Arequipa

Los niños que adoptaron a los abuelos

6 de octubre de 2019

Los pequeños se acercaron a los ancianos y conocieron sus historias.

Por: Roxana Ortiz

La vida de los ancianos es bastante dura, cuando no cuentan con una familia a la cual recurrir cuando hay necesidades. Muchos han sido abandonados por los hijos o los nietos a los que algún día criaron y educaron “para que no sean como ellos”.

La sociedad se ha insensibilizado de tal manera, que un anciano resulta siendo un estorbo, más aún cuando no tiene medios económicos para subsistir, pero algunos han logrado encontrar en niños ajenos, la compañía que su propia familia les negó.

Al asentamiento Cerrito de Buena Vista, en el distrito de La Joya, llegaron hace muchos años, personas de diversas regiones como Puno, Cusco y de otras en busca de trabajo en las chacras. Allí hicieron su vida, su familia.
En las ciudades como Arequipa, una mínima parte, recibe una pensión del Estado que a las justas les alcanza para cubrir sus necesidades básicas, pero hay personas que ni siquiera recibe esos 400 soles, porque no tuvieron la suerte de contar con un empleo fijo.

Pero lo económico no es el verdadero problema que las personas de la tercera edad atraviesan en la última etapa de su vida, sino la soledad que duele más que el hambre, según aseguran.

Astrid Arbildo Luna decidió integrarse al programa “Enseña Perú” y aunque es estudiante de Derecho, apostó por ir a trabajar con los niños de la institución educativa 40063 e idearon el proyecto “Tinkuy Pacha” o “Tiempo de Encuentro”, luego de conocer la realidad del lugar.

La mayor parte de los ancianos permanecían todo el tiempo solos, mejor suerte la tenían quienes aún gozan de la compañía de su pareja, que a pesar de la edad, más de 75 años, buscan la forma de proveerse de recursos. Algunos yendo a las chacras a juntar los productos que quedan como desechos de las cosechas, otros preparando algunos alimentos que llevan a vender al pueblo.

“Era evidente la separación entre los niños y los ancianos, la familia se desligó de ellos y hacían su propia vida. Algunos eran inservibles, porque ya no tenían la capacidad de ayudar en algo”, cuenta Astrid.

Así que decidieron comenzar un proceso de sensibilización con los niños para poco a poco ir atrayendo a los ancianos, quienes fueron buscados hasta en sitios alejados. Otros los tenían tan cerca, vendiendo gelatinas o habas en la puerta del plantel y no se fijaban en su presencia.

Obvio, los abuelitos aceptaron de inmediato. Lograron captar a 22, precisamente el número de niños de cuarto y quinto de primaria. Cada estudiante tenía la misión de entrevistarlo, conversar para conocer su historia y quedaron cautivados de lo que lograron. “Cada historia es como un libro”, dijeron.

Supieron que la mayoría, por ejemplo, tuvo una infancia muy difícil, varios tuvieron que criarse sin un padre o una madre, o sin ambos. Trabajaron desde niños para ayudar a solventar los gastos de su familia y así lograron dar educación a sus propios hijos.

Pero el trabajo no quedó allí, sino que los abuelitos que tenían algún oficio o una habilidad, como la de doña Celestina, permitió a los alumnos aprender a bordar, debido a que ellos se integraron al aula, después de clases.

Otros contaron los cuentos y leyendas que habían encontrado a lo largo de su vida y los niños bordaron en telas parte de las historias.

Los padres de familia también tuvieron que ser sensibilizados respecto a la importancia de tener a un anciano en la familia, sobre la compañía que necesitan, la soledad, la depresión; y también se involucraron en el programa.

“No todos los abuelitos son del lugar, muchos viven en anexos alejados, así que se ponen de acuerdo para llevarlos a la escuela cuando tenemos actividades. También colaboran cuando queremos hacer una pequeña fiesta para celebrar el cumpleaños de alguno de ellos; pero lo más importante que se ha logrado es hacerlos visibles”, señala Astrid.

El programa se inició en abril y debe terminar en diciembre y aunque Astrid ya no colaborará en el mismo, existe el compromiso de la directora Yova Llerena, de continuar con el trabajo, debido a que se trata de reforzamiento de buenas prácticas y en la conducta de los niños, quienes se han hecho más responsables para con las personas de su entorno.

DATO
El trabajo realizado en el presente año, lo han querido exponer en Arequipa para que sirva como ejemplo a otros planteles y en la Casona de la Cultura de Rivero 512, podrán apreciarlo hasta el próximo 11 de octubre, que estarán los alumnos para la clausura.

Hay fotografías de los niños con sus protegidos, las telas bordadas, dibujos, pinturas y otras manualidades que formaron parte del taller, que además ha quedado plasmado en una revista artesanal que elaboraron y donde se encuentra cada una de las historias entre niños y sus abuelitos.

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