Arequipa

Periodista de vocación

24 de noviembre de 2019

Con toda justicia, la Universidad Nacional de San Agustín reconoció a Carlos Meneses Cornejo como profesor honorario de su claustro. Es maestro y formador de varias generaciones de periodistas.

Por Mario Rommel Arce Espinoza

Una vida está constelada de muchas vivencias, momentos felices y aciagos, y de episodios memorables. Son hitos en la trayectoria vital de una persona, cuya historia comienza a escribirse desde el día en que nacemos.

Con el nacimiento aparecemos en la historia, y a partir de entonces se traza una diferencia entre lo vivido y lo que no hemos vivido, pero que luego comenzamos a conocer a través de la historia y la tradición oral.

Lo vivido forma parte de nuestro proceso de crecimiento, de desarrollo personal, que se alimenta con los hábitos que aprendemos en el hogar, y que también se complementa con lo aprendido en la escuela. El entorno es igualmente gravitante como medio de influencia de valores y principios prevalecientes en un periodo determinado.

El gran filósofo francés Jean Paul Sartre en su libro “El idiota de la familia”, dedicado a estudiar la vida del escritor Gustavo Flaubert, planteaba la relación persona – universo, universo – persona, para referirse al individuo, enfocado en el contexto en que nace, crece y muere; y, por otro lado, el contexto que gravita sobre el individuo, marcando retos y desafíos propios de la época que le toca vivir.

En la relación persona – universo, el protagonista de la historia es el individuo, como artífice del cambio social, capaz de transformar el mundo en que vive. Pero ese mismo individuo está inmerso en una sociedad, a la cual pertenece a partir de su nacimiento. Hay un mundo previo, forjado por generaciones que nos precedieron, y que en su tiempo hicieron poco o mucho de lo que hoy conocemos.

En cuanto a la relación universo – persona, figura el universo mental prevaleciente en una época determinada, no desde el punto de vista cronológico sino de mentalidades, algo más difícil de precisar, pero que se manifiesta en el orden de las ideas, prejuicios, atavismos, sentimientos y emociones que caracterizaron a las sociedades de todos los tiempos.

Comúnmente se habla del contexto para intentar describir un periodo de tiempo. Sin embargo, el contexto alude a lo material e inmaterial, a lo que podemos percibir con nuestros sentidos y lo que representa lo material para la comunidad. El contexto es también el hábitat en el cual una persona se desarrolla, o sea, nace, crece y muere. Esta parte corresponde a lo vivido.

Que, dependiendo de las etapas de la vida humana, se asienta en la memoria, mientras que lo no vivido se apoya en la tradición oral, recogida de los antepasados, de generaciones anteriores a nosotros.

La vida humana como en el teatro tiene como protagonista al actor de un reparto integrado por otros personajes, principales y secundarios, pero en igual proporción importantes en la vida de una persona.

Desde el colegio hizo periodismo escolar, un primer atisbo de su futura vocación. Cuando termina en el colegio San José, era lógico que siga la carrera profesional de derecho, como sus antepasados. Estaba condenado a ser abogado, la fatalidad había escrito en letras de molde que Carlos Meneses Cornejo continúe la tradición familiar. Sin embargo, ocurrió un hecho que cambió su vida para siempre. Su amigo Samuel Lozada Tamayo lo llevó al periódico católico “El Deber”, que entonces quedaba en la calle Jerusalén. Allí hizo sus primeras armas en el periodismo, trabajando en la sección internacional. Como él mismo contó, la radio era su auxiliar de trabajo. Captaba las noticias más importantes del extranjero y luego las reproducía para el periódico.

Un buen día el padre se enteró de su abandono universitario. Fue entonces que conminado a elegir entre una vida lisonjera, si optaba por ser abogado, o seguir el llamado de la vocación, prefirió el periodismo. Difícil decisión, de la cual nunca se arrepintió, porque amaba lo que hacía. Sé, por testimonio del propio Carlos Meneses Cornejo, que su papá inicialmente se decepcionó de él, pero el tiempo le demostró que estaba equivocado. Si uno hace lo que quiere realmente, será un hombre de bien para beneficio de la comunidad.

Ser periodista en aquella época era socialmente reconocido, aunque económicamente poco rentado. Era un oficio que luego recién se profesionalizó. Sin embargo, la mayoría de intelectuales arequipeños del siglo XIX y XX, en algún momento de su vida hicieron periodismo, como redactores o columnistas de opinión. Desde las páginas de los periódicos decimonónicos, se libraron batallas a favor de la libertad y en contra de los gobiernos autoritarios.

Cuando nuestro personaje se decida a escribir sus memorias conoceremos con más detalle su posición con relación a esos y otros acontecimientos posteriores. Sería un testimonio de parte, es cierto, pero de gran importancia, tratándose de un testigo y protagonista clave de la historia regional de los últimos cincuenta años.

