Arequipa

Testimonios de vida para ayudar a universitarios

20 de octubre de 2019

Declaraciones de jóvenes estudiantes que hoy progresan dejando atrás una estela de desgracias.

Por: Roxana Ortiz A.

Han vivido cosas dolorosas en la vida, como perder a la madre a los 13 años porque se suicidó y años más tarde al padre por una enfermedad. Recibir golpizas brutales en la casa y tener que escapar para estudiar en la nocturna. O de repente ser elegido para protagonizar un casting en un pueblito de Ayacucho que ahora se estrena en Alemania o el banquero más joven del mundo, protagonista de una película de Disney.

En el Cade Universitario se presentan historias de jóvenes que podrían ayudar a otros universitarios.

“Yo era fuerte, decidí que no me iba a quebrar y me propuse salir adelante. Esa era mi meta, pero llegaba a mi casa y ni siquiera podía llorar; pero nadie debía ver mi debilidad, a pesar que había muchas personas dispuestas a ayudarme”, cuenta María Alejandra.

María Alejandra Moreno es una joven exitosa a sus 24 años de edad, aunque asegura recién está comenzando. Quien la vea nunca podría imaginarse todo lo que vivió en su corta vida. A los 13 años perdió a su mamá por un suicidio, vivía con ella, así que prácticamente se quedó sola. Decidió que nada pasaba y continuar su vida. Estudiaba el segundo de secundaria.

Cuando estuvo estudiando Administración de Negocios en la Universidad San Pablo, su padre fallece por una enfermedad. “Ahí fue mi punto de quiebre, a solas me derrumbaba, pero delante de las personas era fuerte. Me había hecho un bloqueo mental y no me daba cuenta del daño que me estaba causando”, dice.

Su mejor amiga de la universidad notó el problema y comenzó a ayudarla, para que acepte su realidad, porque no era algo normal que una joven con todo lo que había vivido su amiga, reaccione de esa manera ante las desgracias. Hizo un repaso, además de la ayuda profesional, efectivamente María Alejandra determinó que había algunas cosas que no estaban bien.

Su madre atravesó por el mismo camino y no quería terminar de la misma manera.

Cuenta que con la primera pérdida, incluso fue al psicólogo en dos oportunidades, pero como no estaba dispuesta a asumir su realidad, no le podían ayudar. Dice que su mamá también fue atendida por una serie de profesionales, pero como no admitía su problema, por diversas circunstancias, dejó avanzar su enfermedad.

María Alejandra terminó su carrera gracias a una beca y de la misma manera se fue a Corea del Sur y ahora trabaja para una empresa de Estados Unidos. “Te puede pasar lo peor, cosas aún más difíciles que las que me pasó a mí, pero eso te impulsa a salir adelante, siempre y cuando te des cuenta que tu salud mental no está bien y estés dispuesto a sanarte”, recomienda a cientos de jóvenes congregados en el auditorio.

Isabel Sánchez, coordinadora de los Cade Universitario, indicó que con este tipo de testimonios se espera que los jóvenes se den cuenta que a pesar de las circunstancias, pueden resolver sus vidas; pero también han puesto en la agenda del debate, temas como la salud mental, el empoderamiento de la mujer, violencia familiar, inteligencia emocional, emprendimiento social.

«Los jóvenes ya no solo quieren crear una empresa para volverse ricos, sino que quieren ser exitosos, pero para que los que están a su alrededor también lo sean o por lo menos que gocen de los beneficios de una buena educación, de una buena alimentación y eso hace unos diez años a más, no se pensaba, tenemos que dejar el yo por el nosotros”, añade Isabel.

Sergio Mija Román vivió en un hogar con muchas carencias, sobre todo económicas. Su padre era muy violento y lo agarraba a chicotazos ante la más mínima molestia. Un día falleció y ante la falta de recursos económicos para mantener el hogar, su madre le dijo que tenía que dejar el colegio y trabajar vendiendo golosinas en la calle.

Se resistió, porque le gustaba el estudio y quería superarse. Acudió al colegio en la nocturna, escapando y dejando a su hermano a cargo de la venta de las golosinas. Como no había interés de los varones por estudiar en la nocturna, solo había mujeres así que hasta aprendió a tejer.

Un día se presentó la posibilidad de un trabajo de vigilante y cuando le pidieron que presente su currículum, puso como habilidad el tejido, pero no tenía ni idea de cómo se maniobraba un arma. Pese a eso consiguió el trabajo para ayudar económicamente a su familia, pero también le ocurrió una serie de desgracias, porque incluso fue asaltado.

Venció las dificultades y se planteó como meta ingresar a la universidad y estudió Dirección y Administración en Esan, pero ha seguido una serie de especializaciones como Responsabilidad Social y Sostenibilidad, y ahora trabaja en Aceros Arequipa, donde puede desarrollarse exitosamente con toda la experiencia vivida, ayudando a otros.

Con su testimonio de vida, busca generar un cambio de conciencia en las personas, especialmente en los jóvenes, no solo a través de la empresa para la que trabaja, sino de manera personal a través de charlas y talleres vivenciales, buscando lograr un cambio en su entorno.

“Cuando yo era joven, nuestras preocupaciones eran otras, completamente diferentes a las de ahora. Es bueno ver que los jóvenes se preocupen por temas que ocurren en la realidad, por la violencia familiar, por los feminicidios, por la discriminación racial o de sexo, por la desigualdad social, por la falta de oportunidades y otros que quieren tratar y conversar para llegar a buscar soluciones conjuntas y eso es muy bueno, es altamente positivo”, añade Isabel Sánchez.

