Arequipa

No hay crimen perfecto: Tras las huellas de un asesino

1 de diciembre de 2019

Sangre, botellas de licor vacías, limpieza excesiva de la zona del crimen, ayudaron a la PNP a develar el crimen.

Por: Milagros Corrales

Unas gotas de sangre condujeron al lugar del presunto crimen. La Policía encontró el cadáver de una mujer la mañana del martes 5 de noviembre en la torrentera San Lázaro, que divide los distritos de Miraflores y Alto Selva Alegre.

Los rastros pardos conducían a la cuadra 7 de la calle Leoncio Prado. Luego se perdieron. De pronto, los agentes del Área de Homicidios de la Divincri se percataron que el frontis de una vivienda estaba húmedo. Horas antes parecía haber sido baldeado por los dueños. Las interrogantes y sospechas empezaron a surgir.

Paso a paso la policía descubrió el crimen de Noelia Cairo (34), una mujer a la cual le arrebataron la vida. Cada efectivo puso en práctica su capacidad de observación. Se realizó un trabajo de inteligencia para obtener información y efectuar el seguimiento del caso que terminó con la captura del presunto autor del macabro hallazgo.

En lo que va del año, se han suscitado 17 homicidios en Arequipa. Las modalidades más recurrentes son: feminicidios, homicidios calificados, robo seguido de muerte, entre otros. Las víctimas son mujeres en su mayoría de 30 y 50 años. Los delitos se produjeron en zonas residenciales como José Luis Bustamante y Rivero, Yanahuara o en la parte alta de Paucarpata. También en periferias como La Joya y Camaná.

SE PRESUME

Se presumía que el asesinato de Noelia era un feminicidio más, pero no fue así. Ella no ha sido victimada dentro de un ambiente de violencia familiar, no hubo coacción, hostigamiento, acoso sexual ni abuso de poder. A ella le quitó la vida un hombre a quien solo veía a veces.

No solo las huellas de sangre guiaron a la policía para descubrir el lugar donde ocurrió el crimen, también el nerviosismo de la madre y las contradicciones del hermano del sospechoso. Además de algunos testimonios de los vecinos y familiares de la víctima. El olfato de los efectivos policiales los condujo a una casa de un solo piso.

En la vivienda solo se encontraba la madre del presunto asesino. Dijo que su hijo sospechoso trabajaba en otra ciudad y recién había llegado la noche anterior. Señaló que en la casa vivían sus dos muchachos y que, en ese momento, uno se encontraba trabajando y del otro no sabía nada. La mujer se puso nerviosa ante las preguntas de los agentes quienes ingresaron al domicilio y la infraestructura tenía una característica particular: un pasaje que conducía hacia unas gradas metálicas que desembocarían en un sótano donde habría ocurrido el crimen.

Los agentes comenzaron a inspeccionar el lugar. Al interior todo estaba limpio. Durante la revisión llegó uno de los hijos de la mujer, el mayor. Supuestamente la madre no sabía nada de él, pero estaba en el momento de la inspección policial.

Se percataron también de la existencia de botellas de licor vacías. Negó que fueran suyas e indicó que su hermano estuvo tomando el día anterior. «¿Y dónde está él?», interrogó un efectivo. «Trabajando», respondió.

EL PERFIL
La policía comenzó a relacionar todas las pruebas que tenían hasta el momento. Estas sindicaban como asesino a un hombre que continuó sin problemas con su rutina y salió a trabajar temprano. Ya que pronto obtuvieron su paradero, ahora solo existía la contradicción en su comportamiento y es que lo que se espera que haga un asesino en este tipo de casos es huir, esconderse, desaparecer de algún modo; no salir a trabajar como si nada hubiera pasado. El perfil sumamente extraño de la persona que buscaban se hacía notar.

Para acabar con las sospechas, personal de la policía emprendió su búsqueda. En tiempo récord dieron con Juan Ruelas Illachura (42), por inmediaciones de la calle Juan Velasco Alvarado en el distrito de Miraflores. Fue intervenido cuando se dirigía a su paradero de colectivos. Los agentes le atribuyeron directamente el hecho. Juan, confesó haber tirado el cuerpo de la mujer en la torrentera, pero negó haberla asesinado. Sostuvo que el día anterior estuvo tomando licor con ella y que al promediar el mediodía se cayó sola por las escaleras y perdió la vida.

La PNP no creyó en esta versión. A la mujer la encontraron en la torrentera envuelta en un edredón blanco con manchas de sangre, desnuda, con lesiones por todo el cuerpo y una fractura en la cabeza.

La causa de su deceso fue shock hipovolémico, es decir, cuando el volumen sanguíneo circulante baja a tal punto que el corazón se vuelve incapaz de bombear suficiente sangre al cuerpo; traumatismo múltiple en la cabeza, esto lo causó su asesino con un objeto contundente.

Cuando la policía ingresó al dormitorio del sujeto, en ese sótano inspeccionado, ya todo estaba limpio, se tuvo que hacer una reconstrucción con patrones de sangre; es decir, echar luminol y ver dónde y cómo ocurrió el hecho. Así se descubrió el lugar exacto donde se perpetró el asesinato.

LA HIPÓTESIS
El 4 de noviembre, al promediar las 10:00 de la mañana, se reúnen en la casa de Juan y comienzan a beber licor. Según él, al mediodía Noelia cae por las gradas y muere. La PNP cree que a esa hora ocurre la agresión que acabó con la vida de la mujer dentro de una habitación ubicada en el sótano de la vivienda. Suceso que se dio por una razón desconocida.

El sujeto conservó el cuerpo inerte toda la tarde, mientras maquinaba qué podría hacer con él. Por lo cual, a las 19:30 de la noche aproximadamente envolvió el cuerpo en un edredón, lo colocó encima de una carretilla que no pensó dejaría huellas en el camino de tierra y lo sacó de su casa para deshacerse de él y lanzarlo a la torrentera que se encontraba en la calle paralela a su domicilio.

Regresó y se encargó con sumo cuidado de limpiar su casa. Eliminó el más mínimo rastro de sangre al interior. También baldeó el frontis, sin pensar que luego sería una pista para la policía. No se sabe si todo esto lo hizo con ayuda de su madre y hermano o no.

La flagrancia delictiva es de 24 horas desde que sucede el hecho. Así que debían capturar al autor del crimen antes de las 12:00; si tomaba más tiempo ya no habría flagrancia. La policía logró su cometido.

Juan, tiene un hijo y es separado. Noelia también, una adolescente de 15 años que no podrá borrar este episodio de su vida. No tenían una relación, se veían a veces. Los testigos dicen que él quería formalizar el supuesto romance, pero ella no. Eran vecinos, vivían en la misma calle, los separaba tan solo un par de viviendas.

Lo que cometió el sujeto es un homicidio calificado. Por el delito le han dado nueve meses de prisión preventiva. Durante este periodo se deben hacer las diligencias respectivas, recabar declaraciones, pruebas y diversas evidencias para que inicie el juicio que debe hacer justicia.

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