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Amigos despidieron a decano del Colegio de Periodistas

5 de septiembre de 2018

Dejando un duro mensaje como lección, de dar el tiempo necesario a cada cosa y el valor real a lo que realmente lo merece, partió de este mundo el periodista Roberto Rivaños Flores, en olor a multitud, casi como siempre lo estuvo.

El periodismo era lo primero y así se entregó en cuerpo y alma a su última casa periodística, de la que pensó nunca se alejaría.

Era una persona cabal, con todos los errores que un ser humano puede cometer sin tener la intención. Difícil era verlo malhumorado y menos solo. Siempre rodeado de amigos, quienes lo buscaban desde temprano para armar el cuadro de comisiones del día.

Sus restos descansan hoy en un frío nicho del cementerio de La Apacheta, solo, como nunca antes estuvo, aunque seguramente estará vivo en la mente y en los recuerdos de su esposa Ana María Valencia y de sus hijos Gustavo Alonso y Alexis Roberto; y de las decenas de amigos y de quienes algún día sirvió como un buen comunicador.

A sus 60 años tenía una vida llena de proyectos, que pensaba impulsar a través del decanato del Colegio de Periodistas, como revalorar la profesión, la capacitación de sus colegas, la creación de un campo para impulsar la práctica deportiva, entre muchos otros que quedaron truncados.

Muy pocos hombres y mujeres se van de este mundo con el pesar de tanta gente, con la promesa de siempre recordarlo. Descansa en paz amigo leal Roberto Rivaños Flores.

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