su madre.

Cuando le preguntaron ¿cuál es tu sueño?, no dudó un momento y dijo: un kit de robótica y comer pastel de papa. “Yo creí que era un sueño sencillo de cumplir, pensé que era un pequeño robot y nada más. Cuando averigüé de lo que se trataba, no sabíamos qué hacer, porque no teníamos tanto dinero”, cuenta Djali Luna, directora de la fundación Art Atlas.

Su hija Camila, que sigue de cerca su trabajo, le dijo que no se preocupara, que ella y sus cuatro compañeras de colegio Prescott le iban a hacer realidad el sueño de Odrick. Forman parte del Programa del Diploma del Bachillerato Internacional. Plantearon el proyecto a sus tutores y se lo aprobaron.

Suhad Amado, Issabella Hernández, Micaela Rojas y Camila Castillo, para cumplir el objetivo, no podían recibir dinero de nadie, todo lo tenían que generar ellas mismas, así que comenzaron a elaborar postres y pulseras que comercializaron entre sus compañeros hasta reunir el dinero. No solo le compraron el kit de robótica, sino que consiguieron el apoyo de la Universidad San Pablo para capacitarlo durante un día.

El pastel de papa estaba pendiente. Los propietarios del restaurante Típica, se comprometieron a hacerlo, que no fue tan sencillo, por los ingredientes que no podía llevar, como queso o leche común. Le lograron cumplir su antojo, que solo se formó en su mente al ver el pastel de papa que había visto consumir a otros compañeros, pero que nunca lo había probado. A Odrick le queda un largo camino por delante, si es que no es toda su vida, para declarar derrotada la enfermedad y con un sueño ya cumplido gracias a las impetuosas jovencitas, que están decididas a seguir apoyando estas causas.

Hay muchos niños que llegan de provincia para recibir tratamiento contra el cáncer. Toda su vida cambia, incluso tienen que dejar a los otros hijos al cuidado de la familia, uno de los padres deja de trabajar, el poco dinero se va como agua, más si el trabajo se hace de manera eventual o se cobra muy poco.

Los deseos son variados y muchas veces tiene que ver con la realidad con la que viven los menores. María Belén llegó de Tacna, tiene 10 años, se vino con su padre y su madre. Para recibir atención, necesariamente uno de los padres tiene que estar trabajando y para ello debe estar asegurado. Su sueño: conseguir un empleo para el papá y una peluca para reemplazar al cabello perdido.

“Pensamos que no se iba a conseguir fácil, porque el papá trabajó en construcción civil, pero hicimos el llamado y en poco tiempo, teníamos varias ofertas y él escogió trabajar en la empresa de seguridad Seguroc, donde está feliz y con horarios que le permiten estar con su familia”, cuenta Djali Zegarra, la canalizadora de los sueños.

María Belén también tiene su peluca oncológica, con pelo natural que en algún momento donaron niñas e incluso un universitario, que se dejó crecer el cabello específicamente para ese fin. La peluca les devuelve la vida a las niñas.

Mathías Sonco Janca, apenas tiene 5 años, y patologías múltiples como insuficiencia renal crónica, espina bífida, hidrocefalia y autismo leve. Sus necesidades eran una cama adecuada, colchón, pañales, filtros y líneas de F5 para hemodiálisis. El Proyecto Humanidad respondió al llamado y le consiguieron lo requerido.

Una fiesta de Plantas vs Zombis, además de su cuatrimoto era el sueño de Jesús Huayhuacuri Pacori, paciente oncológico, que para cumplirlo, se reunieron todos los padres de sus compañeros de hospital y colaboradores de la fundación.

Hay un grupo de niños de Ichuhuayco y Pusa Pusa, más de cien, quienes habían pedido que les regalen libros para implementar la biblioteca de sus escuelas. “Creí que esta vez, los docentes habían influido en su sueño, pero igual decidimos solicitar el apoyo. Cuando les llevamos los libros, nos quedamos sorprendidos, los niños estaban maravillados, cogían uno y otro libro, los hojeaban. No pensé que iban a ser tan felices”, dice Djali.

No es la primera vez que se lleva apoyo para menores de escuelas alejadas. También se les ha conseguido ropa de abrigo, juguetes para Navidad y de acuerdo a las necesidades que tienen, muchas personas han colaborado de buena voluntad.

Para cumplir los sueños, especialmente de los niños con enfermedades graves, se tiene que hacer una evaluación. “Muchas veces nos han venido a vender sueños que no son ciertos, por eso los evaluamos, vamos a visitar a la familia, vemos sus necesidades y lo básico es la entrevista con los niños, quienes cuentan lo que quieren y luego se hace una confrontación con los padres, apoyamos las verdaderas necesidades”, dice Djali.

Tiene un gran grupo de amigos que los que se conecta a través de las redes sociales, quienes conocen su labor y cada cierto tiempo le llaman para decirle lo que tienen y si les puede ser útil. Reúne las cosas y ya va planificando la ayuda que llevará a las zonas altas especialmente. Cuando necesita cosas específicas, hace el llamado y de inmediato tiene el apoyo. Aclara que nunca recibe dinero y si lo ofrecen, la deriva directamente a la madre del niño con problemas.
Todo lo donado es publicado a través de fotografías e incluso se invita al donador para hacer la entrega y no queden dudas que su colaboración ha tenido un buen fin. La mayoría prefiere estar en el anonimato.

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