Arequipa

«Para un fotógrafo es muy importante regresar a los lugares en los que estuvo»

2 de diciembre de 2019

Los años 80 y 90 en el Perú fueron los más difíciles de las últimas décadas. La organización terrorista Sendero Luminoso sembró el terror en la sierra peruana, especialmente en la región de Ayacucho. Hoy, varios años después, «Volver a Ver» busca rescatar lo que vivieron los fotógrafos Óscar Medrano, Vera Lentz y Alejandro Balaguer que retrataron los pueblos y rostros de esta etapa de nuestra historia. Lo hacen de una manera singular, con el retorno de los fotógrafos a donde captaron las imágenes y el reencuentro con los que fueron fotografiados 30 años atrás.
De la idea del proyecto, como logró hacerlo, y las enseñanzas que nunca debemos olvidar como peruanos, hablamos con Judith Vélez, directora del documental, y uno previo del cual nació la idea: «1509 Operación Victoria», que aborda la caída de Abimael Guzmán, líder del grupo terrorista más sanguinario que ha registrado nuestra historia.

Por: Gustavo Callapiña D.
-¿Cómo es que el hecho de realizar el documental “1509 Operación Victoria”, te llevó a hacer “Volver a ver”?
En el fondo creo que fue una tremenda curiosidad lo que me motivó. En los años 80 cuando yo era una estudiante me pasaba años escuchando las noticias por las noches, viendo los diarios en los que se hablaba de la “zona de emergencia”, un territorio en guerra del cual yo no tenía una idea clara, nunca había estado en Ayacucho y después de «1509 Operación Victoria», dije «bueno ya conté la historia del proceso de pacificación en Lima ahora me toca entender cómo se llevó a cabo este proceso de enfrentar a Sendero en las zonas altas». Entonces comencé a revisar el archivo de Caretas y La República, por varios meses, para armar la historia, porque todavía no sabía cómo iba a contar cómo vivieron esos años los campesinos en Ayacucho. Para entonces ya conocía a Vera Lentz a quien le había comprado una foto para el documental sobre la captura de Abimael Guzmán y fue la primera vez que tome contacto con una fotoperiodista que me contó su historia de los años ochenta, algunas anécdotas del tiempo que paso en esa zona. Me impactó mucho la vida de estos fotógrafos a quienes les debemos posiblemente el único archivo visual de esos años.

-Y decides contar la historia a través de ellos, los fotógrafos
Sí. Yo ya había revisado archivos audiovisuales de esos años (80 y 90) que tenían los canales de televisión y lo que tenían era mucho material de lo que ocurría en Lima, pero no de Ayacucho. Con Yuyanapaq (relato visual del conflicto armado interno) recién tomamos contacto con una narrativa visual ordenada y organizada históricamente con hitos importantes de esos años. Entonces viendo el archivo de Caretas y La República comencé a construir la historia, a escoger las fotografías que me permitan tener el arco dramático de todo el conflicto armado. Seleccionó tres bloques de ellas, porque tenía que contar la historia en ocho y o diez fotografías por el tiempo que tienes en una película. Uno de ellos el de Huaychao, con fotos de Óscar Medrano, que es un punto de quiebre cuando la población altoandina por primera vez le dice no a Sendero y empiezan a perderle el miedo. El segundo bloque son las fotos de Cochas, que es el momento más álgido, cuando sendero ataca a las poblaciones. Son fotos únicas, porque Alejandro Balaguer llegó junto a Abilio Arroyo, periodista ayacuchano al día siguiente del ataque a esta comunidad y tomó esas fotos duras y dolorosas que muestran el nivel de destrucción en el que quedaron. Finalmente el tercer bloque son las de Vera Lentz, que aborda las autodefensas o rondas campesinas en Acos Vinchos que es donde más organizados estuvieron los comuneros. Era un pueblo que se había automilitarizado para poder enfrentar al enemigo. Son cosas que no las sabemos y en mi caso si yo no hubiera hecho esta película no podría haber contado todo esto. Hacerla me ayudó a ordenar mi propia historia, preguntarme donde estaba yo en esos años y porque no reaccionamos, no los ayudamos y los dejamos solos.

