Arequipa

Los periodistas y una labor peligrosa y de suspenso

26 de abril de 2020

Testimonios de quienes día a día salen a buscar la información ante el peligro latente de contraer el coronavirus.

El periodismo es una labor humilde y muy poco apreciada, aplaudida en su labor diaria del desenmascaro de la corrupción o la obtención de la justicia, pero desmerecida en el reconocimiento de sus autores, hombres y mujeres que buscan con su labor cumplir una labor casi pública, informar.

En estos últimos tiempos los personajes de lápiz, papel, cámara y hoy teclados de texto, continúan en ese trabajo, arriesgando su salud y tal vez la de su familia. Aquí algunos testimonios.

«Tengo una esposa y un hijo de 2 años y desde que inició la emergencia, tomé varias precauciones para evitar el contagio de la COVID-19. No ha sido fácil trabajar en estas condiciones, pero los periodistas estamos formados para enfrentar el peligro, y estar allí, en donde nadie quiere estar.  Recorté mis horarios de trabajo en calles saliendo máximo dos horas por día, cubriendo solo algunas notas importantes y de interés para la ciudadanía», dice Julio Huaynazi, director de la página digital La Gazzetta de Arequipa.

Huaynazi, quien se moviliza en su motocicleta y desde hace unos años emprendió su propio medio, narra que cada día vive momentos de tensión que lo han volcado a ser minucioso en cada uno de sus pasos, y actos.

«Al principio, salía con mascarilla, en la segunda semana, usé los guantes, y en la tercera, empecé a usar un mameluco blanco de bioseguridad, con el fin de proteger mi salud y de mi familia. Lo bueno de todo esto, es que tengo más tiempo de estar con mi hijo, aprendemos mucho en casa junto a su mamá, a sus años, considero que es un niño independiente y muy inteligente, y por ellos tomo todas las precauciones. Mi familia, sabe que este problema de salud demorará un año, así que estamos adoptando nuevas formas de vivir, adaptándonos a estos nuevos días que presionan a veces anímica y económicamente», narra Huaynasi.

Wilder Pari, periodista del diario La República, es un hombre sencillo, audaz y que ha tenido que enfrentar esta crisis de la mejor manera, trabajando con todas las medidas de protección necesarias.

«Ahora salimos solo en casos necesarios. Claro que existe temor, se trata de un virus sin cura y cuyo comportamiento recién se va descubriendo. Frente a ello, solo queda tomar las medidas de precaución, tal vez exagerando, pero lo hacemos para cuidar a nuestros familiares, entre ellos mi padre que tiene 66 años», dice.

La incertidumbre y la voracidad de esta gripe ha develado que tras la imagen seria y valerosa de los periodistas también existe el desasosiego, la duda de que un paso en un mal lugar pueda dañar lo más preciado, la familia.   

«Dentro de estas medidas, una vez opté por caminar hasta el centro para evitar el transporte público, que últimamente para saturado. He visto con preocupación que algunos colegas no practican todas las precauciones, como el distanciamiento, pero yo debo hacerlo para cuidar a mi familia», dice Pari.

Regina Reymer, periodista del diario Los Andes, vive y ve esta pandemia como una prueba. Según narra, cada entrevista, cada intercambio de palabras, cada conferencia, es como jugarse la vida, porque no sabes cómo ni quién podría tener el virus dentro suyo. Aun así, continúa con su labor.  

«Es una situación complicada, por ejemplo, uno tiene que salir temprano a trabajar y luego dirigirse a casa con la incertidumbre, la duda. Es que de cierta forma no estamos todo el día en la calle, es cierto, participamos de actividades puntuales, pero en esas acciones, en ese cumplimiento de tu trabajo, reflexionas que hablaste con personal policial, del Ejército o alguien de salud o de los mercados, y no sabes si están contagiados o no. De repente escuchas que se informa de casos en los que en algún momento estuviste cerca, y allí, en ese instante te das cuenta que comienzas a vivir la enfermedad desde dentro y ya no desde afuera, es decir, comienzas a conocer lo cruel que puede ser una gripe», narra.

Sin embargo, Reymer, ve con ojos positivos esta situación y dice que podría ser una oportunidad:

«Si nos ponemos a pensar a futuro, estamos hablando de un cambio, un cambio que deberá perpetuarse, una renovación, quizás para bien. Es una oportunidad para avanzar tanto en salud como en las nuevas tecnologías enfocadas a todos los sectores. La educación, creo será uno de esos cambios más próximos».

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