Especiales

Misioneros de esperanza a más de 4 mil msnm

13 de agosto de 2018

 

Un grupo de adolescentes y jóvenes de diferentes colegios de la ciudad de Arequipa recorren las zonas más lejanas de Caylloma llevando ayuda material y espiritual para pobladores “invisibles” para el Estado. Este proyecto nació a través de «Avanzada Católica”, un movimiento que a la fecha acoge a más de 300 muchachos de condición económica alta que han encontrado en la pobreza extrema de los pueblos de la región el verdadero sentido de la fe.

Cuando llegaron a Ccascca, un centro poblado ubicado a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar (msnm) y a más de ocho horas de Arequipa, en el distrito de Tisco (Caylloma), la nieve había cubierto las pocas casas del lugar.

El frío era intenso. Parecía un pueblo fantasma. La situación de pobreza extrema y el olvido de las autoridades provocó que gran parte de la población “abandonara el lugar” para buscar mejores condiciones de vida en otras zonas.

Era una mañana gélida. En la plaza principal un grupo de niños en ojotas y sandalias jugaba con la nieve, metros más allá la posta del lugar lucía vieja y olvidada. Varios años antes había sido cerrada, dejando a la población enferma a la deriva. Los visitantes quedaron impresionados. En medio de la pobreza y el frío los pequeños eran felices.

“Hubieran venido antes. Nunca nadie viene por aquí”, dijo una señora de avanzada edad. Santiago, un joven de 19 años, quedó impactado. Más que el frío, las palabras de aquella dama lo golpearon tan fuerte como un si fuera un bloque inmenso de hielo. Él había estudiado en el colegio Max Uhle, una de las instituciones educativas más costosas y exclusivas de la ciudad. La realidad de ese pueblo lo dejó conmovido.

Llegó a la zona llevando ayuda para la población, junto a un sacerdote. Ambos forman parte de “Avanzada Católica”, un movimiento que nació en el país hace 26 años, pero que en Arequipa tiene vigencia desde 1998. Su misión es llevar la palabra de Dios, además de ayuda a zonas deprimidas. Han llegado así a distritos y anexos de Callalli, Sibayo, Coporaque, Lari Ichupampa, Tarucarmarca, Cota Cota y otros. Y es que, Cristo se encuentra en todo lugar, sobre todo en las zonas más lejanas.

El 23 de julio, alrededor de 80 jóvenes (50 mujeres y 30 varones) emprendieron un nuevo periplo. Visitaron Tisco, la jurisdicción cayllomina ubicada a más de 4 mil msnm. La visita duró una semana.

Los adolescentes liderados por Sofía Martinetti y Víctor Paredes se instalaron en la posta del distrito justo cuando el frío azotaba con toda su furia a la región. Horas antes la vía Imata – Arequipa, paso obligado para acceder a Tisco había quedado bloqueada. El mal clima llenó la vía de nieve. Pese a ello, llegaron al pueblo. Limpiaron sus calles, instalaron un consultorio odontológico para atender a la población residente, pintaron el único nido del distrito, dieron catequesis a los jóvenes del colegio de secundaria, y recorrieron casa por casa para evangelizar.

Vanessa Herrera (16) no pudo evitar conmoverse con la experiencia. Antes había participado de otra misión a Tarucamarca, otra jurisdicción cayllomina en similar situación a Ccascca. Varios pobladores le habían dicho que evite tocar la puerta de una casa vieja, probablemente la más pobre del lugar. Allí vivía una anciana de mal genio, le advirtieron. Igual lo hizo.

En su interior no halló a la mujer malhumorada ni agresiva que le pintaron, sino a una enferma, pobre y sola. Sus hijos la habían abandonado hace varios años. Rezó con ella, acompañó su soledad y se conmovió con su historia. “Gracias por venir”, le dijo la octogenaria. En tiempos de hambre, la palabra y compañía desinteresada puede ser un alimento potente.

En Tisco la gente es feliz con lo que tiene. Los niños de las zonas altas aprenden a convivir con la naturaleza, una forma de dar la espalda a la adversidad. “No tienen lujos, pero tienen todo lo que necesitan en sus primeros años de vida”, dice Renata (16). Es la primera vez que esta joven acompaña a una misión con la “Avanzada Católica”.

En Tisco aprendió que hay un mundo paralelo, opuesto y hasta cruel, muy diferente al que ella vive en la ciudad. La jovencita tuvo a cargo la evangelización de niños de primaria de la escuela del distrito. Recuerda que tomó la mano de una niña que cantaba alegre. Estaba cuarteada, casi con llagas por el frío. “Quise ir corriendo a mi cuarto y sacar mi crema para regalársela, pero entendí que eso no resolvería su situación”, cuenta. “¿Cómo es posible que la gente viva así?”, se pregunta. De regreso a la ciudad, cogió una bronconeumonía. En Tisco los niños también se enferman, pero no tienen los servicios de salud necesarios.

ENCONTRANDO FE
EN LAS ALTURAS
Fabrizio Díaz (21), pertenece a Avanzada Católica desde que tiene 16 años, estudió en el colegio Prescott. Llegó allí guiado por una prima para prepararse para hacer la confirmación. Ha visitado zonas deprimidas como Cota Cota, donde hay muchos peruanos “invisibles” para las autoridades. Viajar lejos para ayudar –dice– es una forma de reencontrarse a sí mismo y renovar su fe.

En la misión a Tisco se encargó de instruir en catequesis a los adolescentes del nivel secundario de la escuela de la jurisdicción. Encontrar a Dios en las alturas le ha hecho entender que “el que enseña aprende el doble”.

Moisés Tapia (19) empezó a participar en este grupo desde que tenía 14 años. No solo ha colaborado en periplos largos, el movimiento religioso también realiza misiones a zonas urbanas llevando apoyo material y espiritual, especialmente en Navidad.

Dejar el confort de su casa de vez en cuando le ha enseñado que “de lo ordinario siempre sale algo extraordinario”. El adolescente confiesa que ha aprendido a servir a la gente que ama y a los que no conoce. Antes no lo hacía. “Ahora por lo menos lavo los platos en casa. La ayuda nunca está de más”, confiesa entre risas.

Esta organización no solo está integrada por jóvenes. Hay familias enteras que se unen a las misiones. Nicolás Gambeta (18), por ejemplo, llegó de la mano de sus padres hace algunos años y junto a ellos ha aprendido que hasta para ayudar hay que tener fuerza de voluntad. Limpiar las calles de un pueblo casi olvidado o compartir pláticas con abuelitas desconocidas, ver niños sin zapatos pero felices fortalecen las creencias de este joven de clase “acomodada” que planea seguir viajando para ayudar.

Sofía Martinetti (23) es probablemente una de las jóvenes de mayor edad en este grupo de misioneros de las alturas. Tiene siete años combinando su vida y estudios en la ciudad con los viajes a pueblos recónditos o emprendiendo campañas benéficas a distritos periféricos. Esta vez fue una de las coordinadoras de la misión a Tisco. Lo hace por convicción. “La fe se transmite con el ejemplo no tanto con la palabra porque Dios se encuentra en la experiencia”, dice contundente. Estos jóvenes saben que en las zonas lejanas el frío que más duele es la indiferencia.

DATO
La avanzada Católica cuenta con el apoyo de varias empresas locales que hacen que la ayuda a las zonas lejanas y pobres de la región pueda llegar. Entre ellas se encuentra, Laboratorios Portugal, Rico Pollo, La Ibérica, Tecsup, ScotiaBank, Interbank, Las Américas, así como amigos que residen en el extranjero.

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