Cultura

Los libros populares

26 de agosto de 2019
Jóvenes involucrados en la lectura.

La cultura popular de Arequipa se enriqueció con la publicación de libros sobre historia y literatura locales de autores arequipeños, como fue la colección del “Primer festival del libro arequipeño”, publicada en 1958.

Por Mario Rommel Arce Espinoza

Con el paso de los años los libros se convierten en piezas únicas si no son reimpresos después de su publicación. Esto no significa, necesariamente, que esos libros hayan corrido tal suerte por falta de calidad en su contenido. Hay muchos libros que al momento de ser publicados gozaron del interés de los lectores. Y, por eso mismo, fueron reimpresos varias veces. Sin embargo, luego sucumbieron al tiempo, cayendo en el olvido de los lectores de posteriores generaciones. Justamente, por eso, son considerados libros raros aquellos difíciles de encontrar en el mercado del libro. Solo las bibliotecas serían el único lugar en el mundo donde podamos ubicarlos.

Los catálogos son una fuente importante para conocer de su existencia. Este trabajo conserva para la posteridad los libros que fueron impresos en un país. La Biblioteca Nacional del Perú, por ejemplo, hace años publica el “Anuario bibliográfica” con el inventario de todas las publicaciones que han cumplido con el Depósito Legal. Este índice de publicaciones aporta en el conocimiento de la producción intelectual de un país.

De este acervo cultural hubo textos que, a juicio de los editores, sea personales o institucionales, consideraron necesario reeditar porque contribuyeron al conocimiento histórico o literario de una comunidad. Fue así que, en los siglos XVII y XVIII, comenzaron a publicarse las primeras colecciones populares en Europa, con títulos variados para conocimiento de un público más amplio, haciendo una selección de obras imprescindibles para el lector promedio, que ahora tendría a su alcance libros antiguos de valioso contenido, con la finalidad de fortalecer la tradición cultural de un pueblo.

En el siglo XVII, en la ciudad de Troyes, Francia, comenzó a publicarse la “Biblioteca Azul”, aunque no fue la única en su género por aquella época en Europa. El historiador francés Roger Chartier sostiene que la publicación de la “Biblioteca Azul” se hizo sobre la base de dos presupuestos: en primer lugar, no fijó su atención en textos populares, se trató de una colección que acogió varios textos de la literatura culta. Era popular porque estaba dirigido a un público variado, diverso. En segundo lugar, los libros de la colección no fueron desconocidos para el lector promedio. Solo que ahora ingresaron al dominio del gran público.

En otras palabras, la publicación de la “Biblioteca Azul”, durante el Antiguo Régimen, buscó hacer que la lectura no fuera privilegio de una élite letrada.

El buhonero (o vendedor ambulante) era el encargado de venderla. De esta manera, se puso al alcance de artesanos y campesinos una diversidad de obras literarias, contribuyendo a fortalecer la cultura escrita, y el juicio crítico del lector. Al respecto, el historiador inglés Peter Burke en su libro “Cultura popular en la Europa moderna” (Alianza Editorial, 2014) se preguntaba si los artesanos y campesinos franceses del siglo XVII estaban en condiciones de adquirir un libro. Como no estaban a su alcance, se comenzaron a imprimir libros en papel de baja calidad, que se envolvían con papel azul, de ahí el nombre de la biblioteca. Su precio era muy bajo, accesible a cualquier trabajador.

Como también lo precisa Roger Chartier, en su obra “El orden de los libros” (Editorial Gedisa, 2017), la organización de la “Biblioteca Azul” obedeció a un reconocimiento de los autores y sus libros, no fue un descubrimiento de obras ignoradas por el gran público, solo que no tuvieron la oportunidad de leerlos por el tiraje limitado de sus ediciones, o porque estaban celosamente guardados en la biblioteca como lugar de memoria.

El criterio de selección fue optar por las obras de imprescindible consulta. Este repertorio de libros fue calculado para la lectoría de un gran público. En “El mundo como representación” (Barcelona, España, 1992), Roger Chartier dijo lo siguiente: “Todos son elegidos porque parecen poder ser comprados por un gran número de público y por lo tanto, susceptibles de responder a una espera compartida, ya sea del orden de la devoción, de la utilidad o de lo imaginario”.

Esta idea responde a un planteamiento del editor, a la hora de elegir los libros que formarán parte de la colección. En orden a la utilidad del libro elegido, está presente el interés del lector por determinado tipo de obras. Situación que no puede pasar inadvertida para el editor, que ante todo busca asegurar la aceptación del producto editorial.

Una colección popular de libros apuesta al saber previo de sus lectores, sobre esas mismas obras, que por hallarse en bibliotecas u otros repositorios celosamente guardados, fueron inaccesibles, pero que, gracias a una mayor cobertura de distribución, llegan a amplios sectores de la población, para reafirmar los saberes de un conocimiento construido por el imaginario social. Estoy hablando de las identidades culturales o también de la tradición oral, acerca de libros y autores que no fueron oportunamente leídos, pero que todos asumen como textos claves en el acervo cultural de un pueblo. Es así como aparecen en nuestro medio las primeras colecciones populares. Mencionaré el caso de los libros publicados por el “Primer festival del libro arequipeño”, en 1958. Esta colección estuvo dirigida por Vladimiro Bermejo, un reconocido intelectual, nacido en Puno, pero radicado en Arequipa, donde desarrolló su actividad académica como profesor universitario en San Agustín.