Pero no todo lo que se cuenta entre universitarios está ligado a la desgracia, también se muestran temas de éxito o de alternativas que se están generando en la sociedad para los que quieran lograr cambios, no necesariamente teniendo mucho dinero, tan solo con mirar alrededor.

Uno de los invitados a este evento, ha sido el adolescente José Quisocala, quien ha sido convertido en el “banquero” más joven del mundo, ganador de muchos premios mundiales e incluso con una película de Disney inspirada en su vida y la que se acaba de estrenar en Estados Unidos.

“Nosotros empezamos nuestro banco de reciclaje con unos 20 compañeros, pero había dos compañeros que realmente le ponían empeño porque su idea era tener unas zapatillas nuevas y el otro soñaba con una bicicleta que no podían comprarla por los bajos recursos económicos de su familia. Así que decidimos juntar todos los materiales reciclables que encontráramos en el camino para luego venderlos”, cuenta José.

Isabel Sánchez confió con este tipo de testimonios se ayude a otros jóvenes a resolver sus problemas.

Ahora participan del proyecto más de 3 mil 500 niños, tienen una agencia principal y varias sucursales en diversas instituciones educativas y están por ampliar el proyecto a varias ciudades del país.

“Cuando se habla de tecnología siempre pensamos en otros países y la mayoría piensa que no se puede generar tecnología en el Perú y eso no es cierto. Se tienen varios premios ganados en el mundo, luego de competir con estudiantes de países industrializados; pero así crecemos, admirando lo que otros en el mundo hacen y no nos atrevemos a innovar”, comenta por su parte Jorge Segura.

Él, junto con un grupo de estudiantes de la Unsa, decidió apostar por la robótica, pero hace 10 años en Arequipa nadie hablaba de eso y su propósito era enseñar el curso a escolares, hasta que salió un concurso de Innóvate a través de la Universidad San Pablo, en el cual se presentaron y ganaron.

Han formado la empresa “Ludio”, a través de la cual trabajan con más de 20 instituciones educativas, pero además están capacitando a más de 200 docentes de la Ugel Sur en el campo de la robótica con el objetivo que estos repliquen lo aprendido en sus estudiantes.

Efraín Mayhua López es otro joven universitario que decidió apostar por la tecnología, pero con el objetivo de mejorar el trabajo de los agricultores, así que crearon sensores que ayuden a verificar las condiciones de la tierra: si esta tiene la suficiente cantidad de agua o de fertilizantes, la alcalinidad, entre otros factores que ayuden a tener una buena producción. Ya trabajan exitosamente con diversos fundos en la ciudad de Arequipa. Ellos también ganaron un concurso con este trabajo de emprendimiento y ahora vuelcan sus conocimientos con los hombres de campo.

Junior Béjar Roca, ahora universitario de 19 años, cuenta que un día llegaron a su pueblo de Cangallo en Ayacucho unos “gringos” de Lima. Fueron a su salón de clases y preguntaron quiénes hablaban quechua y si estaban dispuestos a pasar un casting para una película. No entendía de qué se trataba, pero como todos sus demás compañeros levantaron la mano, él también lo hizo, siendo citado para el día siguiente.

Dice que como en su casa lo había educado a ser responsable con sus actos, mostró preocupación por el compromiso asumido y sobre todo temor, así que fue su madre quien lo obligó a asistir a dicha entrevista a pesar que no quiso ir.

“Como todo ser humano, ante lo desconocido sentía miedo. Al inicio no encontrábamos el lugar donde iba a ser el casting y yo le dije a mi mamá para regresarnos. Pero mi mamá, terca, empezó a preguntar a la gente y yo tenía que seguirla nomás. Así llegamos y había un montón de chicos preparadísimos, con sus hojitas y todo. Pasamos tres horas en un salón, hablé en quechua, en castellano, hice algunas escenas de la peli, conversé muchísimo de mi vida personal. Cuando me propongo algo, siempre entrego todo de mí. Creo que eso contribuyó a que me eligieran. Vieron algo especial en mí, según ellos”, contó Junior.

Jorge Segura junto a un grupo de estudiantes decidieron apostar por la robótica.

Se trataba de la película El Retablo, una historia de amor, tolerancia y diversidad, que se estrenó en Berlín, Alemania.

“Cuando leí el guion, entendí que es una historia de amor, más allá de un problema sobre la homosexualidad, y que el mundo no es blanco y negro sino una paleta de colores. La película está hablada 80% en quechua y cuando fue el estreno en Alemania, de vez en cuando volteaba a ver la reacción de las personas y estas estaban pegadas en la pantalla, no necesariamente leyendo los subtítulos y es que el quechua es un idioma tan dulce, que no necesitas conocerlo para entenderlo”, dijo Junior, a quien conocer el idioma de sus ancestros, en lugar de avergonzarlo como a muchos, le ha servido para escalar en su vida.

DATO

De esta manera, el Cade Universitario busca calar en los jóvenes que no existe barrera de raza, idioma, religión, sexo, condición social, ni impedimento físico, edad, contextura, ni nada, que les impida salir adelante, si es que así se lo proponen.

Compartir

Leer comentarios