Arequipa

Madre de Alfonso Ugarte lo reconoció entre muertos por sus calcetines

30 de septiembre de 2019

La madre de Alfonso Ugarte pidió y pagó por buscar el cuerpo de su hijo. Lo reconoció por las medias.

Por: Roxana Ortiz A.

Se conoce a través de la historia la crueldad con la que actuó el ejército chileno contra quienes defendieron el territorio peruano en el llamado “remate o repaso” de los heridos, que quedó plasmado en un cuadro.

Una gran cantidad de cuerpos fueron arrojados desde lo alto del Morro de Arica, que tenía más del doble de altura que el que ahora tiene, para que el mar se encargara de ellos. Doña Rosa Vernal, mamá de Alfonso Ugarte, no se iba a conformar con la noticia de su hijo muerto, así que pagó a peruanos y chilenos para que lo buscaran entre los cuerpos en descomposición. Lo reconoció por los calcetines que llevaba, porque ella misma se los tejió.

También se cuenta a través de la historia, probablemente atizado con un aporte poético o literario, que este héroe nacional, cogió la bandera peruana y para que no la alcancen los enemigos, se lanzó en su caballo blanco, desde el morro. La existencia del caballo blanco no es un mito, puesto que en su testamento decide donarlo a un primo suyo.

Otros, para restarle valor a su sacrificio, aseguraban que Ugarte no murió en la cruenta batalla, sino que había huido del país.

Alfonso Ugarte no fue un simple soldado a quien el patriotismo le ganó y decidió ir a luchar para defender el territorio patrio. Era un gran empresario, con millones de libras esterlinas depositados en bancos ingleses y varias empresas formadas por el comercio del salitre y el guano, precisamente logrados en sus relaciones comerciales con Chile.

“Ugarte no tenía nada que ganar ingresando a este conflicto, él tenía todo el dinero del mundo. Era un Onasis, pudo haberse ido al extranjero y luego de terminado el conflicto, regresar para seguir comercializando con Chile; pero no lo hizo”, cuenta el historiador Enrique Ramírez Angulo, presidente de la Asociación de Historiadores de Arequipa, quien hurgó entre los documentos del Archivo Regional hasta dar con el testamento original que dejó el héroe y que contiene 37 folios y fue realizado por el escribano José María Palacios.

Se cuenta que con su dinero, creó un batallón, al que vistió y armó para ir a combatir. En Tarapacá incluso resultó herido y pese a eso, decidió seguir adelante en su lucha, consciente que podía perder la vida, porque así lo señaló en su testamento del 4 de noviembre de 1879, el que hizo de puño y letra, quedando cerrado y lacrado, con indicaciones para que posteriormente fuera entregado a su familia.

Continúa: “Declaro que soy cristiano, que profeso y creo en la religión católica y que vivo y muero en tal creencia. Declaro que soy hijo legítimo de mis padres don Narciso Ugarte y doña Rosa Vernal y que no tengo ni reconozco otro hermano legítimo más que a Isabel Ugarte, hija de mis antedichos padres, únicos dos que sobrevivimos de este matrimonio habiéndose muerto en la más tierna edad mis hermanos Narciso y Federico Ugarte”.

Allí también confiesa que tiene una hermana del segundo matrimonio de su madre y reconoce que tuvo un hijo sin ser casado, ni reconocido, pero que habría fallecido. Su madre resulta ser la heredera universal de toda su fortuna, pero dejó estipulada su voluntad de cumplir con otras personas e instituciones. No se olvidó ni siquiera de los pobres de su lugar natal.

Menciona una larga lista con todas las empresas que tuvo, tanto de manera personal, como con su socio Antonio Cevallos, además de dinero ahorrado en una serie de instituciones, y otras propiedades en inmuebles, chacras y haciendas. Igualmente detalla todas las deudas que tiene con una serie de personas, como parte de su trabajo empresarial, a los que pide se les pague, pero también algunas deudas por cobrar.