La organización y dirección del festival estuvo a cargo de Vladimiro Bermejo. Hubo, además, un comité consultivo integrado por Simón Yriberry, como presidente, Alberto Ballón Landa, César “Atahualpa” Rodríguez, Salvador Cornejo y José Villalobos Ampuero. De acuerdo a lo anteriormente mencionado, los títulos que formaron parte de la colección fueron obras de mucho mérito. Su publicación fue un reconocimiento a sus autores, que en el pasado formaron parte de la república de las letras en Arequipa. Los autores publicados correspondieron a los siglos XIX y XX.

Dichas obras ya fueron reimpresas con anterioridad. Solo que, esta vez, merecieron ser publicadas en una edición popular de mayor tiraje. El distribuidor fue la librería-editorial Mejía Baca, lo cual garantizaba la circulación de los libros en Arequipa, Lima y otros departamentos del país.

La genealogía del libro “Arequipa. Descripción y estudio social” de Jorge Polar nos remite a la primera edición de 1891, publicada en la Tipografía Mercantil. La segunda edición se publicó en 1922 y la tercera en 1958, con prólogo de Jorge Cornejo Polar. En el 2018, el Gobierno Regional, a través de la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa, publicó una edición facsimilar de la primera edición de 1891.

En cuanto a la tercera edición, se adaptó a las características de una colección popular. Los editores prescindieron de algunos capítulos de la obra original, sobre todo de aquellos que no eran de autoría de Jorge Polar. Los autores invitados por él en la primera edición fueron Francisco Javier Delgado, Mariano Ambrosio Cateriano, Luciano Bedoya y Juan López de Romaña. A criterio del comité consultivo, no fueron considerados en la edición popular de 1958, porque no eran obra del autor principal. Por ejemplo, en el capítulo dedicado a la ciudad se dijo: “Se ha suprimido este capítulo, por contener íntegramente un estudio del señor Javier Delgado sobre la fundación de Arequipa, y no pertenecer al autor”. Lo propio pasó con el capítulo dedicado a la Catedral, que estuvo a cargo del historiador Mariano Ambrosio Cateriano.

Otro libro de la colección fue “Antigüedades peruanas” de Mariano Eduardo de Rivero. Se publicó, por primera vez, en Viena, en 1851, con la colaboración de Juan Diego de Tschudi. Al igual que el anterior, fue publicado parcialmente, ya que, de acuerdo a lo dicho en la introducción a la obra, por la naturaleza de la colección, se tuvo que prescindir del Atlas de grabados que acompaña a la obra, “porque ello requiere otra clase de ediciones”. Más bien, el comité consultivo propuso hacer una edición crítica de la obra del sabio arequipeño, “que debe emprender el Estado”.

Otros títulos de la colección fueron: “Prosistas e historiadores”, una antología de textos del Deán Juan Gualberto Valdivia, Francisco Javier Echeverría, Mariano Ambrosio Cateriano, Ladislao Cabrera Valdez, Santiago Martínez, Francisco Mostajo, Víctor Andrés Belaunde, José Luis Bustamante y Rivero, Alberto Ballón Landa y César “Atahualpa” Rodríguez, entre otros. Asimismo, figura una antología de “El cuento arequipeño” y otra de la poesía arequipeña, desde Ángel Fernando Quiroz hasta Guillermo Mercado. En un volumen independiente se hizo una antología de la obra poética de Mariano Melgar. La novela “Jorge, el hijo del pueblo” de María Nieves y Bustamante formó parte de la colección, así como también los “Apuntes para la historia de Arequipa” de Juan Domingo Zamácola y Jáuregui, cuyo texto manuscrito es de 1804, con el título original de “Descripción de Arequipa”.

Más adelante, un proyecto más ambicioso se publicó bajo el nombre de “Biblioteca Peruana”, con el auspicio del Gobierno Revolucionario del Perú. Según dijo, “como parte del programa de divulgación cultural”. La colección reunió variedad de títulos sobre historia, literatura y ensayos de realidad nacional.

La colección del “Primer festival del libro arequipeño” fueron obras de divulgación cultural para un público amplio. El propósito fue fortalecer la cultura popular arequipeña con la publicación de textos sobre historia y literatura local (poesía, cuento y narrativa). Y hacia fuera, la intención de los editores fue difundir la mejor selección de textos de autores arequipeños consagrados hasta ese momento. Con el presente, hay una vinculación espiritual con la colección “Biblioteca Juvenil Arequipa”, publicada el año 2010, por el Gobierno Regional de Arequipa, con el fin de fortalecer la identidad regional sobre la base de la cultura escrita.

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