-Lograr un rencuentro entre los tres fotógrafos y personas que fueron retratadas no debe haber sido un proceso fácil
Creo que para un fotógrafo es importante regresar a los lugares en los que estuvieron. Cuando ellos llegan a un lugar, donde lo único que hay es destrucción y dolor, dejan su corazón. Balaguer me contaba que en Cochas apenas estuvieron dos horas. Hicieron un ascenso de ocho horas caminando para llegar y en dos horas fotografiar todo lo que podían. Eso marco a Alejandro por el resto de su vida. Son experiencias que no te dejan. Entonces cuando le propongo regresar con esas fotos me dijo: “Yo te apoyo en todo lo que necesitas, yo tengo una deuda con ese pueblo y va ser muy emocionante para mí y para ellos que yo les regrese la foto que tomé en circunstancias tan duras y difíciles”.

– Actualmente, hay una suerte de producción a nivel de libros, películas, documentales que abordan el pasado de nuestro país. Recientemente se estrenó La Revolución y la Tierra, que aborda la reforma agraria de Juan Velasco Alvarado ¿Crees que se está rescatando aquello de lo que antes no se hablaba?
Lo que veo es que la gente no quiere seguir entendiendo solo la historia oficial, la que te enseñan en los colegios y en los medios de comunicación es una que no convence mucho. En el caso de la «Revolución y la Tierra», hay una necesidad de la gente joven de tomar contacto con líderes que, a pesar de todos los cuestionamientos, hizo un cambio importante en la sociedad peruana. Entonces son líderes que realmente estuvieron comprometidos con el pueblo, con la gente de abajo, con los campesinos, ese liderazgo ya no lo vemos en el Perú. El boom de esta película (La Revolución y La Tierra) es esa necesidad de conocer ese momento de nuestra historia ahora que a la luz de los últimos presidentes, que nos damos cuenta están atravesados con cuestionamientos de corrupción con el tema de Odebrecht, entonces la gente necesita creer en alguien, y creo que revisar la historia es fundamental para entender los procesos sociales y el Perú de ahora. Películas como la de Gonzalo Benavente, otra que ha salido sobre Hugo Blanco (Líder campesino), y «Volver a Ver» son proyectos con temáticas que iluminan sobre procesos sociales y temas políticos desde miradas más profundas, cuestionadoras, serias y neutrales que permiten a la gente joven, y adulta también a tener una nueva lectura de la historia.

– Mencionaste en una entrevista que los medios de comunicación no abordaron esta etapa del conflicto armado en nuestro país. ¿Por qué crees que no lo hicieron?
Yo creo que los dueños de los medios por muchos años no han querido tocar el tema, así como no se quería construir el Museo de la Memoria en Lima. Construir el LUM tomó mucho tiempo porque había que poner de acuerdo a todos los actores políticos. A las Fuerzas Armadas, la Policía, la población civil organizada, los familiares de los desaparecidos y hubo mucha presión para no hablar de las responsabilidades del Estado durante estos años; los crímenes de lesa humanidad que se hicieron. No podemos negar que hubo muchos errores, hubo crímenes atroces que fueron perpetuados por el Ejército y por la Policía y también por los ronderos. Entonces poder reflexionar en los medios de comunicación sobre el tema, entender que significaba y cómo vivimos la posguerra como sociedad de manera responsable, como hacernos cargo del dolor de tanta gente, el Estado de qué manera puede ayudarlos con educación gratuita, poniéndole médicos que pudieran tratarlos psicológicamente, eso no hubo y en Lima, en este país centralizado, los limeños tampoco nos hacíamos preguntas. Cayó Abimael, la gente festejó una semana completa y nadie miró nuevamente a esa parte de este país en el que hemos abandonado cuatro, cinco veces a los pueblos originarios que han vivido el abandono durante la guerra, durante la posguerra, y la siguen viviendo. Luego eso se corrigió con la Comisión de la Verdad, que creo fue la mejor decisión que se tomó en el 2001 y que luego se hayan iniciado las reparaciones civiles, la realización de la lista única de víctimas, organizado estos encuentros de las personas que por primera vez contaban lo que había ocurrido en sus pueblos eso fue fabuloso fundamental.

