Salud

Cuando el cáncer te ataca en la tercera edad

20 de octubre de 2018
cáncer

El tema del cáncer se ha popularizado. Todos saben que se trata de una enfermedad mortal que se ha vuelto común, pero cada uno piensa que a no le va a tocar, hasta que le toca. Vencerlo mucho dependerá del nivel de avance en el que se encuentre y del ánimo de la personas para afrontarlo.

Por: Roxana Ortiz A.

Hace unos días dos niñas que lucharon dolorosamente contra esta enfermedad dejaron de existir, luego de varios meses de dura batalla: Paolita y Adrianita, cuyos cuerpecitos dejaron atrás las hospitalizaciones, inyecciones, transfusiones, dolor, sufrimiento de sus padres. “Los milagros están escasos últimamente”, posteó D’jali Zegarra, de la fundación Art Atlas, quien les ayudó a cumplir sueños.

Los niños no saben de la dimensión de la enfermedad. Un día se dan cuenta que están cansados, que ya no pueden jugar como antes y de pronto se ven en camillas de hospitales recibiendo dolorosos tratamientos. Allí recién conocen lo que es el cáncer, porque es imposible ocultárselos con la tecnología que hoy existe, pero no saben que pueden tener un trágico final, aunque no pocos lo piden, dice D’jali.

Otra cosa distinta es cuando el mal ataca a una persona que está consciente de lo que es la enfermedad, aquella que le puede dar a todo el mundo, menos a uno, por lo que no se toma las precauciones del caso, de ir a un chequeo médico cada cierto tiempo.

“Yo prefiero saber que te has ido de viaje y que algún día volverás, a saber que puedes morir y que nunca te voy a volver a ver”, le dijo el hijo de Luisa Mendoza Quispe, súplica que la hizo reaccionar cuando pensó que el mundo se le venía abajo y la depresión hizo presa de ella.

“Estuve como dos semanas por los suelos, no quería saber nada de nadie, estaba desesperada y pedía explicaciones de por qué a mí, que no le hecho nada malo a nadie”, cuenta Luisa de lo que ocurrió hace cinco años.

“La angustia se me vino encima. Qué iba a ser de mi hijo, quién lo iba a cuidar, cómo afrontaría mi muerte, quién lo ayudará”, se decía hasta que decidió acudir al médico e iniciar su tratamiento contra el cáncer que había sido detectado cuando apenas comenzaba, mientras se realizaba una inspección a sus pechos.

Dijo que sintió un pequeño bulto en el seno y desde ese momento el temor la invadió hasta que acudió al médico, quien le confirmó su temor. No dejó de luchar, porque además siempre fue una guerrera para cuidar sola a un hijo, con la venta de alimentos que preparaba. Siempre fue muy alegre, bromista. “Le voy a aumentar un poquito más”, le dice a una joven que le había ido a comprar un pastel de quinua con verduras. “Pero también le voy a cobrar un poco más”, le bromea.

Ya se encuentra en la última etapa del tratamiento, está recibiendo quimioterapias orales y en poco tiempo confía que habrá derrotado finalmente al mal que le arrancó cientos de lágrimas, pero igual sigue acudiendo al Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas para encontrarse con sus compañeras, que forman parte del Club de Oncología, que recientemente hicieron una feria gastronómica. “Vengo para darles ánimo y no se dejen vencer” decía mientras iba ofreciendo su pastel.

En los pueblos de Arequipa, e incluso en las picanterías, las mujeres toda su vida han preparado los alimentos en base a leña, que recogían de las chacras, a la que prendían fuego a punta de soplidos y a la vez ingerían una gran cantidad de tóxicos que emanaban de la combustión.

Venecia Chávez Quispe nació en el distrito de Maca, en Caylloma, y a los cuatro años quedó huérfana de padre y madre. Fue traída hacia Arequipa por sus hermanas mayores con las cuales vivió hasta los 20 años, en que decidió retornar a la tierra donde vivieron sus padres. Allí pasó muchos años viviendo en la chacra, criando sus animales y cocinando sabrosos platillos a fuego de leña.

Con los años retornó a la ciudad, para vivir con sus sobrinos y dedicarse al comercio. Una tos la acosaba constantemente, acudía a hacerse chequear una y otra vez al hospital, pero no daban con la causa de la molestia.

Después de muchos chequeos y análisis le recomendaron acudir al Iren para que le hagan estudios más especializados. Desde ese momento se le hizo un nudo en el estómago, hasta que le confirmaron su sospecha: un cáncer de pulmón la había atacado. “Pero yo nunca he fumado”, repetía una y otra vez, hasta que el médico le explicó lo que podría ser el origen de su mal.

Si bien no tenía hijos ni un esposo, saber que tenía cáncer la deprimió por completo, pero sus sobrinos se hicieron cargo de levantarle el ánimo y las ganas de vivir, ayudándole a tomar el tratamiento, en el cual lleva ya varios meses.

“Las dos primeras quimioterapias fueron terribles, me afectaron mucho, luego fueron más tranquilas; pero hace unos días me pusieron una nueva dosis y me fue pésimo”, cuenta Venecia.

“El saber que tienen cáncer es muy difícil de aceptar, hay que trabajar mucho con las pacientes para poder sacarlas de la depresión, de lo contrario cualquier batalla estaría perdida. El estado de ánimo es vital, por eso no solo se trabaja en el tratamiento con los medicamentos, sino también a nivel emocional”, indica la psicóloga Abigail Espino, que forma parte del grupo del club oncológico, que ya tiene siete años de formado.

La enfermedad en el país y en Arequipa sigue avanzando inconteniblemente, a pesar de las campañas de prevención que se hacen, pero cada día aparecen nuevas enfermedades como el cáncer de vesícula; pero hay los que cobran más víctimas como el de mama o el de cuello uterino, los cuales podrían ser completamente recuperables si se detectaran a tiempo. El cáncer en los varones cobra mucho más víctimas, porque son más reacios a practicarse los exámenes a la próstata o al estómago en su debido momento.

DATO

No solo se cobra la vida de la persona, sino que toda la familia padece las consecuencias de la enfermedad, que podría evitarse con un examen anual y sobre todo, manteniendo una alimentación saludable y haciendo ejercicios, por lo menos unos 30 minutos por día.

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