Arequipa

Los secretos de un bibliotecario

19 de enero de 2020

De joven no leía, pero ahora es un lector voraz. Un perfil de Mario Rommel Arce.

Por: Roy Cobarrubia V.
Fotos: Adrián Quicaño P.

Cada vez que mira es un golpe de pregunta. Mario Rommel Arce es el hombre que se ha hecho fuerte con el tiempo. Un bibliotecario que lleva metido un libro en el corazón. Incluso, él mismo se ha convertido en una edición con páginas que pocos han leído. El abogado convertido en historiador es un hombre que prácticamente vive abrazado a los lomos de libros, y que en los últimos tiempos ha escondido las partes de su corazón y de su alma en dinteles de bibliotecas.
Quizás algún día alguien los encuentre, y poco a poco forme esa figura simétrica y le muestre la vida fuera de las paredes de una estantería, porque Mario, como le dicen los amigos, siente por estos días de madurez que el tiempo le ha golpeado fuerte y sin aviso.
El 14 de junio de 1971, un lunes, y a las cinco de la mañana en la calle Ugarte, cerca al Monasterio de Santa Catalina, Mario lloró por primera vez. El hijo número dos de don Honorio Arce Álvarez apareció en el mundo generando expectativa, sorpresa. Su madre, doña Hermelinda Espinoza Sumerinde, avizoraba que concebiría una niña, una pequeña a la que llamaría María en mérito a su suegra, María Álvarez Campano, pero nada de eso sucedió y tuvieron que cambiar el nombre a última hora a Mario.
El cuerpo del pequeño Mario se perdía entre las sábanas, era un niño muy menudo, pequeño y frágil, una característica que lo acompañó a lo largo de dos décadas, tiempo en el que su progenitora fue el pilar de vida, una mujer que lo formó a expresiones de dichos y frases reflexivas que él aprendió a cultivar y hacer suyas con los años.
“Era un niño ccariche, eso decía mi padre, porque solo quería estar en los brazos de mi madre”, cuenta, y hoy, en las fotos que guarda en la casa ubicada en la avenida Lima de Vallecito se puede verificar esa escena, un Mario abrazado a su mamá, con quien tuvo un vínculo materno perpetuo.
El director de la Biblioteca Pública Municipal de Arequipa tiene un andar pausado, usa un sombrero que le cubre parte del rostro, suele usar terno, a veces pantalón de tela, una camisa y un saco, y además y parece que es el único en toda la ciudad, usa un teléfono móvil que solo sirve para llamar y recibir llamadas.
Para el común de la gente Arce es un hombre serio, inconmovible, estoico, pero no todo el tiempo es así, Mario es un hombre sensible capaz de estar al punto del llanto al recordar a su madre, un sujeto que confiesa no fue lector durante su etapa escolar y que muy por el contrario se entregó desde 1977 al juego de los trompos y el fútbol, este último, un deporte del que nunca fue bueno, pero que intentó practicar sin mucha destreza, y que le demostró que se estaba mucho más seguro con un libro.
“Durante la primaria y la secundaria no leí nada, no fui un lector aventajado, como Mario Vargas Llosa, ahora pienso que quizás perdí mucho tiempo. Mi padre era el referente cultural, él hablaba de Derecho, me traía libros de Derecho, pero nunca de otra materia”, narra.
El Gato Félix y el Ché Buzios, compartieron la cancha eterna del callejón de la calle 28 de Julio. Una cancha en la que Mario nunca metió un gol.
“Era un niño pequeño, delgado, no era un buen jugador, y en el colegio hacía deporte con dificultad”, cuenta.
Mario Rommel, como suelen llamarle algunos, confundiendo su segundo nombre por su apellido, no fue siempre popular, era, quizás como todos los hombres de cambios un tipo raro, distinto del común. De niño se aislaba, e incluso creyeron que andaba mal de la cabeza, llegó al psicólogo, pero nunca descubrieron nada. En la escuela no jugaba o socializaba, pero en casa era un niño perspicaz e inquieto.
Sin embargo, ese carácter y conducta pasiva en el colegio le valió ser objeto de bullying. Hoy lo dice como si hubiera superado un monstruo de mil cabezas.
“Había algún niño, que no falta en las aulas que abusaba, yo era un niño tranquilo y frágil, eso me generaba incomodidad, fui objeto de bullying”, cuenta.
En el colegio mixto Ana de los Ángeles, un plantel particular que funcionó en Vallecito y luego que funcionó en Consuelo terminó por superar sus miedos y por convertirse en la imagen pública basada en el conocimiento y las buenas notas.
El primer amor de Arce se llamaba Maylin, en realidad fue el primer amor de ella porque Arce nunca estuvo interesado o simplemente como dice, no se dio cuenta. Más tarde ingresó a la Universidad Nacional de San Agustín, alejado del amor, pero enamorado de los libros y de la historia, pese a que ingresó a Derecho, en cumplimiento de un deseo de su padre, abogado curtido y que deseaba que su progenie continúe con la tradición legal, se formó como letrado.
“No quiero crear una leyenda de mi vida, fui un hombre que durante la primaria y la secundaria estuve muy concentrado en los estudios y a mis juegos, no sé, nunca me sentí preparado para emprender una aventura amorosa”, narra al recordar que en su etapa universitaria sufrió por amor.
Mario tuvo y tiene amigos famosos, en el Perú y fuera, Mario Vargas Llosa, Gerald Martín, Eusebio Quiroz, Juan Guillermo Carpio Muñoz, es como se le duele decir, un amigo de rock star de la literatura y de la historia.
Hoy escribe para el diario El Pueblo desde hace más de una década, cree en los horóscopos y tiene tres sueños: seguir produciendo textos de primer nivel en favor de la historiografía, salir al extranjero y alternar con estudiosos del mundo. Quiere liderar un proyecto, cambiar la situación del país a través del liderazgo de una propuesta política, sueño ambicioso en el que se encuentra el Congreso y un ministerio del Perú. Y el último, un deseo personalísimo desea poder encontrar la felicidad al lado de una mujer que lo comprenda y que lo acompañe en el inicio de una aventura, de la realización de sus dos primeros sueños. “No quiero hacer la ruta solo, puedo estar acompañado de mucha gente, pero quiero realizar este camino y proyecto con una compañera que esté interesada en mis sueños”, dice.
Mario desea morir en su cama, agotado y feliz de haber cumplido sus tres anhelos. Ese día imagina será un día de primavera, soleado. Su cuerpo, cuenta, será enterrado al lado de su madre en el cementerio Jardines de la Paz, ha comprado allí un nicho.

DATO
Ese es Mario, un hombre en busca del amor, con esperanzas y sueños, con defectos, con habilidades, capaz de bailar una salsa, de emborracharse por amor o llorar por despecho, un hombre que promete no dejará nunca los libros y que tiene ansias en el menor tiempo posible saltar a la política y mejorar su ciudad, su región y su país.

Compartir
loading...

Leer comentarios