-¿Cuán importantes fueron las rondas campesinas para enfrentar a Sendero Luminoso?
Sendero buscaba liberarse de las autoridades gubernamentales, asesinaban a las autoridades religiosas, políticas, gubernamentales que eran sus principales objetivos. Una vez que ocurría eso, ellos llegaban y ponían a sus propias autoridades y el pueblo terminaba siendo una base de apoyo. En una primera etapa, la gente de las comunidades altoandinas pensaba que esto era una solución a años de olvido. Sentían que lo que tenía que ocurrir era un gran cambio en el Perú, que ya había ocurrido con la reforma agraria de Velasco, que les dio a los campesinos la propiedad de la tierra y viene Sendero con un discurso en el que integraban al campesino y les decían que ellos iban a convertirse en los líderes de este país y que iban a hacer una revolución cercana a la China que era una revolución campesina, porque el Perú era todavía un país con un gran porcentaje de población campesina sobre todo en Ayacucho que en los 80% era campesina y era una región muy abandonada. Los campesinos pensaban que eso era una solución, pero rápidamente se dan cuenta que se estaban llevando a sus hijas y a sus hijos, a estos últimos los usaban como carne de cañón al ponerlos en la primera fila del ataque o para que formen parte del ejército popular y se llevaban a las chicas como cocineras y luego como objeto sexual. Entonces ahí hubo un enfrentamiento directo al núcleo familiar y empieza a perder Sendero, porque se mete con la familia, destruyen el núcleo familiar, y eso en las comunidades alto andinas no cayó bien, tuvieron que armarse de valor, enfrentarse, perder el miedo y tomar la justicia en sus manos. Allí empiezan a organizarse de diferentes maneras con lo que podían. El gran descubrimiento para mí fue que a veces uno tiene esta idea equivocada que los campesinos eran pasivos, que como hablaban quechua tenemos la idea tonta que no tiene capacidad de organizarse. Ellos con lo poco que tenían se organizaron muy bien, y fue realmente difícil para ellos tener una vida militar llena de reglas, de formaciones los domingos, de hacer vigilancia todos los días, mirando alrededor y ver en qué momento llegaba Sendero y así se pasaron 12 años, trepados en torres de vigilancia viviendo bajo una lógica de terror, yéndose a vivir a las cuevas. Toda esta historia que cuento en la película no la hubiera descubierto si no hubiera viajado y conocido esa parte humana. Mirar una película no solo es mirar el pasado, sino que lo hacemos para emocionarnos y realmente empezar a sentirnos más peruanos. Sentir lo que sintió la gente que sufrió, solo así podemos evitar que algo así vuelva a ocurrir el día de mañana porque no tuvimos empatía con la gente del Ande peruano.

-¿Por qué crees que como sociedad no tuvimos empatía con las personas que vivieron la violencia en carne propia?
Porque estamos atravesados por una valoración del indígena que viene de muchos siglos atrás, de la conquista, y los vemos como personas inferiores; pero si sacamos la cultura inca, mostramos Machu Picchu, toda la artesanía peruana. De eso si todos estamos orgullosos pero ¿quién lo hace? lo hacen los indígenas y porque no le damos una mejor vida si son los que nos dan más orgullo a nosotros. Entonces estamos atravesados por esa mirada de menosprecio al indígena.

A TENER EN CUENTA
«Volver a Ver» se viene proyectando en nuestra ciudad. La cita es en el teatro Umbral (Calle San Francisco 204). Las funciones en horario único (19:30 horas) iniciaron ayer y van hasta este viernes 6 de diciembre. Vayan, que de verdad, vale la pena volver a ver que paso en nuestro país y reflexionar sobre ello.

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