Arequipa

Stuart Flores: “No existen escritores sino autores”

12 de noviembre de 2019

Primer puesto de la XX Bienal de Cuento Copé 2018, Stuart Flores, cuenta su experiencia en la literatura, el proceso de un cuento y el quiebre de clichés que rompe con una prosa y una sencillez para el diálogo.

Por Roy Cobarrubia V.
-En una entrevista te definiste como un autor, ¿por qué?
Muchos utilizan la palabra escritor de manera impune. La palabra escritor se ha prostituido y ya cualquier persona que escriba se hace llamar escritor, me parece por demás obsceno y prefiero llamar a todos autores, porque finalmente somos eso.

-¿Qué diferencia hay entre un escritor y un autor?
Yo creo, y tampoco soy juez para decirlo, que el lector debe definir quiénes son escritores y quienes autores, porque quienes más se resisten al tiempo, a los rechazos, a las frustraciones a las mismas condiciones del oficio se consolidan y podrían tener u adquirir ese estatus, ese grado sumo. Creo que llamarse escritor, con un solo libro y a temprana edad es muy precario.

-¿Eres supersticioso?
Demasiado, soy una persona construida en base a supersticiones.

-¿Cómo desarrollaste esas creencias?
No sé, pero digamos que esas creencias son parte de mi personalidad, obsesivamente ordenado en algunas cosas, pero no en mis creencias, al azar.

-¿A qué eres supersticioso?
Tengo una superstición, la más horrible, por ejemplo, es si es que estoy caminando por la calle y me topo con placa de un carro que tenga 666 o una casa que tenga el 666, sé que será un mal día, de hecho siempre lo es. Y siempre estoy observando esas cosas, por ejemplo, los envases a veces tienen esos números.

-¿La superstición confabuló en la obtención del Premio Copé?
Creo que fuera de supersticiones, y suena demasiado pedante, allí no tuve que apelar a ninguna superstición. Gané otros premios literarios y también los perdí, fui segundo en el premio de Caretas y también en la Cámara Peruana del Libro en novela, basar esas cosas a la superstición sería desconfiar mucho en mi propio talento.

-El cuento “La piel fría”, ¿cómo lo escribiste?
Suelo escribir de 12 de la noche a 8 de la mañana, y lo que trato de hacer es escribir, bien encerrado unos seis meses, escribo todo lo que pueda, y el resto del año lo dedicó a leer.

-¿Crees que un premio no define la carrera de un autor?
Claro, ningún premio define ninguna carrera, sería construir tu carrera en base a premios, y ver tu carrera como autor basado en premios sería una meta frágil. Por lo menos mi meta es escribir mejor cada día, y mi mejor premio es que ese día me sienta bien con lo que he escrito. El premio es instantáneo, es una remuneración emocional que es propio del ejercicio de la escritura.

-¿En qué trabajas ahora o me vas a mentir?
Yo miento mucho en entrevistas porque creo que las entrevistas son un género literario, pero voy a serte franco. En una superstición, porque tampoco debería contar en qué estoy trabajando, pero voy a serte franco, es una novela muy extensa que ya tiene algo, en palabras 120 mil, y estoy un poco harto de ella porque a mí la novela me gusta terminarla en seis meses y llevó casi un año y tres meses. La acabé, a mí me gusta acabar todo en limpio, y esta la acabé en borrador y tendré que regresar a ella. Y cuentos, siempre estoy escribiendo cuentos, me gusta escribir cuentos porque es estresante. La novela me ayuda a desestresarme.

-¿Cómo llegaste a escribir cuentos?
Hay un libro de cuentos que a mí me marcó, un autor que se llama Val Biro, que tiene una recopilación de cuentos que juegan con la ironía y que de niño me pareció brutal. He leído por obligación y luego por placer a Ribeyro. Pero creo que a mí me marcan los autores disparatados.

-Quedaste segundo en el concurso de Caretas, ¿crees que Reynoso, quien hizo de jurado, fue injusto?
Luego de la ceremonia él declaró que le gustó y siempre lo ha dicho las creaciones de corte regional y el cuento que ganó calzó a su gusto, pero es parte del jurado. No considero que haya sido injusto, a veces a los finalistas les va mejor que los que ganan y al que ganó esa vez nadie lo recuerda, parece que se quedó allí, no hizo más, cada uno construye su propia leyenda.

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