El historiador inglés Eric Hobsbawm en su libro de memorias titulado “Años interesantes. Una vida en el siglo XX”, decía que la autobiografía de un intelectual “debe tratar necesariamente también de sus ideas, sus posturas y sus actos”. En este caso, un periodista de vocación como Carlos Meneses Cornejo debería contarnos acerca de su posición con relación a los gobiernos democráticos y dictatoriales que hemos tenido en la historia del Perú, durante los últimos sesenta años de vida republicana.

Sin duda, los editoriales a cargo del director periodístico traslucen la línea editorial del periódico. Es una fuente que cualquier estudiante de comunicación podría investigar para conocer el rol de la prensa escrita en la vida política nacional.

Su segunda casa periodística fue el diario “Correo”, que a diferencia del antiguo periódico “El Deber”, manejaba otro estilo periodístico. En una novela de no ficción, escrita por Guillermo Thorndike, bajo el título “El rey de los tabloides”, contaba la historia del periodista Raúl Villarán y su particular estilo de hacer periodismo, privilegiando las noticias policiales y haciendo uso de un lenguaje más coloquial para un público más amplio. Tiene el mérito de destacar la noticia con un estilo más popular, que asegura, como dije, un nuevo tipo de lectoría.

Estando en “Correo” como director periodístico dio pruebas de enorme valor cuando se enfrentó al gobierno militar, luego que decretó la expropiación de los medios de comunicación.

Desde su escritorio de trabajo, y en presencia de la policía, fue claro al sostener que no estaba de acuerdo con una medida que atentaba contra la libertad de prensa. Fue un gesto audaz que lo pinta de cuerpo entero. En ese momento, se elevó por encima de muchos de sus contemporáneos que lejos de protestar contra un manifiesto atropello a la libertad de expresión, se pusieron al servicio de la dictadura militar.

Esa fue una lección de civismo que un periodista arequipeño dio al país y a la historia, como demostración de independencia de opinión, en una época en que ser contrarrevolucionario era ser antipatriota, o también estar en contra de los intereses de las mayorías.

Este fue un periodo particularmente convulso, de marcado tinte nacionalista. La reforma agraria fue tal vez la medida de más hondo contenido social, un justo reclamo de los campesinos del país, largamente postergado, y ejecutado desde el poder. Así lo creyó también el historiador Eric Hobsbawm en su libro “Viva la Revolución” al sostener que la revolución peruana de 1968 se hizo desde arriba, y no fue consecuencia de la movilización social desde abajo, capitalizada después por el SINAMOS.

Según cuenta Carlos Meneses Cornejo, cuando era director de “Correo” dio refugio al dirigente del SUTEP, Horacio Zeballos Gámez, con quien guardaba una especial amistad.

Luego de esta aventura periodística, por varios años estuvo ausente del periodismo activo, hasta que retornó la democracia al país en 1980. A partir de entonces, se desempeñó como presidente de la Corporación de Desarrollo de Arequipa (CORDEA), durante el segundo gobierno del arquitecto Fernando Belaunde Terry. Esta etapa de su vida tiene características propias que no es el caso reseñar acá. Basta decir que ejerció el cargo con total honestidad, al punto que prefirió desechar un proyecto de salud de enorme importancia para la ciudad antes que aceptar la coima que bajo el nombre de comisión le ofreció una empresa proveedora. Solo ese hecho merecería el reconocimiento de la sociedad a un alto funcionario que no se dejó seducir por la lluvia de millones. El suyo es un ejemplo de suprema honestidad que a la luz de los acontecimientos vividos en los últimos años, cobra mayor significado. Simplemente, no cedió. Sus valores prevalecieron por encima de todo.

En los años 90 participó en la fundación de un periódico local que generó mucho entusiasmo entre los lectores arequipeños. Se llamó “Arequipa al Día”, y su propietario fue el empresario Enrique Mendoza Núñez. Aquí aparezco en escena, y soy testigo del trabajo periodístico de Carlos Meneses Cornejo.

Fui testigo de sus hazañas al frente del periódico, cuando se produjo el terremoto de Arequipa del año 2001 y también de la postura periodística ante la llamada gesta de junio del 2002, conocido también como el “arequipazo”, cuyos efectos frenaron el proceso de privatizaciones en América Latina, como lo reconoció el sociólogo Francisco Durand, y también los historiadores Carlos Contreras y Marcos Cueto en su “Historia del Perú contemporáneo”. Ambos autores afirmaron lo siguiente: “La gesta arequipeña demostró que un amplio sector de peruanos no estaba convencido de las bondades del proyecto neoliberal”.

Varias generaciones de periodistas, son tributarios de sus enseñanzas, son igualmente hechura suya. Ser maestro en el sentido más estricto de la palabra es haber creado una escuela, tener discípulos. Eso es raro en nuestro medio. Sin embargo, me atrevo a afirmar que Carlos Meneses Cornejo ha hecho escuela periodística y tiene muchos discípulos en las redacciones de los periódicos locales y fuera de Arequipa.

Como toda buena historia, hay suspenso, porque lo que promete venir depara nuevas sorpresas. Esta historia no acaba, Carlos Meneses Cornejo seguirá escribiendo nuevos capítulos para su biografía y también para la historia del periodismo en Arequipa.

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