“Declaro que debo lo siguiente: a don Juan L. de Loayza 2525.53 dos mil quinientos veinte y cinco soles bancarios; a doña Carmen C. Garpo por un vale que le dí, dos mil soles y a don Mariano Geza, dos mil soles en billetes y seis mil soles certificados salitreros que me entregó en depósito sin orden judicial, para suspender un cobro que le hizo el Banco Nacional del Perú. Suplico a mis herederos y albaceas paguen estas deudas y que el depósito de M. Geza lo entreguen con las formalidades judiciales debidas”, señala la transcripción del valioso documento histórico hecho por Ramírez Angulo.

“Declaro que a nadie más debo y que no me acuerdo deber a otros cantidades de mayor cuantía, pero si resultaren cantidades pequeñas que por ser insignificancias no recuerdo, suplico a mis herederos y albaceas los paguen”, dice el testamento. Coloca además una lista de deudores y sus montos.

Al parecer, no todas las personas se habrían “portado”, bien con él, puesto que señala: “Declaro que fui tan tonto de prestar mi firma en garantía al Banco Mercantil del Perú por los créditos siguientes: Don Juan de Dios Hidalgo 12 000 (doce mil), Don Mariano Vernal 400.00 (cuatrocientos). Doña María Calle 2500.00 (dos mil quinientos soles). Suplico a mis albaceas que hagan cuanto sea posible para obligar a estos caballeros a pagar sus deudas al banco y retirar mi firma”.

Sabiendo de los riesgos que conllevaba el conflicto con Chile, también decidió poner a buen recaudo sus propiedades. “Declaro que para salvar los libros y documentos más importantes del negocio, en caso de un incendio u otro siniestro a consecuencia de la invasión chilena, he embarcado a bordo del buque alemán “Erato”, los libros mayores y principales del año 1879, la cajita de fierro conteniendo todos los documentos, vales y papeles de algún valor del negocio, así como también mis libros, documentos y papeles particulares y diez mil seiscientos quince soles billetes. Un cajón conteniendo un servicio de plaqué de don Antonio Cevallos y un saco con varias piezas de plata chafalonía de mi pertenencia. Que todos estos valores que por hoy son los únicos salvables, los tienen en su poder mi dependientes Roberto Billinghurst y M. Wattenhoff, los que tienen orden de ir a Arequipa y entregarlos a mi madre y al señor Cevallos, en caso que esta población cayera por desgracia invadida de los chilenos”.

Alfonso Ugarte era soltero, pero estaba comprometido en matrimonio con su prima, a quien tampoco dejó de lado en su testamento: “Dejo a mi prima Timotea Vernal quince mil soles billetes, porque le prometí casarme con ella y el tiempo no me lo ha permitido efectuarlo como lo tenía resuelto”.

Dejó dinero a la Beneficencia de Iquique para un Hospital, a los pobres de Tarapacá tres mil soles que les repartiría su madre. Deja a Roberto Bilinghurst, “por ser un joven tan honrado y que me ha acompañado hasta el último minuto, dos mil soles”. Este personaje fue luego presidente del Perú.

Su caballo blanco, que lo acompañó en la dura e injusta batalla, también está en el testamento y se lo dejó a su primo Juan Vernal Castro, además de un servicio completo de plaqué fino para té, que suplica a su señora madre le mande comprar y se lo entregue.

Termina: “Si en algo soy injusto aquí y si he olvidado algún deber, suplico a todos me perdonen, pues en los momentos en que escribo esto me encuentro apurado con mis deberes militares; y del negocio y mi ánimo completamente aniquilado al pensar en que puedo desaparecer en esta campaña y abandonar a mi madre y hermanas que necesitan de mi apoyo”, señala apesadumbrado y consciente de su futuro este héroe, al que seguramente la historia no ha sido del todo justa con él.

Este testamento estuvo guardado y olvidado en el Archivo Regional. Solo en el gobierno militar, en la década del 70, se obtuvo una copia que se llevó a Lima; pero ahora se está poniendo a disposición de la población arequipeña, para que se conozca del verdadero valor que tuvieron los héroes nacionales, dice Kelly Santillana Abril, directora de dicha institución y que buscar rescatar además, otros valiosos documentos que allí se guardan celosamente.

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